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Entrevista a Victoriano Valpuesta

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- No hay un momento concreto. Quizás nunca se me ha presentado como una vocación específica. Creo que es el resultado de una búsqueda continua de encontrar una explicación a los que nos rodea, y a nosotros mismos. Y esto hacerlo una forma de vida. Lo que es un lujo. Nunca pensé de joven que iba a acabar siendo científico, aunque la inquietud por conocer y el gusto por el estudio, desde muy joven, fueron los orígenes. El ambiente familiar de estudio y lectura fue esencial.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Para mí fue un antes y un después de ir a USA con el Dr. Bukovac. Ahora es difícil siquiera imaginar las diferencias que había entre España y USA en 1978, cuando fui, pero entonces eran abismales. Más aún en el ambiente universitario, que fue el que viví. De ser un postdoc, que era en aquellos tiempos bastante menos de lo que es hoy, te trasplantas en 24 horas a una Universidad, Michigan State University, una de las grandes de Estados Unidos. Me impresionó la biblioteca, cuyo edificio era más grande que el mayor que había en mi ciudad, Sevilla. Entrar en ella era como entrar en un templo del saber. Y allí se retiraba John Bukovac cuando tenía que escribir, y el retiro podía durar días enteros. Su dedicación y pasión por saber era inmensa y envolvente. Antes y después han habido muchos investigadores y profesores de los que aprendí mucho, pero quizás por la edad, quizás por el momento, de citar uno ha de ser Bukovac.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Para mí hay dos esenciales. La primera es el gusto por el estudio. Por encima de todo. El que no estudia, y mucho, no llega al fondo de los temas, se queda en el camino, incluso llega a aburrirse, algo realmente penoso para un investigador. La segunda es la capacidad de integrar conocimientos muy diversos en la solución de un problema. Esto requiere tener siempre presente la pregunta que uno se hace al iniciar cualquier investigación. La pregunta siempre es una, generalmente básica, las respuestas son múltiples, a diferentes escalas, y hay que integrarlas todas. Ese viaje, reduccionismo-holismo, hay que hacerlo continuamente.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié Química en la Universidad de Sevilla, donde toda la Bioquímica que se daba era la estructura de los aminoácidos en el tercer trimestre de la asignatura Química Orgánica II. La Química me dio un soporte que nunca perdí y me ayuda muchas veces en la comprensión y explicación de los procesos biológicos. La Tesis la hice en un Centro del CSIC en Sevilla, el CEBAC, y se centró en la purificación y caracterización cinética de una peroxidasa del olivo. El trabajo en Enzimología fue esencial para ser disciplinado y riguroso en el laboratorio. En Michigan State seguí trabajando en peroxidasas, de cerezo, pero con una orientación más aplicada, en relación a la obtención de frutos partenocárpicos, sin semillas. La reincorporación como postdoc al CSIC fue efímera pues nos invitaron a todos a dejar la Institución, 1980, ya que el futuro de la misma no estaba nada claro en aquellos tiempos, eso se nos dijo. En Septiembre de 1981 llegué a la Universidad de Málaga. Muchos me ayudaron, en la docencia e investigación, pero si alguien debo indicar en esto último es Jacobo Cárdenas, Catedrático de Bioquímica. Hombre culto y sabio, y que iba un paso por delante de los acontecimientos en muchos aspectos, incluido el científico. Desde entonces he realizado investigación, con financiación continua, desde la asimilación de nitrógeno por plantas, respuestas al estrés salino y procesos de desarrollo en frutos. Las aproximaciones han ido cambiando con los tiempos, desde la enzimología y la biología molecular hasta las genéticas y genómicas. Este es, a grandes rasgos, el recorrido personal y bioquímico.  

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Sí, y probablemente la exprimiría y extendería más. No hay que olvidar que cuando empezamos los de nuestra generación, años 70s, las posibilidades eran muy inferiores a las de hoy en día. Nuestra profesión es un privilegio.  

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en la que trabaja?

R.- Todo y nada en particular. Quizás que nada está establecido, y que van a seguir habiendo sorpresas. La precisión molecular de las interacciones que conforman a los seres vivos no deja de sorprenderme. Casi más me sorprende, lo poco que todavía conocemos, a pesar de los avances continuos que presenciamos.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Francamente, creo que no existe, que cada cual lucha por la suya. Las Universidades prácticamente la ignoran y el CSIC está tan corto de medios que es testimonial. En el caso de las Universidades no solo es de una miopía extraordinaria, pues la calidad y el futuro de las mismas las determina, en una parte muy importante, la calidad y extensión de su investigación, sino que va en contra de lo que debe ser la Universidad, no solo debe enseñar el conocimiento, sino que debe crearlo. Se ha perdido la esencia de la Universidad. En el caso del CSIC, mi conocimiento es limitado, pero la carencia de medios es dramática. Mi posición de Gestor de Biotecnología en el Plan Nacional me ha hecho testigo de muchos casos de jóvenes muy bien preparados a los que no se les da una oportunidad. Y, francamente, este país los necesita. Pero no es un problema de Instituciones, Universidad o CSIC, es un problema social, un problema de educación general a nivel de país. Y no estoy seguro que se estén dando los pasos adecuados para un futuro mejor.