Ciencia exprés sin barreras

Hay barreras que siguen costando derribar. Muchas veces pienso que el círculo al que llegamos tiene un diámetro pequeño y que su expansión es limitada a pesar del gran esfuerzo realizado.

El pasado 30 de mayo asistí a la final de la cuarta edición del certamen Falling Walls Lab Spain 2025 como miembro del jurado; un concurso internacional en el que España participa seleccionando al representante que defenderá su proyecto en la final de Berlín del 6 al 9 de noviembre. Allí se darán cita los finalistas de cada país, en una fecha que rememora la caída del Muro de Berlín en 1989. El tiempo marcado para la exposición de cada proyecto es muy breve —sólo tres minutos—, y se penaliza tanto exceder el tiempo asignado como no emplearlo.

Fue ilusionante ver la motivación de los jóvenes al exponer sus innovadores proyectos, persiguiendo romper barreras al inicio de sus carreras investigadoras y/o profesionales, incluso algunos cursando aún sus estudios universitarios de grado o máster. Es de aplaudir la valentía mostrada, siendo tan jóvenes, para participar en un certamen internacional de estas características, y superar el reto de cumplir con el tiempo de tres minutos, marcado en una pantalla, para la exposición. Un formato de ciencia exprés que se ha consolidado tanto en los foros de divulgación de la ciencia como en los congresos científicos —flash talks— para dar cabida a un mayor número de participantes, con excelentes trabajos, y hacer llegar el mensaje a un público no especialista más heterogéneo, donde la interdisciplinariedad es más frecuente.

El ejercicio de condensación y síntesis se ha ido imponiendo en la comunicación de la ciencia, al igual que en otros ámbitos (noticias, música, publicidad, teatro, …). Se argumenta que la capacidad de atención, concentración y comprensión de un oyente no va más allá de 15 minutos. Lejos quedan las conferencias, seminarios y exposiciones de trabajos, con el máximo detalle, de cerca de una hora. Los tiempos se han acortado, no más allá de 30, 20 o cinco minutos. Un ejemplo, las flash talks, de cinco minutos, en las sesiones de los grupos científicos de los congresos SEBBM para favorecer la presentación de un mayor número de comunicaciones científicas.

Es evidente que este formato de ciencia exprés tiene ventajas para moverse en campos interdisciplinares -cada vez más necesarios- aunque requiere un esfuerzo extra para los más jóvenes. Una fórmula que está en línea con la tendencia de «pensamiento positivo» (‘positive thinking’) —un conjunto de prácticas que los psicólogos relacionan con el optimismo y el éxito a la hora de comunicar—. Pero no hay que dejar a un lado los debates sosegados para profundizar en el fondo de los temas. No hay que olvidar que las discusiones de los detalles y la exposición de los fracasos son muy necesarias, y en esto también hay que incidir y educar.

Con este tipo de iniciativas —Falling Walls y otras— las barreras no sólo se rompen en el ámbito del conocimiento y de la comunicación, sino también en el ámbito social. Participar en estos certámenes y defender la vocación científica puede ser un hándicap para los más jóvenes al no ser reconocidos como iguales en los círculos donde se mueven. Hay barreras que siguen costando derribar. Muchas veces pienso que el círculo al que llegamos tiene un diámetro pequeño y que su expansión es limitada a pesar del gran esfuerzo realizado. La necesidad de conocimiento científico para abordar los problemas y retos que se nos plantean no parece calar lo suficiente en nuestra sociedad, a la vista de los acontecimientos.

Al finalizar el certamen Falling Walls visité el espacio sobre D. Santiago Ramón y Cajal instalado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), muy cerca del lugar donde estuvimos reunidos. Hice un recorrido por su biblioteca, su material de laboratorio, sus objetos personales —un telescopio y una máquina fotográfica— que «dan a conocer cómo era el hombre que había detrás del investigador y cuáles eran sus aficiones». Además, dibujos, videos y grabaciones sonoras de Cajal, fotografías, paneles explicativos y documentos de algunos de sus principales discípulos. Os animo a visitarla si no lo habéis hecho, al igual que el «Espacio Cajal» en el Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, una exposición permanente también de interés. Seguramente a D. Santiago le hubiera costado sintetizar su investigación en una flash talk.

La exposición del MNCN, en colaboración con el Instituto Cajal del CSIC, se instaló para celebrar el centenario de su nombramiento como director del Instituto del CSIC que lleva su nombre el 12 de noviembre de 1920, a la espera de crear un museo nacional en Madrid dedicado a su persona y legado. Desde 2022 hemos estado celebrando el «Año de Investigación Ramón y Cajal», declarado de especial interés público por el Gobierno de España, que se ha extendido hasta el pasado 31 de mayo de 2025. Llegada la fecha de cierre de este periodo conmemorativo, de cerca de tres años, científicos y familiares de Cajal «gritaron» con urgencia por el Museo Cajal en un artículo en El País. Aún continuamos esperando el prometido museo nacional según dictaba el Real decreto 590/2024 de 25 de junio del pasado año. Este mes de julio, no obstante, ha saltado la noticia de un acuerdo por parte del Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades, la familia de Cajal y representantes de varias instituciones científicas para instalar el esperado museo en un histórico caserón de la calle Atocha de Madrid, a escasos veinte metros del Museo Reina Sofía.

Confiemos que este acuerdo llegue a buen puerto sin mucha demora y haga caer este muro pronto.

Antes de terminar quiero mencionar que el dosier de este número de la Revista SEBBM va dedicado a la «Biología del ARN», un tema que ha visto y sigue viendo caer barreras de conocimiento, y que de nuevo en 2024 han sido reconocidas con la concesión del Nobel de Fisiología o Medicina a Victor Ambros y Gary Ruvkun. En la Revista SEBBM nº 223 dimos cuenta de ello.