Desde mi perspectiva particular, creo que don Federico tuvo una vida interesante y feliz, pues buscó el bien de las personas con las que tenía una relación, aunque fuera lejana, y eso le hizo feliz.
Su vida tuvo diferentes escenarios e inquietudes. Escenarios como Barcelona, Tortosa/Tarragona, Madrid, Oxford, Granada, Madrid, Paris y de nuevo Madrid. En cada uno de estos escenarios tuvo diferentes responsabilidades: docentes, científicas y de gestión. Por lo que he escuchado de sus estudiantes, fue un excelente profesor y mentor. A nivel científico, antepuso el conocimiento a los índices de impacto, logrando el suficiente y gran conocimiento para evitar, en muchas personas, el desarrollo de enfermedades metabólicas de origen genético, como recientemente se ha indicado en la película-documental «La vida en una gota».
A nivel gestión, existe un dicho popular que dice: «Si quieres conocer a fulanito dale un carguito». Don Federico tuvo responsabilidades de altísimo nivel, como Rector, Ministro o Director General de la UNESCO. En todos estos cargos recibió elogios y agradecimientos por mejorar el funcionamiento de todas las instituciones de las que fue máximo responsable. El que lo fuera en todas ellas indica que no fue algo casual o circunstancial. A un nivel que conozco mejor, fue un excelente primer Director del Centro de Biología Molecular, dando el primer paso para que en la actualidad ésta sea una reconocida Institución Científica.
En todas estas actividades, don Federico antepuso lo social a lo individual, buscando el bien común. Por ejemplo, y en relación con el tiempo en que se creó la Sociedad Española de Bioquímica (SEB), hoy SEBBM, existían tres bioquímicos con una fuerte personalidad y poder: los doctores Sols, Municio y Santos Ruiz, y carentes de una excelente relación entre ellos, lo que era una pena pues eran valiosos. Es en este contexto donde don Federico, como hombre de paz, junto con otras grandes personas como don Severo Ochoa y a través de otros miembros de la recién creada SEB, fue buscando primar el aspecto social sobre el individual y, logrando con el tiempo, y con la contribución posterior de un excelente presidente de la SEBBM, J. Guinovart, que prácticamente todos los bioquímicos españoles se asociaran en una única y numerosa sociedad, similar a las de los países anglosajones y europeos.
Como se ha comentado en otras ocasiones, don Federico fue, como decía Cajal, «más sabio que soberbio», algo imprescindible para ser un buen científico. De hecho, don Federico tuvo relación con grandes sabios en diferentes áreas, como Nelson Mandela, Ramón Areces o Hans Krebs. Se puede llegar a la conclusión de que generalmente los sabios se relacionan entre ellos, pues se reconocen, por lo que parece obvio concluir que don Federico fue un sabio, como ya sabíamos.
*Esta semblanza completa las publicadas por los expresidentes SEBBM sobre don Federico Mayor Zaragoza en la Revista SEBBM nº 224 Especial | mayo 2025

X Aniversario del fallecimiento de don Severo Ochoa. Federico Mayor en segunda fila, primero por la derecha.