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Entrevista a María Ángeles Balboa

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- En algún momento de mi carrera, el Dr. Manuel Ortiz de Landázuri, Jefe de la Sección de Inmunología del Hospital de la Princesa me dijo «María Ángeles, la investigación es una carrera de fondo». Este comentario me ayudó mucho en los momentos de incertidumbre y cuando las cosas no salían como yo esperaba, especialmente en las épocas oscuras de opositora a plazas de Científico Titular del CSIC.
Creo que este consejo es estupendo para las nuevas generaciones de científicos. Si un investigador cree en sus posibilidades debe perseverar e intentar perseguir su sueño, aun cuando parezca que no queda mucho más por intentar, siempre hay una salida. Esto es especialmente aplicable hoy en día, ya que la disminución de presupuesto para la ciencia, y la escasez de becas, contratos y, en general, puestos de trabajo para científicos, hace que las oportunidades de comenzar a investigar o reincorporarse al sistema nacional de investigación desde el extranjero, estén muy mermadas.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Comencé mi vida profesional estudiando la síntesis proteica de las Arqueobacterias, estudios que dieron lugar a mi Tesina de Licenciatura. Aunque este tema me pareció interesante, en aquel momento me atraía mucho más el funcionamiento del sistema inmune. Tuve la fortuna de obtener una beca FPU del Ministerio y realizar los estudios que después constituirían mi tesis doctoral en la Sección de Inmunología del Hospital de la Princesa de Madrid, capitaneado por Manuel Ortiz de Landázuri, Miguel López-Botet y Francisco Sánchez Madrid. En este estupendo entorno estudié la estructura y algunos mecanismos de transducción de señal de un receptor de las células Natural Killer que nosotros llamábamos Kp43 y que hoy en día se conoce como CD94, un obligado compañero para los receptores de la familia NKG2 implicadas en el reconocimiento y eliminación de células trasformadas o infectadas con virus por parte de las células NK. En esta etapa comenzó mi interés por los lípidos y su papel en la señalización inmune, gracias a una colaboración con el Dr. Faustino Mollinedo y su entonces becario predoctoral Jesús Balsinde. Durante los últimos meses de mi tesis me trasladé al «Imperial Cancer Research Fund» en Londres, al laboratorio de Michael Crumpton, experto en cascadas de fosforilación por tirosina quinasas. Tras defender mi tesis doctoral obtuve una beca Fulbright para realizar mi primer posdoctoral en el departamento de Farmacología de la Universidad de California en San Diego en el laboratorio del Dr. Paul Insel, donde realicé estudios sobre la regulación de la actividad fosfolipasa D por proteína quinasa C y por proteínas G de bajo peso molecular.

Dos años y medio más tarde el Profesor Edward A. Dennis del departamento de Química y Bioquímica me contrató primero como posdoctoral y después como Project Scientist en su laboratorio, donde contribuí al estudio del papel de diferentes proteínas de la superfamilia de la fosfolipasas de tipo A2 (PLA2) durante la activación de los macrófagos. Fueron años fantásticos, de gran aprendizaje y mucho rendimiento.
Tras ocho años en EEUU me incorporé al sistema nacional de investigación gracias a un contrato de reincorporación al que renuncié poco después para trabajar como contratada Ramón y Cajal en el Instituto de Biología y Genética Molecular de Valladolid. Mi interés se centró en la función de la fosfolipasas A2 independientes de calcio en procesos oxidativos, apoptóticos y secretores en promonocitos humanos. En 2004 obtuve la plaza de Científico Titular del CSIC y mis intereses se centraron en el estudio la regulación de la fosfolipasa A2 citosólica de grupo IVA, la ‘reina’ de las fosfolipasas A2, durante los procesos fagocíticos en macrófagos. Aprendimos mucha microscopía confocal y arrancó mi laboratorio.

En el 2009 promocioné dentro del CSIC a Investigador Científico y desde entonces mi labor científica se ha centrado en una serie de enzimas conocidas como lipinas cuya actividad es la de desfosforilar ácido fosfatídico para generar diacilglicerol. Hasta ahora hemos aprendido que estas enzimas son importantes durante la activación macrofágica y en respuestas a endotoxina en ratones, y nuestra intención futura es desvelar su papel en respuestas inflamatorias más complejas.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Si tuviera la oportunidad de cambiar mi trayectoria científica, posiblemente lo haría. ¿Quién no? Todos somos capaces de observar el pasado y ver los errores y los aciertos. Aunque no me arrepiento de nada de lo que he hecho, y de todo he procurado sacar buenas enseñanzas, sí cambiaría algunas cosillas…

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Hoy en día, con las circunstancias económicas que nos rodean es difícil dar consejos, especialmente en ciencia. Pero si nos olvidamos un poco de nuestro entorno económico, yo les diría a los jóvenes investigadores que sean muy entusiastas, que no se tomen la ciencia como un trabajo, porque realmente no lo es. Muy poca gente en el mundo puede dedicarse a algo tan apasionante como descubrir cómo funciona la naturaleza, lo que nos rodea, nuestras propias células, porqué se producen enfermedades, y lo que es mejor, cómo curarlas… Esto no es un trabajo, es mucho más. Y por ello los científicos tenemos que ser entusiastas. Con entusiasmo, tenacidad y buenas ideas, llegarán donde se propongan.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Citando algo muy reciente, el descubrimiento de que las bacterias pueden enfrentarse a los virus que las infectan mediante mecanismos simples y específicos, como el sistema CRISPR/Cas, y su utilización en múltiples aplicaciones biotecnológicas, como la edición de genes. Todo lo que se ha obtenido en menos de 5 años me ha parecido realmente impresionante. No me sorprende que las investigadoras que más han contribuido a la aplicación de estos mecanismos, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, hayan obtenido el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2015.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Creo que podríamos hacerlo mejor si mirásemos más a los países con gran tradición científica como el Reino Unido o EEUU. Hoy en día en España la carrera científica se ha convertido en un largo penar hasta que con más (mucho más) de 40 años se consigue un laboratorio propio. En otros países la formación posdoctoral es mucho más corta y la oportunidad para tener tu propio laboratorio y desarrollar tus propias ideas comienza mucho antes. Es necesario dar a los investigadores jóvenes la oportunidad de desarrollar sus ideas cuando aún tienen mucha ilusión y gran capacidad de trabajo. Con el tiempo, esto se pierde, y con ello la energía y la capacidad de regeneración de los institutos de investigación y las universidades.