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Entrevista a María Monsalve Pérez

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel? 

R.- Como tantos otros soy bióloga por culpa de Félix Rodríguez de la Fuente y de una tía mía, Mª Concepción Pérez. Mi tía se graduó en biología y en farmacia, y empezó el doctorado, pero finalmente optó por hacer el FIR y dejó la carrera investigadora. Ella sentía que era una asignatura pendiente en su vida, así que hizo lo posible por colaborar en proyectos dentro del ámbito hospitalario. Ella me contagió ese interés por la investigación en biomedicina, en una época en la que la biología molecular despegaba con fuerza y orientó mis primeros pasos. Me recomendó estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid y hacer la tesis en el CBMSO, que era entonces el centro de referencia en España. Años más tarde mi tía fue colaboradora mía en un proyecto de investigación, y ella me proporcionó también mis primeros contactos en el ámbito clínico, lo que me ayudó mucho a darle una dimensión translacional a mi investigación.

A los 13 años ya tenía claro que quería estudiar Biología en su rama de Bioquímica y Biología Molecular. Cuando le dije a mi tía que había tomado la decisión de estudiar Biología y seguir la carrera investigadora me dijo algo que nunca olvidaré, me dijo que tuviera cuidado, que la investigación te atrapa y absorbe tu vida por completo, sus palabras exactas fueron, empiezas joven, le das toda tu vida, y cuando te quieres dar cuenta, se te ha pasado la vida. Eso me marcó, y tomé la firme decisión de mantener una parcela privada a toda costa, de tener vida mas allá del laboratorio. Tras recorrer un ya largo camino me doy cuenta de lo importante que fue tomar esa decisión.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié Biología en la Universidad Autónoma de Madrid, en la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular. Dos profesores, José Berenguer en tercero y José Miguel Hermoso en cuarto, despertaron mi interés por los mecanismos que controlan la expresión génica. Hice la tesis en el laboratorio de Margarita Salas bajo la supervisión de Margarita y de Fernando Rojo en el CBMSO, trabajando sobre mecanismos básicos de regulación transcripcional estudiando el fago f29. Luego me fui a los EE.UU. donde trabajé en el laboratorio de Bruce Spiegelman, en el DFCI en Boston. Allí seguí estudiando mecanismos de transcripción pero ahora en células de mamífero. Bruce era entonces conocido porque en su laboratorio se había identificado un factor, PPARgamma que controlaba la diferenciación de los adipocitos y era la diana de un grupo de drogas antidiabéticas, los TZD. Cuando me incorporé, uno de sus postdoctorales acababa de clonar una proteína, PGC-1alfa, que resultó ser un regulador maestro del metabolismo. Yo empecé a trabajar sobre este factor y no he parado hasta la fecha. A partir de aquí, y poco a poco, me fui moviendo desde los mecanismos más básicos a los modelos patológicos y a proyectos con un foco translacional y aplicado. Volví de los EE.UU. con un contrato RyC en su primera convocatoria, al laboratorio de Santiago Lamas, en el CIB. Esto me puso en contacto con el mundo del estrés oxidativo y sus implicaciones patológicas en la vasculatura, temas que tampoco he abandonado desde entonces. Luego tuve la suerte de ser contratada por el CNIC como jefe de grupo, etapa en la que inicié mis proyectos en colaboración con la clínica y más tarde conseguí una plaza del CSIC como Científico Titular, posición que ocupo actualmente en el IIB. Esta etapa para mí ha supuesto el inicio de los contactos con el mundo empresarial y el lograr una dimensión internacional.

P.- ¿La repetiría en su totalidad? 

R.- No me arrepiento de nada, aunque hice muchas cosas mal, creo que todas ellas me enseñaron cosas que no quiero olvidar.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? 

R.- El amor a la ciencia, el afán por descubrir, el no tener miedo a hacer preguntas. Creo que no hace falta ser un Einstein, pero hay que parecerlo.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica? 

R.- No lo hagas por dinero.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- De forma muy simplificada, nuestro organismo tiene dos estados metabólicos que son como el yin y el yang: el glicolítico y el oxidativo. Ambos son necesarios, pero si el balance se rompe y el glicolítico predomina, surgen las enfermedades metabólicas. Todas las enfermedades de alta prevalencia no infecciosas tienen un importante componente metabólico, incluido el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas. Intentamos desarrollar herramientas con valor prognóstico y diagnóstico basadas en el análisis del metabolismo oxidativo para estas enfermedades. Así por ejemplo, los pacientes diabéticos, aunque tengan la glucosa controlada, desarrollan en muchos casos enfermedades vasculares. El seguimiento del metabolismo oxidativo creemos que nos permitirá valorar si un paciente diabético está respondiendo adecuadamente a un tratamiento o si va a desarrollar una enfermedad vascular, lo que permitirá ajustar la medicación al paciente. Además de diabetes trabajamos sobre cáncer, enfermedad del hígado graso no alcohólico y en las alteraciones metabólicas inducidas por ciertos tratamientos farmacológicos y, a través de colaboraciones, en patología renal y en enfermedades neurodegenerativas.
En el año 2005 publicamos en CvR un artículo que identificaba el mecanismo por el cual la activación del metabolismo oxidativo, que es lo que hace la dieta y el ejercicio, hacía a nuestras células más resistentes (más fuertes) frente al estrés y proponíamos que esto era relevante para el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares.
En el año 2016 publicamos en Angiogénesis un artículo que demostraba que la disfunción mitocondrial, aun en ausencia de hiperglicemia, lleva al desarrollo de retinopatía de “tipo” diabético, lo que creemos que fundamenta molecularmente la llamada memoria metabólica, fenómeno por el que los pacientes diabéticos aun teniendo la glucosa perfectamente controlada, acaban desarrollando complicaciones vasculares.
En el año 2017 publicamos en ARS un artículo en el que identificamos el mecanismo que conduce al fallo hepático cuando se transplantan hígados grasos, así como la razón por la cual los protocolos de precondicionamiento funcionan mal con hígados grasos.

P.- ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Muchas veces me pregunto a mí misma cómo acabé aquí, haciendo lo que hago, pero lo cierto es que estoy contenta porque creo 100% en mi trabajo, en su relevancia y en su proyección. Es un área que ha recibido un fuerte impulso en los últimos años gracias a los avances que han vinculado un montón de patologías con las alteraciones del metabolismo, así como al alto grado de disfunción metabólica que sufre nuestra sociedad.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- El desciframiento del código genético.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Cuando acabé la tesis en 1997 alguien me dijo que el genoma humano estaba a punto de ser secuenciado, yo le contesté que no lo creía en absoluto. El año siguiente, 1998, conocí el desarrollo de la metodología para secuenciación masiva y comprendí que me había equivocado.

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R.- La hipótesis que relaciona el Alzheimer con la disfunción endotelial (microvasculatura) tiene muchos años pero es un tema relacionado con mi trabajo que me fascinó cuando lo descubrí y he seguido su dura progresión para establecerse como realidad, que sigue todavía. Los que lo propusieron originalmente creo que fueron visionarios.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Creo que debería existir un programa para hacer una tesis doctoral en investigación biomédica para médicos similar al que existe en los EE.UU., eso mejoraría enormemente la calidad media de las tesis doctorales de los licenciados en medicina y de la investigación biomédica translacional en general.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- No digo nada nuevo si comento que falta dinero, creo que la ciencia española es excelente, a pesar del poco dinero de que se dispone. Cuando les contamos a nuestros colegas extranjeros lo que hacemos con los fondos de los que disponemos, la respuesta es de incredulidad…no puede ser! Dentro de poco llegaremos a santos, por hacer milagros.