El legado profundo de Severo Ochoa

A pesar de la heterogeneidad de las contribuciones el libro constituye una agradable aproximación a la vida de Ochoa que se suma a otros productos divulgativos sobre el mismo tema.
Severo Ochoa. Una vida por la ciencia
Varios Autores
Geoplaneta, Barcelona 2025, 224 p

La figura de Severo Ochoa de Albornoz (1905-1993) no solamente es referencial por sus contribuciones capitales a la bioquímica y la biología molecular. Sus trabajos sobre la fosforilación oxidativa, sus aportaciones a las técnicas de purificación de enzimas y, desde luego, sus estudios sobre los mecanismos de la síntesis biológica del ARN —que le valieron el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959, compartido con Arthur Kornberg—, más sus esfuerzos en torno a la elucidación del código genético, conforman una trayectoria investigadora extraordinaria. Sin embargo, una aproximación en los términos de la simple producción, al uso de los análisis ergográficos que se aplican a los autores prolíficos, nunca podrá medir adecuadamente el impacto de Ochoa en la ciencia española y mundial de su tiempo, por su acción continuada en el estímulo de las vocaciones científicas, su implicación en consolidar la práctica moderna del saber en su país de origen y su compromiso con la articulación social de las disciplinas que cultivó. De estos aspectos se ocupa el libro Severo Ochoa. Una vida por la ciencia, editado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el CSIC y Geoplaneta, con la colaboración de la Fundación Carmen y Severo Ochoa (FCySO). Bajo la dirección del historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, el libro, prologado por el recientemente fallecido Federico Mayor Zaragoza, presenta en catorce capítulos una visión polifacética del gran investigador asturiano, luego nacionalizado estadounidense. No se trata, pese a lo que podría sugerir el título, de una biografía. Así se declara expresamente en las palabras preliminares que abren el libro, que aspira a ofrecer «una caleidoscópica visión» del protagonista. Cuatro capítulos recorren la infancia, adolescencia y juventud de Ochoa, en su recorrido vital desde su Luarca natal hasta el inicio de su labor científica y docente en Madrid, pasando por sus años en Málaga y por su enriquecedora experiencia personal en la Residencia de Estudiantes. Tras una valoración de su relación con Otto Meyerhof —que quizás tendría que haber ido aparejada a otra de la experiencia británica de Ochoa—, se aborda en los dos capítulos siguientes su actividad en los Estados Unidos, incluida la obtención del premio Nobel. Vienen a continuación otras dos contribuciones, las cuales, sin perder el foco en la continuidad de los trabajos de Ochoa al otro lado del Atlántico, se centran en su magisterio, guía e inspiración para sus discípulos españoles. Una de dichas contribuciones ofrece una panorámica que repasa su relación con un amplio número de científicos, desde Salvador Clariana y Santiago Grisolía hasta César y Nohelly Nombela y César de Haro; la otra, centra su atención en Margarita Salas y Eladio Viñuela. El décimo capítulo se ocupa de la fundación de la Universidad Autónoma de Madrid, como parte de los intentos del régimen franquista, ya en su etapa final, de recuperar para la estructura académica e investigadora del país a expatriados como Nicolás Cabrera, Francisco Grande Covián o el propio Ochoa. Los cuatros capítulos postreros recorren diversos ámbitos del legado institucional que propició Ochoa: la fundación del Centro de Biología Molecular en Madrid, que ahora lleva su nombre; el impulso a la Sociedad Española de Bioquímica (la actual SEBBM) y a la Federación Europea de Sociedades Bioquímicas; el depósito en Valencia del fondo documental de Ochoa, gestionado por la Ciudad de las Artes y de las Ciencias; y el establecimiento, tras su muerte y por ejecución de su testamento, de la FCySO, consagrada a la promoción de la ciencia y a honrar la memoria del científico y de su esposa, Carmen García Cobián (1904-1986). Una cronología básica de su vida y tres anexos (la traducción de un escrito autobiográfico de 1980 y del discurso de aceptación del premio Nobel, más un bello esbozo biográfico que le dedicó Margarita Salas en 2006) completan un libro profusamente ilustrado, con fotografías muy bien reproducidas, incluidas las de interesantísimas fuentes escritas cuya legibilidad es perfecta.

A pesar de la heterogeneidad de las contribuciones —unas memorialistas y en clave personal; otras, orientadas historiográficamente, que han pretendido dilucidar algunos aspectos menos conocidos de la trayectoria vital del personaje; otras más, las ligadas a las instituciones, con una clara intención de dar cuenta de las actividades que desarrollan—, el libro constituye una agradable aproximación a la vida de Ochoa que se suma a otros productos divulgativos sobre el mismo tema. Ochoa, a diferencia de otras grandes figuras de la ciencia española, cuenta con una excelente biografía, obra de la historiadora de la ciencia María Jesús Santesmases. Pero nunca se puede afirmar de una biografía que sea la definitiva, y algunos de los materiales de este libro, posiblemente, contribuirán a enriquecer nuestro conocimiento del personaje.