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Entrevista a Paloma Martín Sanz

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Mi interés en la Bioquímica comenzó en el tercer curso de la carrera de Farmacia ya que tuve una excelente profesora, Ana María Galarza, que me hizo descubrir la Bioquímica, y en aquel momento tomar la decisión de querer realizar una tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia de la UCM. Mi vocación por la investigación se afianzó durante la realización de mi tesis doctoral bajo la dirección de la Dra. María Cascales Angosto y el Prof. Ángel Santos Ruíz. Allí fui consciente de los problemas de la carrera investigadora, de lo difícil que era investigar en España (principios de los 80), la escasez de becas, de lo complicado que resultaba explicar a la sociedad lo que hacíamos, de lo ingrata que a veces puede ser la docencia, etc. Pero también de las enormes ventajas que suponía el trabajar en lo que uno quiere, el aprendizaje y la formación continuada, ayudar a la formación de gente joven, tener la posibilidad de trabajar en otro país, etc.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Realicé la tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid con una beca del desaparecido Instituto Nacional de Asistencia y Promoción del Estudiante INAPE y cuando terminé la tesis obtuve un contrato de Profesor Ayudante en el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Farmacia que me permitió disfrutar de las tareas docentes. Gracias a un permiso de la UCM y a una beca postdoctoral del Fondo de Investigaciones Sanitarias realicé en 1984 una primera estancia postdoctoral en el Queen’s Medical Center de la Universidad de Nottingham en el Reino Unido bajo la dirección del Dr. David Brindley, quien marcó de forma muy importante mi carrera a nivel profesional y personal y ha sido siempre un referente. En 1989, gracias a una beca del Ministerio de Educación y Ciencia, realicé una segunda estancia postdoctoral en el Heritage Medical Research Center de la Universidad de Alberta en Edmonton (Canadá) de nuevo bajo la dirección del Dr. Brindley. En 1990 dejé mi plaza de Profesora Ayudante y me incorporé como Científica Titular del CSIC al Instituto de Bioquímica Centro Mixto CSIC-UCM donde inicié mi propia línea de investigación. Después de 25 años en el Instituto de Bioquímica y tras un breve paso por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, en 2006 me incorporé al Instituto de Investigaciones Biomédicas «Alberto Sols» CSIC-UAM donde actualmente soy Investigadora Científica. Aquí he progresado considerablemente disponiendo de un mayor espacio de laboratorio, un grupo mayor, servicios técnicos y nuevos colaboradores.
¿Repetiría en su totalidad? Eso nunca puede afirmarse rotundamente. Estoy segura de que habría aspectos mejorables. Me hubiera gustado haber prolongado mis estancias postdoctorales pero en aquel momento, al ser Profesora de la UCM, los permisos eran de 6-8 meses y quizás haber realizado otra estancia en USA. Cada una de las etapas me ha hecho evolucionar favorablemente en mi carrera profesional. No renuncio a ninguna etapa y afirmo que la movilidad, sobre todo en otro país, es un excelente impulso en la carrera científica de cualquier investigador.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Creo que la carrera científica es totalmente vocacional con lo que la pregunta es si lo que estás empezando te apasiona lo suficiente para dedicarle tiempo y esfuerzo. Hay que tener vocación, ilusión y tesón para desarrollarlo. El esfuerzo y la energía que se invierten son muy grandes, las dificultades enormes pero la libertad, la capacidad creativa y el ambiente científico que pueden disfrutarse merecen la pena.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- La línea de investigación que dirijo está enfocada al estudio del papel de las prostaglandinas derivadas de la ciclooxigenasa-2 en la fisiopatología hepática. Como se ha comentado en el artículo adjunto, COX-2 no se expresa en el hepatocito adulto y tampoco se induce por estímulos pro-inflamatorios como ocurre en otros tejidos. Sin embargo, COX-2 sí se expresa en células no parenquimales, en el hepatocito fetal y en algunas líneas tumorales hepáticas. En nuestro grupo hemos estudiado la relación entre la expresión de COX-2 y la patología hepática tanto en procesos de daño hepático agudo como crónico. COX-2 sólo se expresa en el hepatocito adulto en aquellas situaciones que implican procesos de des-diferenciación y proliferación como en respuesta a una hepatectomía parcial y en algunas enfermedades hepáticas crónicas como la cirrosis y el carcinoma hepatocelular (CHC). Utilizando un modelo transgénico para COX-2 en el hepatocito, hemos demostrado que en procesos de daño hepático agudo que cursan con apoptosis las prostaglandinas (PGs) ejercen una acción protectora debido a su efecto antiapoptótico/anti-necrótico y además estimulan la proliferación de los hepatocitos. El papel de COX-2 en hepatocarcinogénesis es controvertido ya que COX-2 sólo se expresa en los estados iniciales y no en el CHC avanzado. En este sentido COX-2 podría relacionarse con el componente inflamatorio presente en las fases iniciales de la enfermedad hepática crónica y eventualmente con la inducción de carcinogénesis. Estos resultados nos llevaron a proponer que la expresión de COX-2 podría estar relacionada con el componente inflamatorio de la enfermedad del hígado graso no-alcohólico. Nuestros últimos trabajos demuestran que la expresión de COX-2 en hepatocitos protege frente al daño hepático inducido por hiperglicemia, a la resistencia a la insulina y la obesidad así como en la esteatohepatitis y fibrosis. Las PGs aumentan la sensibilidad a la insulina, inducen la termogénesis y la oxidación de ácidos grasos, sugiriendo una mejora de la función mitocondrial y la fosforilación oxidativa. Es importante tener en cuenta todos estos datos a la hora de desarrollar nuevas opciones terapéuticas para patologías hepáticas en las que se incluyan inhibidores de COX-2 como los COXIBs.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Para los que comenzamos nuestra carrera investigadora a principios de los 80, el final de dicha década y el principio de los 90 supusieron un extraordinario avance para la investigación en nuestro país, tanto por la ley de la Ciencia que se impulsó, como por una mayor inversión económica en proyectos de investigación y en recursos humanos: becas, contratos de reincorporación, plazas de investigadores, etc. Sin embargo en los últimos años, en parte debido a la crisis económica, que ha afectado enormemente a la financiación y en parte por el enfoque del MICINN y la «Secretaría de Estado» del MINECO a la excelencia y la innovación, los investigadores que hacemos una ciencia más básica, con grupos pequeños, estamos teniendo muchas dificultades para mantener las líneas de investigación y el personal adecuado con un mínimo de estabilidad y continuidad. Las universidades están viendo recortada la financiación en investigación y aumentada su carga docente con los nuevos planes de estudio y esto representa un problema ya que no podemos olvidar que las universidades son la fuente de nuestros futuros investigadores. Hay que definir mejor y flexibilizar la incorporación de jóvenes investigadores siendo la vía del funcionariado otra vía a añadir a sistemas de contratación diferentes. Hoy en día la reincorporación de científicos resulta dificultosa y muchos de los que han conseguido reincorporarse no se pueden estabilizar. La inversión y el esfuerzo ha sido en vano. El CSIC ha tenido y tiene muchos problemas empezando por la financiación, flexibilización, burocracia, carrera investigadora, etc. Esperemos que la recién creada Agencia Estatal de Investigación pueda contar con el apoyo y el entorno adecuado para realizar una gestión independiente, eficaz y flexible de los recursos asignados a la ciencia, para lo que debe contar con la participación de la comunidad científica en su gobierno y en el seguimiento de la actividad investigadora.