Un sentido no tan olvidado

El psicólogo Jonas Olofsson explora toda la emoción y poética del olfato, nos explica por qué llegamos a olvidar que está ahí, y, no obstante, por qué es uno de los sentidos más importantes para anclarnos al mundo y para permitirnos sobrevivir en él.
The forgotten sense: the new science of smell
Jonas Olofsson
William Collins, Glasgow 2025, 224 p

Antes de 2020, pocas personas conocían la palabra «anosmia». A lo largo de ese año, con la pandemia por SARS-CoV-19 en pleno apogeo, esa aparentemente inofensiva palabra se convirtió en una dolorosa realidad para cientos de miles de personas, que experimentaron a la vez, y por primera vez, cómo es vivir sin olfato. Algunas personas, como yo misma, perdimos el olfato únicamente durante unos días, que se hicieron eternos. Otras, menos afortunadas, no lo pudieron recuperar. Todas, nos dimos cuenta de que el olfato no sólo es útil para decidir que es mejor no comer ese alimento olvidado en el fondo del frigorífico, no sólo es molesto cuando entramos en un metro abarrotado al final de la jornada laboral. El olfato es ese sentido que no se puede «apagar» a voluntad, pero que cuando se «apaga» por culpa de una infección, una enfermedad, o un accidente, nos deja en un mundo que parece menos real. Recuerdo de aquellos días de anosmia y encierro tres cosas. La primera, cómo cada mañana entraba en la cocina, y abría uno por uno los envases de lavavajillas, de orégano, de detergente de la ropa, de café; acercaba la nariz e inspiraba profundamente intentando notar algo (muchos años estudiando el sistema olfativo me habían enseñado que el olfato se puede entrenar, que había esperanza en recuperarlo gracias a la neurogénesis del epitelio olfativo). Nada. La segunda, cómo el pollo sabía a metal, y el café sabía a algo indescriptible y sucio, pero que recordaba a un resfriado anterior, muchos años atrás (en castellano, todo es sabor, pero en inglés podemos entender mejor que el flavour no solo se compone de taste, también de odour). La tercera, cuando cada noche me recostaba con mi hija de dos años, intentaba percibir ese olor que solo tienen los bebés grandes en lo alto de la cabecita, y me angustiaba terriblemente pensando que nunca lo iba a volver a percibir, que había perdido algo insustituible. Porque, como dicen los investigadores Yeshurun y Sobel, los olores no son sino emociones percibidas1.

El psicólogo Jonas Olofsson explora en The Forgotten Sense toda esta emoción y poética del olfato, nos explica por qué llegamos a olvidar que está ahí, y, no obstante, por qué es uno de los sentidos más importantes para anclarnos al mundo y para permitirnos sobrevivir en él. Y lo hace de una forma amena, siempre sin perder el rigor, desde los mecanismos moleculares que subyacen a la percepción olfativa hasta los núcleos cerebrales que la procesan. Por supuesto, hay un capítulo dedicado a la pandemia de COVID-19, y cómo supuso un antes y un después en el interés que despierta la investigación sobre el sistema olfativo, mucho más de moda desde entonces. Pero el autor no solo revisa de forma exhaustiva las investigaciones sobre la importancia del olfato en el comportamiento ingestivo (qué comemos, cuándo, por qué), en el comportamiento social (¿es que acaso tenemos feromonas los humanos? Spoiler: no parece), en el aprendizaje y en la memoria, sino que desmonta mitos, aborda los problemas de la baja replicabilidad de los estudios, y apunta a la multiplicidad de factores biológicos, de género, sociales, que afectan a nuestra percepción olfativa. También nos quiere convencer de que, entrenando nuestro olfato, estamos entrenando nuestras capacidades cognitivas (no hay sistema más neuroplástico que el olfativo). Desde el prisma de haber investigado sobre la neurobiología del sistema olfativo durante las últimas dos décadas, es cierto que el libro no me ha enseñado demasiadas cosas nuevas, más bien ha sido un agradable paseo en el que encontrarme con viejos conocidos, de una forma clara, muy amable, divertida a veces, emocionante otras. Quizá como único pero a la edición, y siempre desde el mismo prisma, me hubiera gustado que las referencias, bien documentadas y actualizadas, no apareciesen solo al final del libro, sino referenciadas en el capítulo correspondiente. En todo caso, este libro es más que recomendable para cualquiera interesado en saber más sobre el olfato (o los olfatos, ya que, aunque el ser humano sólo conserve uno, la mayoría de nuestros parientes mamíferos poseen dos sistemas olfativos), un sentido que ya nunca más olvidaremos, el más antiguo evolutivamente hablando: hasta una bacteria puede «oler», si convenimos en que oler es sentir las sustancias químicas que encontramos en el ambiente. Y nos maravillaremos pensando en cómo nuestro cerebro es capaz de convertir esas sustancias químicas en emoción percibida.

  1. Yeshurun Y, Sobel N. (2010) An odor is not worth a thousand words: from multidimensional odors to unidimensional odor objects. Annu. Rev. Psychol. 61:219-241. doi: 10.1146/annurev.psych.60.110707.163639.