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Entrevista a Carmen Guerrero

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Desde muy joven tuve claro que yo «era de ciencias», quizá influida por un muy buen profesor que tuve en el colegio, D. José María del Amo. Estuve a punto de decantarme por las matemáticas pero finalmente me pareció que la carrera de Exactas podía ser muy árida para mí. Me decidí por Biología, atraída por la amplia formación que ofrecía. Precisamente en la Universidad de León, que es donde estudié, justo el año de inicio de mis estudios comenzó un plan nuevo donde ya desde el primer curso se impartían asignaturas especializadas. La carrera me entusiasmó desde el primer momento. Si tuviera que volver a elegir repetiría, me parece una carrera muy completa. Mi interés por la Bioquímica y la Biología Molecular surgió hacia los cursos finales de la carrera, y tuve claro entonces que me gustaría hacer una tesis doctoral en alguna de esas áreas. Durante la etapa predoctoral, conseguí una beca para un curso de verano de la Universidad Menéndez Pelayo y allí, escuchando las charlas de Eugenio Santos, Ángel Pellicer, Vicente Notario y Luis Parada es cuando se inoculó en mí la idea de la investigación en cáncer.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié la carrera de Biología en la Universidad de León, realizando mi tesis doctoral bajo la dirección del Dr. Juan Francisco Martín en el Departamento de Ecología, Genética y Microbiología de dicha Universidad, donde adquirí una muy buena formación en Microbiología y Biología Molecular. Mi tesis doctoral consistió en la clonación del operón de biosíntesis de triptófano de la corinebacteria Brevibacterium lactorfermentum y la caracterización de sus señales reguladoras. Al finalizar mi tesis doctoral me trasladé a los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) en Bethesda, Maryland, donde realicé una estancia postdoctoral en el laboratorio del Dr. Eugenio Santos. Durante los 5 años de esta estancia trabajé en la clonación y caracterización de varios genes activadores de proteínas de la familia Ras, los denominados factores intercambiadores de nucleótidos de guanina o GEFs, como Grf1, Sos1 y C3G. En esta etapa se iniciaron los estudios sobre la actividad supresora de la transformación del gen C3G, los cuales retomé al regresar a España.

Tras esta primera etapa Postdoctoral, me trasladé al «Department of Pulmonary and Critical Care Medicine» en el hospital Michael Reese de Chicago donde realicé una estancia de 2 años como investigador independiente «Junior» en el laboratorio del Dr. Jacob I. Sznajder, especialista en enfermedades pulmonares. Durante esta etapa investigué el papel que tiene la ruta de Ras sobre la activación de la bomba de sodio, inducida por dopamina, utilizando un modelo de células alveolares de rata.

En julio de 1999 me incorporé de nuevo al equipo investigador del Dr. Santos en el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca y en el año 2001 obtuve un contrato del Programa Ramón y Cajal. Posteriormente obtuve un contrato de Profesor Contratado Doctor por la Universidad de Salamanca y finalmente, en el año 2011 una plaza de Profesor Titular de la Universidad de Salamanca, donde imparto mi actividad docente en el Grado en Farmacia.

Durante estos últimos años he establecido un grupo de investigación centrado en la participación de la proteína C3G en distintas patologías, como la leucemia mieloide crónica y, más recientemente, su posible implicación en la función plaquetaria y la isquemia cardiaca, proyectos realizados en colaboración con varios grupos y en especial con el grupo de la Dra. Almudena Porras (Facultad de Farmacia, UCM) y del Dr. José Ramón González Porras (Unidad de Trombosis y Hemostasia, Hospital Clínico de Salamanca).

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Les diría que la carrera científica es una carrera de fondo. A veces puede resultar ingrata y frustrante pero a la larga, cuando hay verdadera dedicación, siempre da sus frutos. Es importante inculcar una buena base técnica a los estudiantes, pero sobre todo creo que es fundamental la motivación, inculcarles entusiasmo por lo que hacen.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Actualmente nuestro trabajo se centra en determinar el papel de la proteína C3G en la cardiopatía isquémica, teniendo en cuenta tanto a la propia proteína de los cardiomiocitos como a la expresada en plaquetas. Recientemente hemos demostrado que la expresión transgénica de C3G en plaquetas tiene una función en la hemostasia a través de la regulación de la activación de la integrina plaquetaria αIIbβ3. Además, C3G modifica el perfil proteico del secretoma plaquetario generado por la activación de trombina. Se sabe que, aparte de su función esencial en la hemostasia, las plaquetas juegan un papel en la regulación de diversos procesos, entre ellos la angiogénesis. Por otra parte, la mayoría de los síndromes cardiovasculares implican la desregulación de la función plaquetaria, no solo por la habilidad de las plaquetas de frenar el flujo coronario a través de la formación de coágulos, sino también por su implicación en el daño por reperfusión tras el infarto de miocardio, que implica la adhesión de las plaquetas a diferentes tejidos, así como interacciones entre plaquetas y células inflamatorias. Por ello, nuestro grupo está interesado en estudiar el posible papel de C3G en la regulación de la liberación diferencial de sustancias pro- y anti-angiogénicas contenidas en los gránulos α de las plaquetas que puedan tener una repercusión en la revascularización del tejido cardiaco durante la reperfusión tras una situación de isquemia. En esta línea, estamos también evaluando la expresión de C3G en muestras de sangre periférica de pacientes con Síndrome Coronario con elevación del ST, con el fin de correlacionar la expresión de C3G con el remodelado cardiaco post-infarto y, en definitiva, el pronóstico de estos pacientes.

Creemos que el estudio en profundidad del C3G plaquetario en el síndrome coronario agudo podría derivar en su futura utilización como marcador pronóstico de fácil y rápida evaluación y/o diana terapéutica en dicha patología. Esto es de gran relevancia, teniendo en cuenta que los síndromes cardiovasculares constituyen la principal causa de mortalidad en los países industrializados.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Como trascendental para la humanidad, el descubrimiento de la Penicilina y los antibióticos en general. Pero, como bióloga molecular, creo que la invención del método de la PCR marca un antes y un después en la investigación biomédica. Hoy en día no hay ningún ámbito de la Biomedicina que no aplique técnicas basadas en la PCR. Quizá este descubrimiento me ha impactado especialmente porque yo he vivido ese «antes y después».

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Es preocupante la actual incertidumbre en la carrera científica en España, que afecta a prácticamente todas las etapas profesionales. En primer lugar, cada vez es más difícil el acceso de los estudiantes a programas de doctorado, debido a la severa reducción de becas y contratos en los últimos años. Del mismo modo los programas de retorno son escasos para reincorporar al sistema español a aquellos investigadores que realizan etapas de formación en el extranjero. Además, resulta frustrante constatar que cada vez es menor el porcentaje de estudiantes de doctorado españoles que logra la estabilización en nuestro sistema, el cual también es ineficiente para atraer investigadores de otros países. La falta de oportunidades, continuidad y consistencia está generando inseguridad en los estudiantes de grados en Ciencias Biomédicas y cada vez son más los que optan por otras salidas. A medio y largo plazo esto puede causar un daño profundo en la I+D+i española, reduciendo nuestra capacidad de innovación y acentuando la brecha con otros países de nuestro entorno.