FOXP3: la clave maestra de la tolerancia inmunológica

Artículo con motivo del Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2025 para Mary E. Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi.

El dilema del sistema inmunitario: horror autotoxicus

El sistema inmunitario conlleva por sí mismo una paradoja conceptual. Debe ser suficientemente agresivo para combatir patógenos, pero al mismo tiempo, absolutamente tolerante con los tejidos propios. A principios del siglo XX, el premio Nobel Paul Ehrlich acuñó el término horror autotoxicus para describir la catástrofe que se produciría si este equilibrio se rompiera. Durante décadas se consideró que el pilar principal de la autotolerancia era la eliminación de los linfocitos T autorreactivos durante su maduración en el timo. El desarrollo de modelos experimentales en los años 80 y 90 hizo evidente que el mecanismo era funcional pero incompleto, pues un número apreciable de linfocitos T con potencial autorreactivo escapa al timo y es controlado -o silenciado- por mecanismos de tolerancia periférica.

Durante mucho tiempo fue un enigma cómo se controlaban estas células autorreactivas. En la década de 1970 surgió el concepto de los «linfocitos T supresores», que supuestamente mantenían limitaban las respuestas inmunitarias no deseadas. La idea fue aceptada durante unos años, pero en los 80 se desmoronó por la falta de marcadores específicos y demostrarse que el locus I-J, propuesto como región genética que codificaría las moléculas clave para la supresión, no existía. Así, la idea de una supresión activa quedó sumida en el escepticismo.

Fue en este contexto donde el trabajo de los laureados con el Premio Nobel de 2025, Shimon Sakaguchi, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell, provocó un cambio de paradigma. A través de descubrimientos secuenciales y convergentes, no solo resucitaron el concepto de supresión inmunitaria, sino que lo establecieron sobre una base molecular irrefutable. Su investigación definió un nuevo linaje celular, los linfocitos T reguladores (Treg), y descifró el control genético que gobierna su existencia: el gen maestro Foxp3.

Renacimiento de la supresión con el fenotipo CD4CD25

El trabajo pionero de Shimon Sakaguchi se centró en la pregunta de si ¿existía una subpoblación de linfocitos T dedicada activamente a mantener la autotolerancia en la periferia? Si tal población existía, su eliminación debería desencadenar la autoinmunidad.

En una serie de experimentos publicados en 19951, Sakaguchi puso a prueba esta hipótesis transfiriendo linfocitos T CD4⁺ de ratones normales a ratones atímicos que carecen de linfocitos T propios. Cuando transfería la población completa de células CD4⁺, los ratones receptores permanecían sanos. Sin embargo, si antes de la transferencia eliminaba una pequeña fracción (5-10%) de estas células, específicamente las que expresaban el marcador de superficie CD25, los ratones desarrollaban espontáneamente enfermedad autoinmune sistémica.

La evidencia fue concluyente pues la reintroducción de la población CD4⁺CD25⁺ prevenía por completo el desarrollo de la enfermedad. Este fue el primer descubrimiento sólido que demostró que una subpoblación celular fenotípicamente definible era esencial para la supresión activa de la autoinmunidad.

La aportación de Sakaguchi fue rompedora pues demostró que la autotolerancia no es un proceso meramente pasivo, sino un proceso activo y dominante mediado por un linaje celular concreto. Su trabajo proporcionó el primer fenotipo estable y reproducible (CD4⁺CD25⁺) para una célula reguladora, precisamente lo que había faltado en la era de las «células supresoras». Con este hallazgo, el concepto de supresión resurgió con una base experimental sólida, pero dejó una pregunta crítica sin respuesta: ¿cuál es el mecanismo molecular que define a estas células y les confiere su extraordinaria capacidad supresora?

Una pista genética del ratón scurfy al síndrome IPEX humano

Mientras Sakaguchi definía el fenotipo de las células reguladoras, una línea de investigación complementaria estaba a punto de desvelar su base genética mediante el estudio del ratón scurfy, un modelo natural de autoinmunidad. Estos ratones, portadores de una mutación espontánea en el cromosoma X, desarrollaban una enfermedad autoinmune multisistémica y letal en los machos.

Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell se embarcaron en el proyecto de identificar el gen responsable del fenotipo scurfy mediante clonación posicional. Acotaron la región candidata en el cromosoma X a un segmento que contenía varios genes, que fueron comparando con las secuencias de ratones sanos, hasta identificar una mutación en un gen desconocido. Hallaron una inserción de 2 pares de bases que provocaba un cambio en el marco de lectura con un codón de parada prematuro, que resultaba en una proteína truncada disfuncional. Por su homología con otros factores de transcripción de la familia «forkhead/winged-helix», nombraron al gen Foxp32.

Para demostrar de manera concluyente que la disfunción de Foxp3 era la causa de la enfermedad, realizaron un experimento de rescate genético. Introdujeron una copia funcional (wild-type) del gen Foxp3 en ratones scurfy mediante transgénesis. Los ratones scurfy macho que portaban el transgén se desarrollaron normalmente y no mostraron signos de la enfermedad autoinmune letal, señalando así a Foxp3 como el gen defectuoso2.

Casi de inmediato conectaron su hallazgo con una enfermedad humana. Identificaron que mutaciones en el gen homólogo humano, FOXP3, eran la causa del raro pero fatal síndrome IPEX (Inmunodisregulación Poliendocrinopatía Enteropatía ligada al X). Esta conexión validó la importancia fundamental de FOXP3 para la tolerancia inmunológica no solo en ratones, sino también en humanos3.

Screenshot

FOXP3 como gen maestro de los linfocitos T reguladores (células Treg)

En 2003 se produjo el punto de convergencia en la historia de las células Treg. Dos líneas de investigación independientes, una funcional y otra genética, se unieron para generar un cambio de paradigma que redefinió los fundamentos de la inmunología. Los laboratorios de Sakaguchi y Ramsdell publicaron de forma casi simultánea los hallazgos que conectaban definitivamente las dos piezas del rompecabezas4,5.

Sus investigaciones demostraron dos puntos clave. El primero fue la expresión del factor de transcripción FOXP3 de forma selectiva y masiva precisamente en la población de células T reguladoras CD4⁺CD25⁺ que Sakaguchi había identificado

años antes, mientras que las células T convencionales (CD4⁺CD25⁻) no expresaban este gen5. El segundo fue la función instructiva, aún más importante, pues FOXP3 no era un mero producto de estas células, sino su causa. Mediante transferencia retroviral, introdujeron el gen Foxp3 en linfocitos T CD4⁺ convencionales (CD25⁻) y observaron que esta manipulación genética era suficiente para convertirlos en células con potente capacidad supresora, es decir, en Treg funcionales4.

Estos hallazgos fueron corroborados de forma independiente por el laboratorio de Alexander Rudensky, que demostró que la anulación del gen Foxp3 en ratones recapitulaba el fenotipo letal de la cepa scurfy6. FOXP3 no era simplemente un marcador más de las Treg; era el gen maestro, el factor de transcripción de linaje que programa activamente el desarrollo y la función de estas células. Este hallazgo proporcionó por fin una identidad molecular inequívoca a las Treg.

Biología de las Treg y horizontes terapéuticos

El descubrimiento de FOXP3 como gen maestro de las células Treg catalizó una explosión de investigación sobre su biología y su potencial clínico. Rápidamente se hizo evidente que estas células desempeñan un papel dual en la salud y la enfermedad. Su presencia es vital para prevenir la autoinmunidad, pero su actividad también puede ser perjudicial en contextos como el cáncer. La población Treg FOXP3⁺ está especializada en mantener la homeostasis del sistema inmunitario mediante mecanismos que incluyen la supresión dependiente del contacto celular, la secreción de citoquinas inmunosupresoras como TGF-β e IL-10 y un alto consumo de IL-27.

Este papel central sitúa a las Treg en un doble perfil terapéutico. En trastornos donde el sistema inmunitario está hiperactivo, potenciar su función es un objetivo deseable (enfermedades autoinmunes, alergias, rechazo de órganos trasplantados). En oncología, el objetivo es el contrario ya que las Treg se infiltran de forma natural en los tumores y crean un microambiente inmunosupresor que protege a las células cancerosas, de modo que suprimir o eliminar las Treg intratumorales se ha convertido en una estrategia clave para potenciar la inmunoterapia. A partir de estas observaciones surgen dos grandes aproximaciones terapéuticas. Por una lado, la potenciación de Treg (expansión ex vivo, CAR-Tregs dirigidas a tejidos específicos, administración de dosis bajas de IL-2) y por otro su inhibición selectiva con anticuerpos monoclonales frente a marcadores como CCR8, expresado con alta especificidad en las Treg infiltradas en tumores. Ambas estrategias dirigidas permiten modular la función reguladora y apuntan a una medicina personalizada de mayor precisión.

Legado para la inmunología y la medicina

El viaje científico que culminó con la identificación de las células T reguladoras y su gen maestro Foxp3 representa un hito en la biología moderna. La travesía comenzó con las observaciones funcionales de Sakaguchi, continuó con la expedición genética de Brunkow y Ramsdell, que identificaron a Foxp3 como el gen responsable de una enfermedad autoinmune, y culminó con la síntesis de ambos campos que consagró a FOXP3 como el director de orquesta molecular de la tolerancia inmunológica periférica.

El trabajo de Sakaguchi, Brunkow y Ramsdell transformó un concepto impreciso y controvertido en un campo de investigación con una base molecular sólida y una relevancia clínica innegable. Hoy, gracias a su legado, nos encontramos en el umbral de poder afinar el sistema inmunitario con una precisión sin precedentes. La capacidad de potenciar o inhibir selectivamente la función de las células Treg abre la puerta al tratamiento de una vasta gama de enfermedades, desde la autoinmunidad y las alergias hasta el cáncer y el rechazo de trasplantes, cumpliendo así la promesa de una investigación básica en beneficio de la humanidad.

Déjenme culminar con una breve acotación de encargo sobre la relevancia de este descubrimiento también en la infección. En estos tiempos de postpandemia no hay como tener miedo a una enfermedad emergente para buscar la oportunidad de añadir a un artículo de encargo como este, el colofón que sigue por sugerencia de la editora.

Así, estas últimas líneas pretenden abrir la perspectiva a cómo este mismo eje FOXP3⁺-Treg puede ser también relevante en infecciones víricas potencialmente zoonóticas (como la gripe aviar) o de alto impacto en producción animal (como la peste porcina africana), donde la infección y su propagación no solo depende de la capacidad de eliminar el virus, sino de modular con precisión la frontera entre defensa e inmunopatología. Hoy sabemos que los circuitos reguladores mediados por linfocitos Treg FOXP3⁺ contribuyen a amortiguar la inflamación desbocada, pero, al mismo tiempo, pueden ser explotados por algunos virus para favorecer la persistencia, limitar la memoria protectora o comprometer la eficacia de ciertas vacunas. Es razonable anticipar que las estrategias vacunales de próxima generación frente a diversas zoonosis víricas no solo intentarán inducir linfocitos T efectores y anticuerpos más potentes, sino también modular las Treg, según convenga, para contener daños colaterales.

Referencias

  1. Sakaguchi S, Sakaguchi N, Asano M, Itoh M, Toda M. Immunologic self-tolerance maintained by activated T cells expressing IL-2 receptor alpha-chains (CD25). Breakdown of a single mechanism of self-tolerance causes various autoimmune diseases. Journal of Immunology 155 (1995) 1151-1164. https://doi.org/10.4049/jimmunol.155.3.1151
  2. Brunkow M E,et al. Disruption of a new forkhead/winged-helix protein, scurfin, results in the fatal lymphoproliferative disorder of the scurfy mouse. Nature Genetics 27 (2001) 68-73. https://doi.org/10.1038/83784
  3. Bennett C L,et al. The immune dysregulation, polyendocrinopathy, enteropathy, X-linked syndrome (IPEX) is caused by mutations of FOXP3. Nature Genetics 27 (2001) 20-21. https://doi.org/10.1038/83713
  4. Hori S, Nomura T, Sakaguchi S. Control of regulatory T cell development by the transcription factor Foxp3. Science 299 (2003) 1057-1061. https://doi.org/10.1126/science.1079490
  5. Khattri R, Cox T, Yasayko S A, Ramsdell F. An essential role for Scurfin in CD4+CD25+ T regulatory cells. Nature Immunology 4 (2003) 337-342. https://doi.org/10.1038/ni909
  6. Fontenot J D, Gavin M A, Rudensky A Y. Foxp3 programs the development and function of CD4+CD25+ regulatory T cells. Nature Immunology 4 (2003) 330-336. https://doi.org/10.1038/ni904
  7. Sakaguchi S,et al. Foxp3+ CD25+ CD4+ natural regulatory T cells in dominant self-tolerance and autoimmune disease. Immunological Reviews 212 (2006) 8-27. https://doi.org/10.1111/j.0105-2896.2006.00427.x