Ciencia sin fronteras: el papel de la diáspora científica organizada en la diplomacia

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Ciencia como herramienta de soft diplomacy

La capacidad de los investigadores para comunicarse y colaborar trasciende fronteras y es un pilar esencial del progreso científico. La ciencia funciona como un lenguaje universal, y la inmensa mayoría de los problemas que aborda no se ajustan a divisiones territoriales. Los proyectos conjuntos de investigación no sólo combinan capacidades tecnológicas y recursos, sino que también contribuyen a establecer, fortalecer y mantener relaciones diplomáticas. La ciencia es, por naturaleza, un esfuerzo multicultural: los equipos de investigación integran científicos de múltiples países, lenguas y tradiciones, que trabajan conjuntamente hacia objetivos comunes. Este carácter transnacional la convierte en un instrumento privilegiado de la geopolítica moderna para tender puentes allí donde los canales diplomáticos tradicionales son insuficientes por barreras ideológicas o políticas. La cooperación científica internacional no sólo produce conocimiento, sino que también genera confianza y refuerza vínculos entre comunidades y países. La ciencia actúa así como una forma de poder suave (soft power), entendida como la capacidad de influir mediante valores compartidos y conocimiento. A través de redes de investigación, intercambios académicos y proyectos colaborativos, se fomenta el diálogo, el entendimiento mutuo y la construcción de soluciones. Estas dinámicas son fundamentales en un contexto global donde la diversidad de actores, estatales y no estatales, exige nuevas formas de gobernanza basadas en la evidencia y la cooperación.

En la actualidad, la relevancia de la diplomacia científica es creciente. La Unión Europea, por ejemplo, ha articulado recientemente un marco estratégico que sitúa la ciencia como un pilar de su política exterior, destacando su papel como bien público global y su capacidad para generar confianza y facilitar el diálogo con terceros países. Este reconocimiento refleja una tendencia más amplia: la integración del conocimiento científico en la acción exterior para afrontar desafíos globales y fortalecer alianzas.

El gran desafío actual radica en proteger y fortalecer este ecosistema. En un contexto de creciente polarización y tensiones geopolíticas, la ciencia no debe convertirse en un instrumento de aislamiento, sino en un espacio privilegiado para el diálogo y la cooperación. Al mismo tiempo, la creciente importancia estratégica del conocimiento científico y tecnológico exige prestar atención a cuestiones relacionadas con la seguridad de la investigación (research security), garantizando que la colaboración internacional se desarrolle de forma abierta y responsable, protegiendo la integridad de la investigación y los intereses legítimos de las instituciones y los Estados, con el objetivo de salvaguardar los derechos y libertades democráticas. Integrar el conocimiento científico en la acción exterior es una necesidad para anticipar crisis globales, reforzar alianzas y favorecer procesos colectivos de toma de decisiones informadas. Asimismo, comprender cómo funcionan las redes académicas y los sistemas científicos extranjeros es imprescindible para desarrollar una estrategia de diplomacia científica y explotar los vínculos multilaterales existentes. En este escenario, la diplomacia científica se consolida como una herramienta clave para avanzar hacia un sistema internacional basado en la evidencia, confianza y cooperación.

Asociaciones de investigadores migrantes como actores en diplomacia científica

La diáspora científica se ha consolidado como actor esencial en la diplomacia científica al desempeñar un papel activo como asesores independientes, mediadores neutrales y constructores de redes estratégicas y colaboraciones internacionales de alto valor para el progreso científico. Esta diáspora científica reúne a profesionales altamente cualificados e interdisciplinares, con conexiones tanto en el país de origen como en el país de residencia. A través de sus iniciativas, conectan de forma orgánica a las comunidades investigadoras, instituciones académicas, diplomáticos y responsables políticos de diversos países, contribuyendo a integrar el conocimiento en la acción exterior y a fortalecer los vínculos transnacionales.

Otro ámbito de actuación clave es el apoyo a la movilidad y al desarrollo de la carrera investigadora. A través de programas de movilidad bilateral y de mentoría, y plataformas de información y acompañamiento, estas asociaciones facilitan la circulación de talento y reducen las barreras administrativas, culturales y profesionales que afectan a los investigadores en contextos internacionales. Al mismo tiempo, desempeñan un papel relevante en la producción de informes y en el asesoramiento, proporcionando evidencia independiente que orienta tanto el diseño de políticas públicas como el de estrategias institucionales en materia de política científica. En este contexto, las diásporas científicas ocupan una posición estratégica al combinar un conocimiento profundo de los sistemas de I+D+i de sus países de origen y de acogida, con el mantenimiento de vínculos sólidos con instituciones de ambos entornos (Figura 1).

Figura 1
Contribuciones de la diáspora científica organizada a la diplomacia científica.

Este conocimiento comparativo constituye un activo de gran valor para la diplomacia científica: permite identificar políticas y prácticas de éxito en distintos contextos nacionales, y explorar cómo trasladarlas o adaptarlas al sistema científico español, (p. ej. Libro Blanco sobre Políticas de Género en la Ciencia y la Academia). Se enriquece así el diálogo entre países y se abren vías concretas de colaboración, fomentando también la atracción y retención de talento. Esta doble pertenencia les permite actuar como puentes bi-direccionales efectivos, facilitando el diseño de estrategias conjuntas y el entendimiento entre culturas científicas diversas.

En un entorno global marcado por crisis recientes y disrupciones en los sistemas de investigación, el papel de estas organizaciones resulta aún más relevante. Las diásporas científicas, aportan una perspectiva particular que a menudo falta o se diluye en las políticas diseñadas a gran escala. Son capaces de identificar obstáculos concretos, desde barreras administrativas hasta problemas en el reconocimiento de cualificaciones, y de canalizar esta información hacia los responsables de la toma de decisiones.

Por ello, integrar formalmente a estas comunidades en los procesos de formulación de políticas científicas y exteriores constituye una estrategia clave para una diplomacia científica más eficaz e inclusiva. Las asociaciones científicas, especialmente aquellas surgidas desde la sociedad civil, permiten mantener un vínculo directo con la realidad investigadora y avanzar hacia un modelo de gobernanza basado en la cooperación, el conocimiento compartido y la participación activa de la comunidad científica global.

Interacción con embajadas (consejerías científicas), gobiernos y organismos multilaterales

La diplomacia constituye uno de los objetivos principales de la diáspora científica, orientada a promover la colaboración entre investigadores, instituciones científicas y la sociedad civil en distintos contextos internacionales. Desde esta perspectiva, su actividad contribuye a reforzar la dimensión internacional de la investigación y a favorecer dinámicas de cooperación intersectorial e interdisciplinar sostenidas en el tiempo.

Una de las vías cruciales de acción diplomática de estas asociaciones científicas es su interlocución con organismos relevantes: las Consejerías Científicas y Culturales de las Embajadas de su país de origen; los gobiernos de los países en los que están ubicadas, a menudo a través de instituciones con orientación científica; y otros actores multilaterales relevantes para la diplomacia, como la Comisión Europea, organismos del sector privado (p. ej. ONGs, empresas y fundaciones) y medios de comunicación.

En tanto que representantes de la sociedad civil, estas asociaciones científicas gozan de independencia respecto de las agendas políticas de los gobiernos. Esta autonomía las convierte en portavoces de la diáspora científica, capaces de canalizar sus propuestas e intereses sin estar condicionadas por agendas políticas e ideológicas, dotándolas además de la continuidad institucional necesaria que los ciclos políticos a menudo no pueden garantizar. A esta independencia se suma una notable flexibilidad operativa. El reducido tamaño de muchas asociaciones, su estructura administrativa liviana y la agilidad en la toma de decisiones las convierten en actores capaces de responder con rapidez a las necesidades cambiantes de su entorno. Sus marcos de gobernanza se adaptan con relativa facilidad a las circunstancias cambiantes en contextos internacionales e interinstitucionales, a menudo complejos y en evolución constante. A ello se añade su arraigo en las comunidades locales: al estar integradas por investigadores que viven y trabajan en el país de acogida, estas asociaciones tienen acceso directo a instituciones científicas y organismos locales, lo que facilita una interlocución más fluida y colaboraciones más efectivas.

Otro valor diferencial de estas asociaciones reside en su capacidad para conectar múltiples actores del ámbito de la diplomacia, facilitando la interacción entre investigadores, instituciones científicas y organismos del sector público y privado. Estas interacciones catalizan la colaboración conjunta en proyectos concretos frente a retos transnacionales compartidos, poniendo en valor las contribuciones de los investigadores españoles más allá de fronteras nacionales. Esta función mediadora resulta especialmente valiosa para el desarrollo de acciones diplomáticas basadas en el conocimiento científico y la cooperación intersectorial.

RAICEX y la diáspora científica española

La diáspora científica española constituye un ejemplo paradigmático del potencial de las redes de investigadores como actores de diplomacia científica. Surgidas en gran medida tras la crisis económica de 2008, las asociaciones de científicos españoles en el exterior se organizaron inicialmente de forma espontánea, con la Sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido (CERU), fundada en 2012, como iniciativa pionera. Este movimiento asociativo, nacido desde la sociedad civil, no sólo permitió dar visibilidad a la comunidad investigadora en el extranjero, sino que también inspiró la creación de redes similares en otros países, demostrando el poder de la articulación colectiva y las conexiones multilaterales.

En este contexto, en 2018 emerge RAICEX (Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior), una red global que actualmente agrupa a más de 4.500 investigadores a través de 22 asociaciones presentes en 40 países en los cinco continentes. RAICEX actúa como un foro común que conecta a la diáspora científica con el Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTI) y el Consejo de la Ciudadanía Española en Exterior (del cual es miembro), promoviendo el intercambio de conocimiento, experiencias y oportunidades. Su origen y funcionamiento bottom-up, desde la sociedad civil, le confieren una especial legitimidad y capacidad para canalizar las necesidades y propuestas de la comunidad investigadora.

La fortaleza de RAICEX reside en su capacidad para conectar la sociedad civil científica y los actores gubernamentales. Por un lado, representa a la comunidad científica española en el exterior ante instituciones, organismos públicos y agentes políticos, defendiendo sus intereses y contribuyendo a su visibilidad internacional. Por otro lado, actúa como órgano asesor, transformando la experiencia acumulada de sus miembros, muchos con trayectorias en varios países, en propuestas concretas de mejora para el sistema científico español. Este flujo de información permite no solo trasladar inquietudes desde la diáspora hacia las instituciones, sino también difundir oportunidades y políticas del sistema nacional entre los investigadores en el exterior.

Asimismo, RAICEX, a través de su red global y de la organización de reuniones anuales de diplomacia científica, desempeña un papel clave en la facilitación de relaciones internacionales en investigación, generando espacios de diálogo entre investigadores de todo el mundo, responsables políticos y representantes institucionales. Estos encuentros favorecen una mayor integración del conocimiento en la toma de decisiones y promueven una visión estratégica de la cooperación científica internacional. La creación de estos espacios de diálogo se complementa con la producción de informes, recomendaciones y análisis comparativos que aportan evidencia para el diseño de políticas públicas en el sistema de I+D+i, esto es, en el ámbito de la política científica (science policy). Iniciativas lideradas por la Comisión de Política y Diplomacia Científica de RAICEX tales como el informe ATRAE o las contribuciones a reformas legislativas en el ámbito universitario y científico reflejan la capacidad de RAICEX para influir en agendas nacionales, integrando buenas prácticas observadas en distintos sistemas internacionales. La mayoría de estos documentos se elaboraron en respuesta a consultas públicas oficiales, procesos de audiencia e información pública, o iniciativas legislativas y regulatorias impulsadas por las administraciones públicas. Los más recientes, del período 2022-2026, se muestran en la (Figura 2).

Figura 2
Propuestas e informes de posicionamiento elaborados por RAICEX en materia de política científica y universitaria, y remitidos a diferentes instituciones y organismos españoles durante el período 2022–2026.

Por otro lado, RAICEX también contribuye al ecosistema de asesoramiento científico para las políticas públicas (science for policy) que ha emergido y ya se está consolidando en España, mediante actividades de formación para sus miembros y elaboración de informes comparativos y transnacionales basados en el conocimiento científico de los miembros que forman la Red.

Además de su función asesora, RAICEX actúa como catalizador de iniciativas multilaterales y colaboraciones internacionales. La coordinación de asociaciones en múltiples países potencia el impacto de las acciones individuales de cada una de ellas. Esta dimensión internacional se traduce también en una mayor proyección de la ciencia española, reforzando su visibilidad y posicionamiento en el contexto global. Un elemento central de su actividad es la conexión entre la diáspora científica y el sistema nacional. Frente a la narrativa tradicional de «fuga de cerebros», RAICEX promueve un enfoque de «circulación del talento» o brain circulation, en el que los investigadores en el exterior se configuran como activos estratégicos. A través de asesoramiento, difusión de oportunidades y apoyo a la movilidad, la red contribuye a facilitar la (re)integración en el sistema español o la colaboración desde el extranjero, consolidando una comunidad científica transnacional.

En menos de diez años de recorrido, RAICEX se ha consolidado como un actor clave en la diplomacia científica contemporánea. Su capacidad para articular una diáspora diversa, generar conocimiento útil para la política científica y construir puentes entre países e instituciones ilustra el valor de las redes científicas organizadas como instrumentos de influencia, cooperación e innovación en el sistema internacional.

CONNECTS‑UK como extensión paneuropea

Si las asociaciones nacionales demuestran el valor de la diáspora científica a nivel bilateral, iniciativas transnacionales como CONNECTS‑UK llevan este modelo un paso más allá, hacia una diplomacia científica de escala paneuropea. La plataforma, liderada por CERU, surge de la colaboración entre distintas asociaciones de investigadores europeos en el Reino Unido y propone un enfoque innovador: integrar la diversidad de la comunidad científica europea del país de origen en una red coordinada, con voz colectiva y mayor impacto.

En un contexto especialmente complejo como el posterior al Brexit, CONNECTS‑UK ha contribuido a mantener abiertos canales de colaboración entre el Reino Unido, la Unión Europea e individualmente con los países de origen de las asociaciones miembro. A través de las numerosas actividades organizadas en el marco de un proyecto cofinanciado por la Unión Europea, CONNECTS-UK ha facilitado un intercambio directo entre investigadores, actores institucionales, responsables diplomáticos y políticos, y la propia sociedad. Al fortalecer las conexiones, facilitar espacios de diálogo y abogar por la cooperación EU-UK en el ámbito científico, la plataforma ha contribuido a sostener relaciones que van más allá de los marcos institucionales formales, demostrando el papel clave de la sociedad civil científica en la diplomacia contemporánea y la promoción de los valores europeos. El alto nivel de participación en sus iniciativas ha ido acompañado de una fuerte implicación por parte de los asistentes, quienes destacaron el valor de reconectar con redes europeas y contribuir activamente a dinámicas de cooperación científica que perduran más allá de cada iniciativa concreta. Estas experiencias favorecen la incorporación de la perspectiva de la comunidad científica en debates sobre movilidad, financiación y cooperación internacional, y refuerza el reconocimiento de estas redes como actores relevantes en el diálogo diplomático‑científico.

CONNECTS-UK ha sabido canalizar con éxito la capacidad de coordinación entre múltiples diásporas (españolas, italianas, portuguesas, holandesas o polacas, entre otras), evidenciando sinergias que han cohesionado y movilizado una comunidad científica diversa y distribuida que trasciende los enfoques nacionales. Esta dimensión multilateral ha permitido amplificar el impacto colectivo, no sólo en términos de creación de redes, sino también en la producción de conocimiento y en su proyección como agente interlocutor hacia el ámbito político.

En conjunto, CONNECTS‑UK ilustra el potencial de iniciativas como RAICEX cuando se proyectan en clave internacional: redes distribuidas, colaborativas y flexibles que, desde la base científica y la cooperación, contribuyen activamente a la diplomacia científica y a la construcción de relaciones multilaterales sostenidas, especialmente relevantes en contextos geopolíticos complejos.

Conclusión

En este contexto, la ciencia se consolida como una herramienta esencial de soft diplomacy, capaz de trascender fronteras políticas y generar espacios de cooperación basados en la confianza y el conocimiento compartido. Iniciativas impulsadas por redes como RAICEX o plataformas de conexión internacional como CONNECTS-UK demuestran cómo las comunidades científicas organizadas pueden actuar como interlocutores entre países, articulando diálogos, facilitando colaboraciones y aportando evidencia a la toma de decisiones. Al integrar actores de la sociedad civil científica en la esfera internacional, estas redes amplifican el alcance del conocimiento y refuerzan la proyección exterior de la ciencia. Así, la diplomacia científica no solo impulsa el progreso, sino que se convierte en un pilar para avanzar hacia un orden global más colaborativo, inclusivo y basado en la evidencia.

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Referencia del artículo
Alvira S, Arrieta I, Echeverría-Altuna I, Pardo-Díaz J, Sánchez-Cañizares C. 2026. Ciencia sin fronteras: el papel de la diáspora científica organizada en la diplomacia. SEBBM 230
https://doi.org/10.18567/sebbmrev_230.202609.dc3