Y es que, efectivamente, hay un desajuste entre ciencia e innovación, especialmente evidente en el ámbito de las spin-offs, empresas emergentes basadas en la transferencia de conocimiento desde universidades, hospitales y centros de investigación. Así se destaca en el informe «Evolución y tendencias del emprendimiento científico del sector salud en España» (Fundación Botín e Inveniam Group, 2025), en donde sus autores han analizado 199 spin-offs creadas entre 2001 y 2023, y han llegado a conclusión, entre otras muchas, de las grandes dificultades que deben afrontar estas iniciativas para consolidarse en el mercado.
El documento, presentado a finales de abril, destaca que entre 2001 y 2010, España apenas creó cuatro spin-offs al año en el ámbito de la salud. Sin embargo, a partir de 2011, este número comenzó a incrementarse, alcanzando una media de 14 empresas anuales, con un pico de 22 en 2020. Si bien el crecimiento es positivo, todavía es insuficiente para el tamaño del sistema de I+D español, especialmente cuando se compara con el 80% de las spin-offs creadas en países con sistemas de Ciencia y Tecnología más maduros y políticas públicas efectivas en transferencia tecnológica.
Entre 2001 y 2010, España apenas creó cuatro spin-offs al año en el ámbito de la salud. Sin embargo, a partir de 2011, este número comenzó a incrementarse hasta las 14 empresas anuales.
De esas 199 spin-offs, el 44% nacieron en universidades, el 29% en hospitales y el 27% en centros de investigación públicos, con el CSIC a la cabeza, responsable de la creación de 21 empresas. Sin embargo, el informe resalta una concentración preocupante: el 81% de las spin-offs provienen de solo 10 instituciones, lo que limita las oportunidades de sinergias y colaboración entre centros y sectores.
Uno de los aspectos más relevantes que pone de manifiesto el informe es la concentración territorial de las spin-offs en Cataluña. La comunidad autónoma alberga el 54,5% de todas las spin-offs en salud creadas en España. Este fenómeno no solo responde a la mayor densidad investigadora de la región, sino también a las políticas públicas que han favorecido el emprendimiento científico, la existencia de redes de inversión y un ecosistema de innovación maduro.
De las 199 spin-offs, el 44% nacieron en universidades, el 29% en hospitales y el 27% en centros de investigación públicos, con el CSIC a la cabeza, responsable de la creación de 21 empresas.
Así, el informe destaca al modelo catalán por la combinación de varios factores: una infraestructura científica avanzada, el desarrollo de políticas públicas orientadas a la transferencia de tecnología o el impulso de redes de inversión privadas que apoyan a las nuevas empresas y clústeres empresariales como Biocat y el Barcelona Health Hub.
En contraste, regiones como Madrid (11,5% de las spin-offs) o la Comunidad Valenciana (7%) aún no han logrado replicar el mismo nivel de éxito. Andalucía y el País Vasco, a pesar de contar con una gran capacidad investigadora, no han logrado trasladar esa capacidad a un número significativo de spin-offs, lo que se debe, en parte, a la fragmentación autonómica y la falta de una estrategia común de innovación a nivel nacional.
Un sector dominado por la biotecnología
Por grandes áreas, el estudio revela que la biotecnología sigue siendo el sector predominante, con un 57% de las spin-offs creadas. Le sigue la tecnología médica (32%) y la salud digital (11%). Esta última categoría, a pesar del auge global en inversiones en telemedicina, aplicaciones de salud e inteligencia artificial en medicina, se mantiene como una porción pequeña del sector. La razón de esta disparidad radica en la falta de un entorno regulatorio más ágil y en la prevalencia de startups en el sector privado, fuera del sistema público de investigación.
Uno de los frenos más señalados por el informe es la falta de financiación. Aunque las spin-offs españolas han recibido apoyo público, el acceso a capital privado sigue siendo limitado. Solo el 23% de las spin-offs consigue captar inversión privada en sus primeras fases de desarrollo. Este problema se agrava en las etapas de expansión, cuando las empresas requieren cantidades mayores de capital para pasar las exigentes pruebas regulatorias y comerciales.
En este sentido, el informe señala que los fondos de venture capital, especializados en biotecnología, son reacios a invertir en proyectos con plazos largos de retorno. En países como Estados Unidos, el modelo de co-inversión público-privada ha demostrado ser eficaz para impulsar spin-offs científicas. Sin embargo, en España este tipo de apoyo sigue siendo insuficiente.
El informe también destaca la necesidad de un cambio cultural en la academia española. El sistema de incentivos en las universidades sigue priorizando la publicación científica sobre la creación de empresas basadas en el conocimiento. Sin embargo, modelos exitosos como el de Estados Unidos, con la Ley Bayh-Dole de 1980, demuestran que las universidades pueden generar empresas innovadoras al retener derechos sobre invenciones financiadas con fondos públicos. En solo 40 años, las universidades estadounidenses generaron 11.000 spin-offs, creando millones de empleos y aportando billones de dólares al PIB.
El informe concluye que, a pesar de los obstáculos, el ecosistema de spin-offs en España está en crecimiento y que la financiación pública sigue siendo crucial en las primeras etapas. Sin embargo, es necesario un mayor respaldo del sector privado para superar la fase de expansión. Además, la transferencia tecnológica y la colaboración entre universidades, centros de investigación y empresas privadas deben mejorar.
El CSIC, motor de innovación
Precisamente, el CSIC, la principal institución pública de investigación de España, también emitió días antes de la presentación del estudio «Evolución y tendencias del emprendimiento científico del sector salud en España», un informe exhaustivo en el que evalúa el impacto científico, social y económico de sus 78 empresas basadas en el conocimiento, conocidas como spin-offs, acompañado de un catálogo que detalla estas compañías y 32 proyectos con alto potencial para convertirse en futuras spin-offs. El informe, titulado «Emprendiendo en el CSIC: Impacto de las spin-offs», fue publicado el 30 de abril de 2025.
En este informe el CSIC ofrece una visión integral de cómo estas empresas trasladan los avances científicos al mercado, generando innovaciones que abordan retos globales como el envejecimiento poblacional, las enfermedades crónicas, el cambio climático, la seguridad alimentaria y la transición energética.
Y el informe destaca que el 53% de las spin-offs creadas desarrollan su actividad en los sectores de salud y biotecnología, los cuales han experimentado un crecimiento sostenido desde 2010, con un impulso acelerado desde 2019. Otros sectores, como química y materiales (12,82%), energía y medioambiente (10,26%), tecnologías de la información y comunicación (TIC, 16,67%), y agricultura, ganadería, pesca y alimentación (7,69%), han mostrado un crecimiento más reciente, evidenciando una diversificación sectorial que posiciona al CSIC como un pilar del ecosistema de innovación español y europeo.
Según el documento, disponible en Internet, el ecosistema de spin-offs del CSIC ha alcanzado una fase de madurez, con una media de nueve nuevas empresas creadas anualmente y una tasa de supervivencia del 82%, superior a la media de startups tecnológicas en Europa (75%, según un informe de la Comisión Europea de 2023).
Desde 2018, se han constituido el 66,6% de las spin-offs, con una vida media de 7,5 años. Estas empresas han generado un impacto económico significativo, con una facturación total de 35,8 millones de euros en 2023, según datos del CSIC. El 41% de las spin-offs han alcanzado el nivel máximo de madurez tecnológica (TRL 9), contribuyendo al 92,5% de los ingresos totales. La internacionalización es un factor clave: el 46% de las spin-offs exportan sus productos o servicios, generando el 88% de la facturación total. Por ejemplo, una spin-off del sector biotecnológico ha desarrollado un sistema de bioinformática que se comercializa en mercados de Estados Unidos y Asia.
En términos de empleo, las 78 spin-offs han creado 686 puestos de trabajo altamente cualificados, con un gasto salarial de 23,9 millones de euros. El 81% de estas empresas cuentan con al menos un doctor en plantilla, con una media de 2,5 doctores por empresa. Las spin-offs con entre 1 y 5 empleados concentran el 55% de los doctores, lo que refleja la importancia de la validación científica en etapas iniciales.
El texto pone especial énfasis en el liderazgo femenino, un área en la que el CSIC destaca a nivel global. El 28,21% de las spin-offs están dirigidas por mujeres, superando la media española (20%, según un informe de South Summit de 2023) y europea (19%, según un estudio de la Comisión Europea de 2022).
Las spin-offs lideradas por mujeres aportan el 61,06% de la facturación total (21,9 millones de euros), demostrando una eficiencia notable. Incluso excluyendo una spin-off atípica que lidera su nicho de mercado con una facturación excepcional, las empresas dirigidas por mujeres generan el 37,55% de los ingresos (8,4 millones de euros), frente al 62,45% de las lideradas por hombres (14 millones de euros).
Este dato subraya la competitividad de las mujeres en sectores de alta especialización, como la biotecnología, donde el 21,05% de las spin-offs están lideradas por mujeres, con una facturación de 4,6 millones de euros en 2023. Un ejemplo destacado es una spin-off del sector salud, liderada por una investigadora, que ha desarrollado un dispositivo médico basado en nanotecnología para la administración dirigida de medicamentos, con aplicaciones en oncología, según el catálogo del CSIC. Estos resultados posicionan al CSIC como un referente en la promoción de la igualdad de género en el emprendimiento científico. La distribución geográfica de las spin-offs refleja la concentración de la innovación en regiones con ecosistemas consolidados.

El 83% de las empresas se ubican en Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana, que se benefician de la presencia de universidades, centros de investigación y clústeres empresariales. En el sector salud, que representa el 28,21% de las spin-offs (22 empresas), Madrid concentra el 36,36%, seguida por la Comunidad Valenciana (27,27%) y Cataluña (18,18%).
En biotecnología, con el 24,36% (19 empresas), Madrid domina con el 68,42%, seguida por la Comunidad Valenciana (10,53%). Estas regiones actúan como polos de atracción de talento y capital, según el CSIC. Por ejemplo, Madrid alberga el Instituto de Investigación Biomédica del CSIC, que ha generado varias spin-offs en terapias avanzadas, mientras que Valencia destaca por su clúster agroalimentario, con spin-offs enfocadas en biotecnología agrícola. Otros sectores, como energía y medioambiente, están ganando relevancia, con un 10,26% de las spin-offs desarrollando soluciones como materiales para la captura de CO2 o tecnologías para la gestión de residuos, alineadas con los objetivos de neutralidad climática de la Unión Europea para 2050.
Innovación abierta
El éxito de las spin-offs del CSIC se sustenta en un modelo de innovación abierta que combina colaboración y co-creación. El 75% de las spin-offs colaboran con otras instituciones científicas, como universidades o centros tecnológicos, y el 58% adoptan modelos de co-creación con empresas, generando el 93% de la facturación total.
El Hub de Innovación Abierta «CONVERGE», lanzado en 2023, ha sido un catalizador clave, apoyando la creación y consolidación de empresas a través de programas como «CSIC Emprende», que ofrece mentorías, acceso a inversores y formación en gestión empresarial.
Iniciativas regionales como «Dinamiza», financiado por la Comunidad de Madrid con 5 millones de euros en 2024, «Innovamad», impulsado por el Ayuntamiento de Madrid, y «COMTE», promovido por la Fundación General CSIC, han dinamizado el ecosistema, según el CSIC.
La colaboración con fondos de inversión, business angels y mentores ha facilitado el acceso a financiación, con el 85,9% de las spin-offs recibiendo fondos (76,92% públicos, 50% privados). Sin embargo, solo el 30% acceden a financiación privada en sus dos primeros años, lo que indica una barrera para escalar en etapas iniciales, especialmente en sectores de alta intensidad tecnológica como la biotecnología.
En términos de propiedad intelectual, el 81% de las spin-offs cuentan con al menos una patente, y el 57,89% tienen más de una, lo que refleja su capacidad para proteger innovaciones. En el sector salud, las spin-offs desarrollan tecnologías como terapias génicas y celulares, edición genética mediante CRISPR, inteligencia artificial para diagnósticos precoces, nanotecnología para la administración de medicamentos, impresión 3D para prótesis personalizadas y dispositivos médicos inteligentes.
En biotecnología, que generó 4,6 millones de euros en 2023, las spin-offs trabajan en medicina personalizada, bioinformática, bioprocesos industriales y soluciones para energías renovables como biocombustibles de segunda generación a partir de residuos agrícolas. Estas empresas cuentan con una media de 3,42 doctores por plantilla, frente a 1,9 en otras áreas, reflejando su enfoque intensivo en investigación. Las spin-offs del CSIC representan la vanguardia de la innovación en España, actuando como motores del conocimiento y la transferencia tecnológica, con un impacto notable en sectores críticos para el futuro del país y del continente. Su evolución demuestra que, pese a los desafíos estructurales del sistema español de I+D+i, es posible construir puentes efectivos entre la investigación científica y el mercado cuando se combinan talento investigador, apoyo institucional adecuado y una visión estratégica de largo plazo. Y en este sentido, es conveniente recordar la frase de Diana Morant, ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, en la presentación del informe: «la ciencia tiene que ser excelente, pero también tiene que ser relevante, con impacto».