Cómo se originaron las complejas células eucariotas a partir de ancestros procariotas más simples sigue siendo una de las grandes preguntas de la biología. El modelo dominante se basa en una asociación entre una Asgard-arquea que integró una alphaproteobacteria y originó las mitocondrias, siendo la complejidad celular un resultado de esta integración. Algunas observaciones previas, como una dominancia de genes bacterianos frente a arqueanos y una multiplicidad de señales filogenéticas bacterianas, no encajaban bien en este escenario. Para resolver esta pregunta, el grupo liderado por Toni Gabaldón en el IRB Barcelona, ha reconstruido el repertorio génico del último ancestro común de los eucariotas mediante análisis filogenómicos a gran escala, integrando genomas de eucariotas, bacterias, arqueas y virus. Para cada familia génica infieren su origen más probable, con filtros estrictos para evitar artefactos o transferencias recientes. Los resultados, publicados en Nature, revelan señales robustas de ancestros pertenecientes a Planctomycetota y Myxococcota, además de las señales esperadas de Asgard y Alphaproteobacteria. Además, observan evidencias de genes asociados a Nucleocytoviricota, el grupo que incluye a los virus gigantes, lo que sugiere que pudieron mediar transferencias génicas. Basados en estos resultados, se propone que el origen de los eucariotas fue un proceso gradual, favorecido por sucesivas interacciones estables en comunidades microbianas complejas como las formadas por tapetes microbianos, en las que diversas bacterias, arqueas y virus contribuyeron a construir la célula eucariota.