El 30% de los pacientes diagnosticados con leucemia mieloide aguda presenta mutaciones en la proteína nucleofosmina (NPM1), un componente esencial del nucleolo cuya localización subcelular está finamente regulada por modificaciones postraducción, como la fosforilación. En condiciones normales, NPM1 transita entre nucleolo, nucleoplasma y citoplasma, pero en células cancerosas se localiza de manera aberrante en el citoplasma. Comprender los determinantes estructurales que condicionan la distribución subcelular de NPM1 resulta esencial para el diseño racional de nuevas estrategias terapéuticas basadas en su relocalización. El estudio del grupo liderado por I. Díaz-Moreno (Universidad de Sevilla, IIQ-cicCartuja), publicado en Nucleic Acids Research, describe el mecanismo molecular por el cual la fosforilación en el dominio C-terminal de NPM1 favorece su salida del nucleolo. En concreto, la fosforilación en las posiciones Ser254, Ser260 y Tyr271 altera la dinámica estructural de NPM1, reduciendo su capacidad de separación de fase líquido-líquido (LLPS) y modificando su patrón de interacción con ácidos nucleicos y otras proteínas. Esto compromete la red de interacciones necesaria para su retención nucleolar. El trabajo establece así un vínculo estructural entre modificaciones postraducción en proteínas con regiones intrínsecamente desordenadas y la LLPS, integrando dos mecanismos clave de regulación celular y aportando nuevas bases para comprender la organización de compartimentos biomoleculares.