Acércate a...

Entrevista a Manuel Serrano

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial? ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- Me interesé en general por la ciencia estudiando el bachillerato. Me sentí atraído, y sigo estándolo, por el hecho de que había muchos fenómenos naturales que se podían explicar, y que ese conocimiento se podía usar para hacer inventos, máquinas, avances, etc. Y quizás lo más interesante de todo: que quedaban muchas cosas aún por explicar.

El inclinarme por la biología fue en gran parte debido a un profesor del bachillerato con quien todavía mantengo contacto. Sus explicaciones de cómo funcionaba la célula, el ADN, y las enzimas, me dejó irreversiblemente fascinado.

He aprendido de mis mentores en las distintas etapas de mi carrera y sigo aprendiendo de mis colegas. Más que consejos sintetizados en una frase, aprendo de su ejemplo, de cómo se comportan y cómo toman decisiones.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Hice la tesis doctoral en el laboratorio de Margarita Salas, bajo la dirección de José Miguel Hermoso, en el Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa» (Madrid). Después me fui a hacer un posdoctoral que duró algo más de 4 años en el laboratorio de David Beach, en Cold Spring Harbor Laboratory (Nueva York, USA). Obtuve después una plaza de investigador del CSIC y me incorporé al Departamento que dirigía y sigue dirigiendo Carlos Martínez en el Centro Nacional de Biotecnología (Madrid). Allí trabajé 7 años que fueron muy productivos. En el 2003, me incorporé al CNIO, entonces dirigido por Mariano Barbacid. Este cambio supuso la posibilidad de dar un paso más en ambición, tamaño del grupo, y recursos, que se ha traducido en un aumento importante en la productividad y en el impacto de nuestra investigación. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- En general veo cuatro características que, en mi opinión, valen tanto para los más jóvenes como para los menos jóvenes:

Concentración: todos los buenos investigadores que conozco y admiro están muy enfocados en el trabajo diario del laboratorio. Me parece esencial una presencia constante y un trabajo constante de supervisión. Hay que aprender a decir que no a muchas cosas que nos distraen (cargos administrativos, viajes no esenciales, compromisos que aportan poco, etc).

Ambición: los investigadores que admiro son muy ambiciosos, quieren descubrir lo que consideran más importante del momento y tener un gran impacto. Luego la realidad es menos espectacular, pero si de entrada uno se concentra en objetivos poco ambiciosos, está abocado a tener logros poco ambiciosos.

Colaboración: todos los investigadores que intento imitar son extremadamente abiertos con su trabajo. En mi experiencia los beneficios de colaborar, ser generoso en compartir reactivos y ser abierto ofreciendo información exceden en mucho los posibles riesgos de que alguien haga «juego sucio».

Liderazgo: es muy importante saber liderar el propio grupo de investigación. Esto es quizás lo más difícil y es un equilibrio de muchas facetas a veces contrapuestas: un buen ambiente de equipo, proyectos bien delimitados y que permitan a cada miembro del laboratorio identificarse con su proyecto, profesionalidad, ambición, inspiración. Para mí, la mayor satisfacción es sorprender a los que trabajan conmigo discutiendo de ciencia, criticando un paper, comentando un seminario, o dándose consejos.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Nuestro tema general son los genes supresores de tumores. Estos genes son conocidos por protegernos del cáncer, pero una tendencia de los últimos años ha sido el descubrir que estos genes hacen muchas otras cosas beneficiosas. La corriente actual es pensar que genes muy importantes para el cáncer como p53 o p16 tienen como función última el asegurar la homeostasis celular, y cualquier alteración que ponga esto en peligro los activa y produce la «auto-eliminación» celular (por apoptosis o por senescencia). De este modo, los genes supresores nos protegen de múltiples enfermedades y no sólo del cáncer.

Creo que hay una tendencia global hacia la fisiología. El conocimiento molecular o celular de los procesos biológicos no captura las sutilezas y las complicaciones de la fisiología, entendida como la intercomunicación entre tipos celulares y entre órganos. Este nivel de comprensión es esencial pues las patologías ocurren en un contexto fisiológico y multi-orgánico. Las investigaciones sobre el cáncer frecuentemente conectan ahora con el metabolismo, con la regeneración de tejidos, con el control por el sistema nervioso, con el componente inflamatorio, etc, etc … Todas estas facetas son importantes. 

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado? ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R.- Dos sorpresas de distinta índole, una derivada de la ciencia de grandes dimensiones (los grandes consorcios internacionales que generan una ingente cantidad de datos quizás con poca creatividad pero con gran potencial informativo) y otra derivada de la ciencia del laboratorio pequeño (con el potencial de ser mucho más creativos):

La secuenciación de los genomas del cáncer está abriendo el campo de la oncología de una manera espectacular. Durante muchos años hemos tenido una visión que ahora parece muy estrecha y simplista: considerar que los oncogenes son siempre proteínas que señalizan proliferación celular, y que los supresores de tumores reaccionan al daño y bloquean la proliferación celular. Esta visión tan corta sólo reflejaba la poca información de la que disponíamos. Gracias a la secuenciación de los genomas del cáncer hoy día sabemos que tan importante como las quinasas que inducen la proliferación celular son las enzimas del metabolismo, la epigenética, los complejos de splicing, los RNAs no codificantes, la traducción de proteínas, el transporte intracelular, etc… etc … etc …

El otro gran descubrimiento para mí ha sido la reprogramación celular de Yamanaka que ha abierto un campo fascinante de investigación mucho más general: la plasticidad celular. Cuando los científicos sepan dominar y controlar la plasticidad celular habrá una verdadera revolución médica. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Esto es muy complicado. La ciencia surge de una cultura y la cultura científica de España es todavía incipiente y está poco extendida. Se ha avanzado enormemente pero aún queda mucho por hacer. Tenemos que demostrar que la ciencia española genera riqueza, creo que esa es la gran asignatura pendiente para que los políticos y los empresarios se tomen la ciencia en serio.
En cuanto a la carrera científica, necesita financiación estable y más apoyo a los jóvenes científicos.