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Entrevista a Miguel Torres

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Desde que tengo recuerdo de haber querido hacer «algo» en la vida, mis deseos han estado siempre relacionados con el estudio de la naturaleza. Se puede decir que desde los primeros años ya quería ser «biólogo», y no recuerdo ninguna fase en que pensase ser algo diferente. Durante el bachillerato, con el paso de la niñez a la juventud, ese interés se fue dirigiendo hacia la genética molecular y es en esta etapa cuando identifico claramente el deseo de convertirme en «científico». En mi paso por la Universidad Complutense como estudiante de Biología se despierta mi interés por el desarrollo embrionario. Recuerdo muy nítidamente el día en que, cursando segundo de carrera, la proferora de genética Alicia de la Peña explicó en clase el concepto de Compartimento, descubierto por Ginés Morata, Pedro Ripoll y Antonio García Bellido en la mosca de la fruta. Creo que ese fue un día clave en el desarrollo de mi vocación y de alguna manera sigue marcando hoy las cuestiones fundamentales que mueven mi interés científico.

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel? 

R.- Creo que la persona que más ha influido en mis hábitos científicos ha sido Lucas Sánchez, mi director de tesis. Lucas nunca ha sido un hombre de dar consejos, sin embargo, sí pude aprender de su ejemplo varias de las actitudes que han marcado mi forma de actuar en el laboratorio. Quizás el ejemplo más importante que recibí de él y nunca he abandonado, es su disponibilidad total para los estudiantes. Recuerdo bien cómo la puerta del despacho de Lucas siempre estaba abierta y él siempre dispuesto a dedicar cuantas horas fueran necesarias a la discusión de mis más peregrinas e ingenuas inquietudes científicas, lo cual podía llevarnos a horas de largas disquisiciones sobre los mil y un modelos posibles de determinación sexual de la mosca del vinagre. Lejos de ser improductivas, creo que aquellas largas sesiones de mareo mental fueron esenciales para aprender a modelar mi aproximación intelectual a los problemas científicos y sobre todo para valorar la creatividad intelectual como motor de la actividad científica. Por encima de todo esas sesiones eran además apasionantemente divertidas, aportando algo que para mí es esencial: pasarlo bien haciendo ciencia. Hoy en día la puerta de mi despacho está siempre abierta a estudiantes, postdocs y colegas, y disfruto dedicando el tiempo que sea necesario a discutir de la manera más creativa posible. Sigue siendo divertido y tremendamente estimulante.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- El kit de cualidades básico para cualquier persona que se dedique a la actividad científica debería incluir al menos rigor experimental e intelectual, capacidad autocrítica, tenacidad y resistencia al desánimo. Sin embargo hay otros aspectos más sutiles que creo esenciales para que la actividad científica se convierta en contribuciones relevantes y de calidad. Uno de ellos, en mi opinión, es que la motivación principal del científico descanse más en el interés personal por el conocimiento y su aplicación que en el reconocimiento social o profesional. Otra característica importante, relacionada con la anterior, es la capacidad para pensar de manera independiente, aportando nuevos conceptos a la resolución de problemas científicos. Para ello es fundamental abordar la actividad científica desde una reflexión personal a la vez profunda e ingenua y perseguir con tenacidad ideas innovadoras aunque no encajen en las tendencias predominantes. 

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.-Durante el desarrollo embrionario las células adquieren «identidades» tisulares y regionales que las dirigen a ejecutar diversos programas de proliferación y diferenciación de manera específica de posición y en coordinación con las células de su entorno. El resultado final es la generación estereotipada de individuos viables y funcionales propios de cada especie. Mi línea de investigación ha evolucionado de intentar entender cómo la expresión regionalizada de factores de transcripción durante el desarrollo embrionario establece el código de identidad típico de cada órgano, tejido y región embrionaria a intentar comprender cómo el comportamiento celular regulado por estos factores de transcripción contribuye a la formación y regeneración de órganos. Esta transición supone estudiar los problemas de biología del desarrollo a un nivel muy diferente y extraordinariamente complejo ya que, por un lado, necesitamos conocer el detalle de los procesos regulados a nivel de cada célula individual y por otro, interpretar cómo el comportamiento individual de cada célula se integra colectivamente para la construcción o regeneración de un órgano. En estos momentos nuestros esfuerzos se centran en identificar qué procesos celulares están implicados en la conexión de la identidad celular impuesta intrínsecamente por los factores de transcripción, y la percepción por parte de la célula de la identidad de su entorno. El entendimiento de estos procesos es fundamental para comprender la formación y regeneración de órganos con su tamaño, forma y arquitectura adecuados.

P.- ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Creo que nos esperan tiempos apasionantes y seguramente muchos descubrimientos anti-intuitivos. Existen dos tendencias que nos permitirán avanzar en el futuro; por un lado, gracias al avance de las técnicas de microscopía, modificación genética y genes reportadores, se progresará en la capacidad de analizar funciones celulares a nivel de la célula indvidual y con observación de los fenómenos en tiempo real en el tejido vivo. En otras palabras, seremos capaces de ver en vivo y en directo, qué hace una célula en su entorno normal y cómo se altera su comportamiento cuando modificamos los parámetros que definen su identidad. En el otro extremo del espectro de los niveles de análisis, la biología de sistemas complejos y el modelado informático permitirá explorar cómo las propiedades de las células individuales contribuyen a la formación o regeneración de un órgano. Es muy probable, además, que muchos de los procesos descritos durante el desarrollo embrionario sean de aplicación al entendimiento de la homeostasis de tejidos adultos y de cómo ésta se altera en procesos patológicos.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- De los que he tenido la suerte de vivir durante mi vida profesional, el avance que más me ha impresionado ha sido el descubrimiento de la gran plasticidad de las células somáticas en vertebrados superiores y la posibilidad de modularla experimentalmente. Creo que la posibilidad de generar individuos completos a partir de la reprogramación de una célula somática adulta, no sólo tiene un potencial de aplicación médica muy interesante, sino que descubre un mundo mecanístico por explorar, que puede aportar muchas claves para entender la regulación global del genoma y su relevancia en el desarrollo de enfermedades que afectan a la homeostasis de los tejidos, como el cáncer o las enfermedades degenerativas.