Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Navarra, el nuevo Secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades ha centrado su carrera investigadora en Genética Humana y su relación con el cáncer y las enfermedades raras desde 1987, con estancias pre y posdoctorales en Lund (Suecia), Manchester (Gran Bretaña) y Nueva York (USA). Fue director del Grupo de Citogenética Molecular en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas entre 2001 y 2017 y director Científico y de Innovación y fundador en NIMGenetics, empresa de Biotecnología Genómica, entre 2017 y 2019. Además, ha publicado más de 170 artículos en revistas científicas internacionales ha sido Premio al Mejor Investigador Joven Genética Humana (1999), Placa de honor de la Asociación Española de Científicos (2000) y Premio Talento Académico del diario Cinco Días (2013).
Sociedad del conocimiento, sociedad del talento… En España tendemos a etiquetar las tendencias. Coincido contigo en que el futuro del país, como has mencionado en varias entrevistas, se basa en el conocimiento y su capacidad transformadora. ¿Cómo ves esta transición y qué papel juega el talento en ella?
Creo que estamos en un momento en el que la sociedad avanza a gran velocidad. Etiquetar es complicado porque las etiquetas tienen una caducidad muy corta. Mi preocupación es más filosófica y se enfoca en el ser humano, por lo que debemos reflexionar sobre las transiciones que tenemos por delante como sociedad. Las dos más evidentes son la transición verde, hacia una sociedad con energía sostenible y renovable, y la transición digital.
En ambas transiciones se plantean cuestiones científicas y sociológicas. En cuanto a la ciencia, España ocupa una posición de liderazgo. Respecto a la transición verde, estamos avanzando en investigaciones sobre energías renovables, híbridas y el almacenamiento de energía, liderando estos campos en Europa.
En cuanto a la digitalización, me enorgullece decir que España está entre los países punteros en esta área. Contamos con una red de supercomputación descentralizada que proporciona una velocidad de transmisión de datos única a la comunidad científica para el desarrollo de proyectos, algo que otros países buscan replicar. Además, nuestra infraestructura de fibra óptica nos permite una conectividad excelente, superior incluso a países como Francia o Italia.
Hemos destinado el 40% de los fondos europeos del programa Next Generation EU a la I+D+I y a la digitalización. Un dato relevante es que el 80% de esos fondos están llegando a las empresas, especialmente a las pymes, lo cual refuerza la colaboración entre el sector público y privado. Pero por supuesto, ninguna transformación sería posible sin un motor clave: el talento. Estamos impulsando lo que llamamos el “programa de recuperación y atracción del talento”, pero más que centrarnos en la fuga de cerebros, queremos fomentar la circulación del talento. Por ejemplo, en la última convocatoria del programa Ramón y Cajal, hemos incrementado un 150% el número de plazas, y el 30% de los investigadores seleccionados no son nacionales, lo que demuestra que España es vista como un lugar adecuado para desarrollar una carrera científica. Esto va acompañado de otras medidas. La apuesta del CSIC para estabilizar al personal investigador es impresionante: en 2023 crecimos un 7% y se incorporaron 1.000 nuevos investigadores al Consejo con contratos estables. Esto no había pasado nunca en España. Ese mensaje de que estamos transformando el país bajo el paraguas de estas dos grandes transiciones, acompañado del talento, es incuestionable.

Según los datos disponibles, con las inversiones y la disponibilidad de recursos, parece que el viento sopla a favor para la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro país. La financiación de proyectos por parte de la AEI ha crecido un 50% entre 2018 y 2023. En poco más de un año, el Gobierno ha aprobado la Ley de la Ciencia, la LOSU y, recientemente, el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación (PEICTI). ¿Estamos en nuestro mejor momento?
Creo que nunca hay un “mejor momento” definitivo. Sin embargo, es cierto que estamos en una situación muy buena, con presupuestos históricos en I+D+i. Hemos implementado un programa de talento importante, respaldado por unos presupuestos inmejorables. España es el cuarto país que más porcentaje de fondos europeos ha destinado a I+D+i, en el mismo grupo que Dinamarca, Finlandia o Alemania, lo cual me hace sentir que estamos en un momento muy bueno. No obstante, no podemos compararnos en términos de volumen con esos países, aunque es importante reconocer que vamos por el buen camino.
Además, hemos implementado dos reformas necesarias: la de la Ley de la Ciencia y la del sistema universitario (LOSU), que incluyen compromisos presupuestarios. La Ley de la Ciencia nos obliga a dedicar el 3% del PIB a la I+D para 2030, incluyendo financiación pública y privada. Y en términos de inversión pública en I+D+I, ya estamos al nivel de Alemania, pero aún tenemos un gran desafío en cuanto a la inversión privada. Lo mismo ocurre con la LOSU, que establece que el 1% del PIB para 2030 debe dirigirse a la educación superior, incluyendo la investigación y la remuneración de los profesores. La universidad española es muy captadora de recursos, y entendemos que este 1% también implicará la mejora de las retribuciones para los profesores, personal técnico y el resto de personal. Por lo tanto, vivimos un buen momento, no puedo decir que sea el mejor de la historia. Todo depende de la voluntad del país para creer en el talento como palanca de transformación social.
Me gustaría profundizar en el PEICTI. Más allá del capítulo y ritmo inversor (18.400 millones de euros hasta 2027), el plan tiene algunas singularidades, como el sistema de evaluación, la cooperación administrativa con otras comunidades, la simplificación administrativa o la transición ecológica. ¿Podrías desarrollar algunas de estas singularidades?
Efectivamente, el ritmo inversor que hemos planteado en el PEICTI es importante, pero hay que destacar que el plan recoge solo la inversión del Estado. No incluye la participación de las comunidades autónomas, ni los fondos europeos. El Gobierno de España aprobó en Consejo de Ministros en mayo una senda de crecimiento muy potente, con un aumento del 32% respecto al anterior plan y un 73% en comparación con el periodo 2017-2020.
Como novedad, el PEICTI está diseñado de manera matricial, no secuencial, con cinco líneas verticales: personas, infraestructuras, investigación, innovación y transferencia de conocimiento. Las líneas horizontales incluyen la internacionalización del proceso, la cooperación con comunidades autónomas y ayuntamientos, y la selección de áreas prioritarias. Además, se apuesta por la ciencia abierta, la igualdad de género en todos los procesos, la simplificación administrativa y la corresponsabilidad. Otro aspecto clave es que el PEICTI reconoce la carrera investigadora y el papel esencial del personal técnico y de los gestores, destacando que la innovación no solo se encuentra en las pequeñas empresas, sino en toda la cadena de valor del conocimiento.
Por otro lado, a nivel orgánico, hemos incluido en la nueva Ley de la Ciencia que el sistema de evaluación del PEICTI se realice por pares, similar al proceso de revisión de artículos científicos, y que habrá evaluaciones externas. Además, este plan incluye por primera vez la incorporación transversal de la política de género. Este enfoque nos permite configurar un mapa distinto y mejor para la I+D+i en el país.
«Nuestro país ocupa una posición de liderazgo con respecto a Europa en las dos grandes transiciones que nos ocupan: la transición ecológica y la digital»
La Conferencia General de Política Universitaria ha ratificado el programa del Gobierno para incorporar a 3.400 profesores ayudantes doctores en las universidades públicas españolas. ¿Se ha alcanzado una cierta paz docente en este sentido?
Es importante destacar el esfuerzo colectivo para crear una “casa común” de futuro. Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos desde el Gobierno de España es que las competencias directas de las universidades residen en las comunidades autónomas, lo que limita nuestra capacidad para dictar cómo deben actuar. La LOSU, por ejemplo, reduce la carga horaria de los profesores universitarios para que puedan dedicarse a la investigación, evita la figura del falso asociado y establece mecanismos claros para acabar con la temporalidad, lo cual genera la necesidad de más docentes. Además, con la jubilación cercana de la generación del “baby boom” y los años de restricciones en la reposición de personal debido a la crisis económica, las universidades tienen plantillas envejecidas. Por eso hemos planteado a las comunidades autónomas rejuvenecer las plantillas y mejorar las condiciones de acceso a la carrera universitaria.
El Gobierno de España financiará 3.400 plazas, comenzando en este curso académico, comprometiéndose a que estos profesores ayudantes doctores estén financiados durante los próximos seis años (unos 900 millones de euros). Es un proyecto ambicioso que representa un antes y un después para la universidad pública española y que reforzará el panorama del profesorado.
Es un programa que estamos trabajando con las comunidades autonómas, que deben financiar hasta 2.236 plazas más. En total, hablamos de incorporar cerca de 6.000 plazas en las universidades públicas españolas.

Insistes en la necesidad de una universidad de mayor calidad y mejor financiada. ¿Cuáles son los principales desafíos en este ámbito y qué medidas se están tomando desde el Gobierno para abordarlos?
La financiación es crucial para mejorar la calidad de las universidades. Este Gobierno ha transferido una cantidad inmensa de recursos a las comunidades autónomas, y ellas han tenido que decidir cómo asignar esos fondos. Algunas han dedicado más recursos a la universidad y otras no tanto.
Estamos trabajando con los sindicatos en el desarrollo del Estatuto del Personal Docente e Investigador (PDI), que necesita reformas. También estamos mejorando el Real Decreto de creación de Universidades para garantizar que las condiciones de las universidades, tanto antiguas como nuevas, sean adecuadamente supervisadas. Nos preocupa, en especial, el incremento de universidades online que actúan como “expendedoras de títulos”, ofreciendo clases pregrabadas y docentes que no conocen a los alumnos. Es fundamental asegurar que estas instituciones cumplan con los requisitos de calidad.
Otro punto importante es el programa de microcredenciales, al que hemos destinado 50 millones de euros, que permitirá a los estudiantes adquirir formación específica sin necesidad de cursar una carrera universitaria completa. Esto, junto con la inyección de recursos para la digitalización, transformará la oferta educativa, permitiendo que todos los estudiantes reciban formación actualizada en áreas como la inteligencia artificial. Además, recientemente, la ministra anunció un programa de 30 millones de euros para la formación en inteligencia artificial, que nos permitirá cofinanciar hasta el 80% de las matrículas de formación universitaria en IA a unas 8.000 personas, una apuesta por el aprendizaje a lo largo de toda la vida. El aumento de la productividad de la economía española ha sido notable. Uno de cada cinco nuevos empleos está relacionado con áreas científico-técnicas. ¿En qué sectores ha tenido más impacto la inversión en ciencia y tecnología, y cómo se mide este impacto?
Como mencionas, uno de cada cinco nuevos empleos está vinculado a áreas científico-técnicas, lo que equivale a más de 300.000 nuevos puestos de trabajo. Este crecimiento en la demanda de perfiles técnicos es significativo, pero también representa un desafío, no solo en España sino en toda Europa. Hay sectores que han crecido un 50% en número de trabajadores en 6 años, como el de programadores según los datos del INE, pero seguimos teniendo déficit en formación en ingenierías y tecnologías digitales. Es un problema compartido con el resto de Europa. Por eso el programa que mencionaba antes de apoyo a la formación en IA.
Debemos fomentar que más personas estudien carreras tecnológicas y, al mismo tiempo, incorporar la digitalización en el trabajo, independientemente del área de especialización. Los empleos que integran conceptos tecnológicos y científicos tienden a ofrecer mejores remuneraciones.
«Uno de cada cinco nuevos empleos está vinculado a áreas científico-técnicas, lo que equivale a más de 300.000 nuevos puestos de trabajo»
Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría enviar a los jóvenes científicos y emprendedores españoles sobre el futuro de la ciencia y la innovación en nuestro país?
Es una tarea en la que la SEBBM debe ayudarme. Durante mucho tiempo, hemos transmitido una imagen romántica de la ciencia, influenciada por figuras como Ramón y Cajal, con la bata de laboratorio y el microscopio. Aunque esto tenía y tiene su valor, ahora debemos mostrar que la ciencia, las científicas y los científicos son sobre todo la verdadera palanca de transformación de nuestra sociedad.
Hemos mejorado las condiciones de los contratos predoctorales y postdoctorales, y programas como los doctorados industriales envían un mensaje claro: este país cree en la ciencia como motor de cambio. El talento es una palanca de transformación. El Gobierno está firmemente comprometido con la ciencia, y tanto el presidente Pedro Sánchez como la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades no han dejado de visitar y reunirse con centros de investigación para reafirmar este apoyo. Necesitamos a los científicos porque la ciencia salva vidas, como vimos durante la pandemia, y es nuestra mejor herramienta para enfrentar los retos del futuro.