Acércate a...

Entrevista a Miguel Ángel Moreno

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Es difícil definir cuando surgió mi vocación científica, de hecho creo que fue antes de que tuviera conciencia de lo que esas palabras significaban. Lo que si puedo decir es que quizás surgió desde muy pequeño, ya que siempre tuve mucho interés en descubrir cómo funcionaban los objetos que me rodeaban. No soportaba estar al lado de algo que emitía luces o ruidos sin saber que había dentro, me refiero a mi primera locomotora de tren a pilas, era de carcasa metálica y se desplazaba sin control chocando con todas las sillas y paredes lo que sin duda fue el origen de las primeras desavenencias materno-filiales. En pocos días esa flamante locomotora era un esqueleto, para mi muy atractivo, de una mezcla de cables, lámparas y conexiones. Por supuesto no entendía cómo funcionaba pero creo que es un buen ejemplo que ilustra mi interés por «descubrir» en el sentido más amplio de su significado.  

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Creo que son un afán sin medida por la novedad y por el placer que proporciona, que por desgracia es muy efímero, en combinación con la paciencia, perseverancia y mentalidad de un corredor de fondo. La meta la alcanzas en tanto que no te pares. Desgraciadamente muchas veces la meta está lejos o has tomado un camino equivocado y hay que volver a empezar. Mis consejos a los que ahora pretenden iniciar su carrera científica sería que no miren cuanto les queda por recorrer sino que se planteen retos a corto y medio plazo, que vayan cerrando etapas y se vayan preguntando al final de cada una si todavía se levantarían por la mañana con cierta ansiedad pensando en el resultado del experimento que dejaron la noche anterior. Si la respuesta es sí creo que todo está dicho. 

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Mi trabajo se encuadra dentro del campo de las sorderas de origen genético, es decir aquellas que se heredan siguiendo las leyes de Mendel. Entre éstas estoy especialmente involucrado en el estudio de las que siguen un patrón autosómico dominante que son en su mayoría de manifestación postlocutiva (aparecen una vez que se ha adquirido el lenguaje) y que progresan con la edad. Nuestro interés no sólo consiste en la identificación del origen genético (mutaciones responsables) de ese tipo de sorderas, sino que nos interesa conocer cuál es el mecanismo de patogénesis asociado y el impacto que finalmente tienen dichas mutaciones sobre la función de la proteína implicada. Esto hace que desde hace unos años hayamos implementado en el laboratorio técnicas de biología molecular y celular para la realización de los ensayos funcionales y para la generación de modelos animales (ratones transgénicos) para las mutaciones que vamos identificando. Entendemos que el desciframiento de los mecanismos subyacentes es la base para el desarrollo de terapias específicas encaminadas en un futuro a paliar o prevenir la hipoacusia en los sujetos afectos.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Aunque hay muchos que me vienen a la mente y que han tenido especial relevancia, me gustaría resaltar el Proyecto de Secuenciación del Genoma Humano, por su trascendencia y por su utilidad para el conocimiento y diagnóstico de las enfermedades hereditarias. Antes de ese hito científico era muy frustrante encontrar, después de mucho esfuerzo, la región del genoma que debía contener el defecto genético y no poder progresar tan rápidamente como ahora (una decena de clicks con el botón izquierdo del ratón) para saber qué genes están anotados en tu intervalo, seleccionar aquellos que son buenos candidatos y empezar a secuenciarlos. Sin duda ha habido un antes y un después desde el desciframiento del genoma humano que ha propiciado entre otras cosas el enorme desarrollo de nuevas herramientas de análisis (microarrays, deep-sequencing, etc.) de tanta utilidad actualmente en las esferas de la investigación y diagnóstico genético. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Creo que por desgracia hemos avanzado poco y mal en este tema. El sistema es obsoleto y solamente dirigido a crear líderes de grupo, al margen de los agravios comparativos que existen entre los investigadores, digamos consolidados, que en función de los distintos caminos que han seguido desde que empezaron su andadura como asistente voluntario en un departamento (o como becario predoctoral si eras un privilegiado) les ha llevado a consolidarse en el sistema de formas muy diferentes (desde contratado laboral a funcionario). Todo sistema que funcione debería estar jerarquizado (ningún ejército puede estar sólo formado por capitanes generales) y permitirte escalar hasta donde en función de tus aspiraciones decidas llegar. En otras palabras hay muchos ámbitos de la investigación que carecen de carrera profesional, como los investigadores que trabajan en el ámbito hospitalario. De algún modo deberían alcanzarse acuerdos serios en materia de investigación que permitan, al margen de las modas políticas, su desarrollo continuado. Creo que los países que asumieron ese reto hace unas décadas están mejor blindados ante los tiempos de crisis.