Le llamaban Trinidad

Visualmente, Fetter-Vorm explota muy bien el formato y la composición jugando a la vez con las viñetas y el dibujo de fondo de página. A veces para contar de forma simultánea diferentes aspectos de la historia.
Trinity. Historia gráfica del Proyecto Manhattan
Michael Gallagher (guion), Jonathan Fetter-Vorm (ilustración), Maryflor Suárez (traducción)
Big Sur, Barcelona 2023, 160 p

Así reza el título en español de un famoso espagueti-western en tono de comedia. Sin embargo, el lector queda avisado: esta columna no tiene nada de gracioso, trata de una pesadilla hecha realidad. También es la reseña de una novela gráfica que nos cuenta los hechos detrás de la pesadilla. El tema y sus implicaciones son conocidas. En 1947 la revista Life publicó las fotos de la primera detonación de una bomba atómica en la Tierra. Ocurrió dos años antes en el desierto de Nuevo México, el 16 de Julio de 1945. El nombre del “artefacto”, tal y como se referían a la bomba el personal involucrado en el proyecto: Trinity. Las fotos de la secuencia de detonación habían sido desclasificadas por la comisión de la energía atómica de EE.UU. Esas fotografías sirvieron para que el físico G. I. Taylor estimara la potencia destructora de Trinity (un dato no desclasificado en ese momento): alrededor de 20 millones de kilos de TNT. Como dato, un kilo de TNT es suficiente para destruir un coche. Pocas semanas después de la detonación de Trinity, el 9 de agosto, se utilizaría un “artefacto” similar contra la población de Nagasaki: Fat Man. Fat Man llevaba una carga de plutonio de unos seis kilos, pero se estima que “sólo” explotó un kilo, liberando una energía mortífera equivalente a la de Trinity. El 2 de septiembre el emperador Hirohito firmaría la rendición de Japón en el destructor USS Missouri poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial y dando principio a la era atómica, la Guerra Fría y la carrera armamentística nuclear.

La obra Trinity. Historia gráfica del Proyecto Manhattan recorre la concepción, ejecución y consecuencias del proyecto Manhattan en formato de novela gráfica. Se trata de la primera obra del ilustrador Jonathan Fetter-Vorm que ha continuado explorando el tema ciencia-historia-sociedad en su última obra: Moonbound. Apollo 11 and the Dream of Spaceflight (2019). Es imposible “leer” este cómic sin hacer paralelismos con la reciente Oppenheimer de Christopher Nolan y debemos agradecer que su estreno haya permitido la reedición en 2023 de este cómic publicado originalmente en 2012. Sin intención de comparar, una de mis críticas a la película es que, sin conocer la historia de antemano, el espectador pierde detalles y puede ser difícil seguir el orden temporal. El cómic en este sentido es claro y, si el lector está tentado de ver la gran película de Nolan, le recomendaría siempre leer el cómic antes. Un cómic que, como la película, se basa en gran parte en la novela American Prometheus de K. Bird y M. J. Sherwi (2006). Aun así, la obra de Michael Gallagher y Fetter-Vorm, comenzando por el título, pone el acento en el objeto (la bomba) más que en el sujeto (los posibilitadores Oppenheimer y el general Groves). Esto le permite desarrollar un tono didáctico que se esfuerza en contar la ciencia detrás de la bomba. En este sentido, el cómic es riguroso, bien documentado, y explica de forma sencilla tanto el nacimiento y los rudimentos de la física nuclear como el papel que jugaron diferentes científicos y científicas: Curie, Fermi… El cómic también es devastador al contraponer la genialidad y la belleza detrás del descubrimiento científico con la ingenuidad y culpabilidad de sus creadores y el horror causado. Históricamente, el cómic relata también de forma rigurosa y entretenida los tiempos a finales de la Segunda Guerra Mundial y no duda en aleccionar sobre el sinsentido de las guerras ni en exponer la crueldad humana.

Visualmente, Fetter-Vorm explota muy bien el formato y la composición jugando a la vez con las viñetas y el dibujo de fondo de página. A veces para contar de forma simultánea diferentes aspectos de la historia. El estilo es muy cinematográfico, con un buen guion, donde sobrecogen las páginas dobles de la detonación en Nuevo México o de las explosiones en Hiroshima y Nagasaki. En este sentido, dibujar situaciones y personas que forman parte del imaginario popular es complicado. Fetter-Vorm se escapa porque no busca evocar LA foto con sus dibujos, aunque sean realistas. Aun así, la calidad de dibujo es irregular; detallado en la mayoría de las viñetas, pero también descuidado en otras. Al final del cómic, Gallagher y Fetter-Vorm reconocen que 150 páginas son pocas para contar todas las ramificaciones de la historia. Ciertamente, para desgracia del lector, el cómic se hace corto y uno se queda con ganas de saber más. Afortunadamente los autores proporcionan una buena lista de recursos y libros donde seguir indagando sobre esta dramática historia de la humanidad. En resumen, Trinity es un entretenido, riguroso y didáctico cómic. Como científico, al leerlo se queda la desolación de ver como una bellísima historia del potencial del conocimiento humano termina convirtiéndose en un drama horroroso. Un drama y también una amenaza que persiste. Hoy en día se estima que hay almacenadas decenas de miles de ojivas nucleares, algunas con una capacidad de destrucción miles de veces superior a la de Trinity. Como ávido lector de cómics, se queda el reconocimiento por una buena obra que fue seleccionada entre las diez mejores novelas gráficas de 2013 por la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.