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Entrevista a Jesús Diez Dapena

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Prácticamente al mismo tiempo que mi interés por la licenciatura en Biología. La causa, una muy común por aquella época, los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Me quedaba absorto viendo cómo se comportaban los animales y como me gustaba mucho salir al campo pensé que era a lo que quería dedicarme en la vida. Curiosamente, al estudiar ciencias biológicas en la Universidad de Sevilla me encontré con que lo que se estudiaba en Zoología y posteriormente Etología distaba mucho de lo que yo esperaba. Sin embargo, descubrí un mundo fascinante, la investigación de las moléculas. Eso hizo que en el último trimestre del segundo curso consiguiera entrar de alumno interno en el Departamento de Bioquímica que dirigía el Profesor Losada y 50 años después aquí sigo con la Bioquímica.
No recuerdo ningún científico en especial, pero sí los ánimos de mi padre para que estudiara lo que deseaba. Era una época en la que, cuando te preguntaban los amigos y conocidos qué ibas a estudiar y respondías Biología, con cara de extrañeza contestaban: Bio ¿qué? Su opinión era que uno debía tratar de hacer aquello con lo que disfrutara, y hoy sigo estando totalmente de acuerdo con eso. Ya en el laboratorio, tuvo una enorme influencia la calidad humana del grupo al que me incorporé, sobre todo doctorandos y doctores jóvenes, que tenía un ambiente de trabajo en equipo, un interés por descubrir cosas y al mismo tiempo ayudar a los más jóvenes a hacerlo que me enganchó para siempre.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿Lo repetiría en su totalidad?

R.- Como alumno interno en el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de Sevilla conseguí hacer mi Tesis de Licenciatura, lo que me acabó de convencer que era a eso a lo que quería dedicarme. Además, durante los años que estuve de alumno interno colaboré activamente en la impartición de clases prácticas a compañeros de cursos inferiores y me gustó. Por ello, el camino de profesor de universidad, que me permitiría compaginar ambos aspectos investigación y docencia, era un objetivo claro. La obtención de una beca de Formación de Personal Investigador del Ministerio de Investigación y Ciencia me permitió iniciar con buen pie ese camino mediante la realización de mi tesis doctoral que versó sobre la nitrato reductasa del alga verde Monoraphidium braunii. Al terminar la tesis y siguiendo la tradición del departamento salí al extranjero, algo que entonces era raro en la mayor parte de los departamentos de la Universidad. Realicé mi estancia postdoctoral en la Universidad de Dundee en Escocia, con el Prof. Stewart, director de un macro departamento que estudiaba las cianobacterias desde áreas muy diversas de la Biología. Mi trabajo versó sobre la acumulación de glucógeno y la fijación de nitrógeno en cianobacterias. Aunque mi objetivo fundamental era seguir formándome, el Prof. Stewart, que me había contratado con cargo a un proyecto de investigación, consideraba que, como doctor, tenía mucho que aportar. Esa exigencia, que me planteó no pocos problemas al principio, me hizo madurar muy rápido y constituyó un aspecto clave de mi formación que me ayudaría mucho en la siguiente etapa de mi vida profesional. La vuelta a España fue en respuesta a un reto que me planteó el Dr. López Barea, con el que había coincidido en Sevilla, de incorporarme al Departamento de Bioquímica de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba, que desde el curso anterior él estaba tratando de echar a andar. Su acceso a una plaza de Profesor Adjunto en otra Universidad hizo que buscara un sustituto y me lo ofreció a mí. La llegada a Córdoba fue un choque brutal respecto a mi experiencia anterior tanto en Sevilla como en Dundee, donde me había incorporado a sendos departamentos perfectamente establecidos y funcionando a un alto nivel. El Dr. López Barea solo había estado un año y quedaba mucho por hacer, además hubo un boom en aquella época para los estudios de Veterinaria y me encontré con 600 alumnos con la única ayuda a tiempo parcial de un profesor ayudante. Unos años más tarde y gracias al esfuerzo de unos magníficos compañeros (Antonio López, siempre) que se fueron incorporando, incluido el Prof. López Barea que volvió como catedrático, el Departamento de Bioquímica de Veterinaria se convirtió en uno de los mejores de la Universidad de Córdoba. Tiempos duros pero gratificantes donde hubo que hacerlo todo prácticamente desde cero. En 1984 me estabilicé como funcionario y en 1996 obtuve la cátedra. Durante todos estos años, salvo un paréntesis dedicado a tratar de resolver problemas de calidad en el zumo de naranja, mi investigación se ha centrado fundamentalmente en el metabolismo de nitrógeno y de carbono en distintos organismos fotosintéticos, fundamentalmente algas verdes y cianobacterias marinas.

Sí la repetiría, pero hecho en falta una segunda estancia postdoctoral tras un tiempo de vuelta en España.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Creo que la curiosidad y la ilusión por descubrir “cosas nuevas”, una mente abierta, la honestidad y una gran capacidad de trabajo, que para mí incluye no dejarse vencer por las adversidades, que sin duda van a surgir, y seguir siempre con ánimo adelante. En una etapa posterior, creo muy importante la capacidad de crear un buen ambiente de trabajo en el grupo que se dirige, donde todos se sientan parte de un proyecto común y trabajen apoyándose.

No soy muy dado a dar consejos, pero quizás les diría que deben estar convencidos de que eso es lo que quieren realmente hacer, porque el camino va a ser duro y solo compensará si se tiene vocación para ello. Les diría también que deben tener en cuenta que la mayor parte del tiempo la van a dedicar a hacer tareas rutinarias, a repeticiones sin fin, a actividades poco vistosas pero esenciales para completar un trabajo serio y bien hecho y que eso no debe desanimarles porque la alegría que se obtiene cuando sale un experimento complicado o, mejor aún, cuando algo que parece que no tiene sentido se transforma a la larga en un resultado nuevo y sorprendente, esa alegría es difícil de conseguir en otras muchas profesiones.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de esta área científica?

R.- Durante los últimos 25 años nuestro grupo ha estado trabajando en el estudio de las cianobacterias marinas Prochlorococcus y Synechococcus, dos de las especies más importantes en los océanos por ser los organismos fotosintéticos más abundantes del planeta y por su papel crucial en su ecología, al ser esenciales en los ciclos biogeoquímicos. Tratamos fundamentalmente de profundizar en el conocimiento de los procesos básicos que controlan la fisiología de esas dos importantes especies de los océanos.

Estamos particularmente interesados en descubrir cómo las adaptaciones y cambios que han ido experimentando esos procesos fisiológicos a lo largo de la evolución, desde su separación a partir de un organismo común, les han permitido adaptarse a una enorme variedad de ambientes: desde las aguas tropicales a otras próximas a los polos y desde la superficie a casi 200 m de profundidad. Por otro lado, se han adaptado también a áreas con distintas abundancias de nutrientes, particularmente destacable su éxito en unas enormes zonas de los océanos que se consideraban desiertos debido a la escasez de nutrientes de todo tipo. En relación con esto, una de nuestras líneas actuales trata de estudiar la contribución que tienen a este éxito la presencia de unos transportadores de nitrógeno y glucosa de elevada afinidad.

Recientemente hemos iniciado una nueva línea que estudia el posible papel de vesículas producidas por Synechococcus en la transferencia horizontal de genes, y posiblemente como transportadoras de otras moléculas, como proteínas y diversos metabolitos, que pueden constituir una interesante forma de comunicación e interacción con otros organismos.

La verdad es que soy muy optimista acerca del futuro de este área científica. Cada vez hay una mayor concienciación respecto a los problemas que está ocasionando el cambio climático y será necesario utilizar todas las herramientas posibles para al menos mitigarlo. Entre ellas los microorganismos que estudiamos debido a su enorme número y a su capacidad de fijar dióxido de carbono jugarán un papel especial. Este papel podría ser aún mayor si se cumplieran las previsiones actuales de un importante aumento en la cantidad de individuos de ambos géneros en los próximos años, debido precisamente al cambio climático. Por ello creo que el seguir profundizando en el conocimiento de estos organismos tiene un futuro optimista.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX-XXI?

R.- El descubrimiento de la estructura del DNA y la revolución genética a la que dio lugar, culminada ahora con la tecnología CRISPR/Cas, que aún con mucho recorrido por delante ya ha demostrado su enorme capacidad.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovción en nuestro país?

R.- Pues me parece obvio que no demasiado bien. Creo que algo no funciona adecuadamente cuando en España se forman un número importante de doctores, que en general son muy apreciados en los mejores laboratorios de países de todo el mundo, pero después no pueden volver tras un tiempo razonable de 2-4 años de formación postdoctoral. Cada vez es más frecuente que tengan que quedarse de 6 a 10 años no por decisión propia, sino por no tener posibilidades razonables de vuelta. Esto origina por un lado un gran problema personal para los investigadores y por otro que en una etapa de enorme producción científica su trabajo se desarrolle y beneficie al país destinatario y no al nuestro, donde se han formado. Me parece un absoluto disparate. Todo esto va acompañado además de una tremenda incertidumbre, mucho mayor de la lógica, en cuánto a no saber qué va a ocurrir hasta una edad demasiado elevada. No abogo por una estabilización temprana, pero sí por una vía de desarrollo perfectamente clara que, caso de cumplir los requisitos que se establezcan, permitan su incorporación al sistema. Esto, junto con una mayor posibilidad de incorporación a equipos de empresas, de momento muy minoritarios en comparación con otros países de nuestro nivel económico, podría ayudar a mejorarla.
Esencial una financiación mucho mayor, acorde con el potencial del país y próxima a la de otros países de nuestro entorno. Aún con los controles adecuados una mayor agilidad y menos trabas a la hora de realizar los gastos y, sobre todo, en la contratación de personal. A la vez una mayor apreciación por parte de las fuerzas políticas de la importancia que una buena investigación tiene para el país a muchos niveles, incluido el económico, y que se deje de considerar como algo complementario a lo que se le puede “ayudar” en tiempos de bonanza, pero de lo que se puede prescindir en cuanto aparezca algún problema. Nada original pero que sigue estando pendiente de resolver.