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Entrevista a Sonsoles Hortelano

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Mi vocación científica se inició desde muy joven, aunque en ese momento no fuese consciente de lo que significaba ser investigador. Ya desde pequeña sentía una gran inquietud por conocer el funcionamiento de todas las cosas y tuve la suerte de contar con muy buenos profesores que me ayudaron a formar mi espíritu científico. En el colegio, la profesora de ciencias naturales nos incitaba a preguntar por todo, transmitiéndonos su entusiasmo por la ciencia. Así cuando terminé COU, decidí estudiar Farmacia, porque me atraía la idea de trabajar en un laboratorio farmacéutico y poder participar en el diseño de nuevos fármacos. Sin embargo, todo cambió cuando en cuarto de carrera, opté por la especialidad de Bioquímica, y coincidí con el profesor Ángel Giménez Solves. Siempre nos decía que había que pensar, y vaya si lo hicimos durante los dos años que nos dio clases. Gracias a él tuve la oportunidad de conocer al Dr. Lisardo Boscá, e incorporarme a su grupo para realizar la tesis doctoral. Bajo su dirección descubrí definitivamente mi vocación, ya que supo transmitirme su pasión por el saber.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Creo que son varias: curiosidad, tenacidad y perseverancia, capacidad de autocrítica y colaboración. Curiosidad porque es importante plantearse preguntas, y sobre todo buenas preguntas que nos ayuden a obtener respuestas relevantes e interesantes. Tenacidad y perseverancia porque es necesario ser constante. A esta carrera hay que dedicarle muchas horas, y exige muchos sacrificios por lo que es imprescindible no desanimarse nunca. No debemos olvidar que la carrera científica es una carrera de fondo en la que muchos de los buenos resultados se obtienen después de muchos años de trabajo. Capacidad de autocrítica para reconocer los errores y nuestras limitaciones y ponerles remedio. Y finalmente colaboración. Hay que ser generosos con nuestro trabajo sobre todo en estos tiempos en los que se tiende cada vez más a una ciencia multidisciplinar en la que la colaboración es fundamental. 

P.- ¿Qué consejos daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Yo les diría que elijan bien el laboratorio donde van a realizar su tesis doctoral. Creo que es muy importante que el campo en el que vayan a trabajar les entusiasme, y que el grupo sea dinámico, transmita esa pasión por la ciencia y se involucre en la formación. Y por supuesto que sean perseverantes, entusiastas y no teman correr riesgos.

P.- ¿Podría describirnos cuál es su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Nuestro grupo de investigación se encuentra interesado desde hace varios años en el estudio de los mecanismos que regulan la respuesta inmunitaria innata. Así buscamos un mejor entendimiento de las señales implicadas en la puesta en marcha de este proceso y en la resolución del mismo, como una de las primeras líneas de intervención frente a numerosas patologías. Desde el año 2005, el grupo se ha interesado en el estudio de las funciones del gen supresor de tumores ARF en el contexto de la inflamación y la inmunidad innata, habiendo puesto de manifiesto que ARF desempeña un papel crítico en los mecanismos moleculares que regulan la respuesta inmunitaria innata, así como en la activación de los macrófagos. Por otro lado, también trabajamos en el diseño y la identificación de nuevos agentes terapéuticos, a partir de productos naturales.
Nuestro objetivo se centra en conocer en profundidad qué alteraciones del sistema inmune o del proceso inflamatorio son responsables de algunas de las patologías inflamatorias más importantes, identificándolas como posibles dianas de intervención terapéutica, lo que nos permitiría diseñar fármacos más eficaces.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Quizás uno de los déficits más importantes de la carrera científica en España es la falta de un programa de estabilización, realmente eficaz, para los jóvenes investigadores. Aunque durante algunos años parecía que se iba a dotar a la carrera investigadora en España de cierta estabilidad con la implantación de programas de consolidación como el Ramón y Cajal o el Miguel Servet, la situación actual nos demuestra que no existe en España una política científica a largo plazo. Muchos de los investigadores contratados en las primeras convocatorias, aún habiéndoseles reconocido la excelencia, no han consolidado su posición por falta de previsión presupuestaria, viéndose en el mejor de los casos avocados a regresar de nuevo al extranjero. Sin esta necesaria renovación generacional, las plantillas de los organismos de investigación se nutren de «jóvenes investigadores», algunos con más de cuatro décadas ya a sus espaldas, que han accedido al sistema mediante procesos de funcionarización y a los que se les exige el liderazgo de líneas independientes. Esto conduce a la atomización de los grupos, dificultando la obtención de suficiente masa crítica para ser altamente competitivos. Es por ello que resulta imprescindible ampliar las formas de acceso a la carrera científica, flexibilizando las formas de contratación y contemplando posiciones de colaboradores senior en grupos ya establecidos, para lo cual será necesario incrementar y mantener el esfuerzo presupuestario dedicado a la ciencia.

Por otra parte, un aspecto realmente preocupante es la falta de valoración de la ciencia por parte de la sociedad. En este sentido nos queda mucho camino por recorrer. En un estudio reciente realizado en varios países europeos sobre la percepción de la ciencia por parte de la sociedad, España se situaba en uno de los niveles más bajos de conocimiento científico y aunque la valoración global de los científicos ha mejorado, la valoración más positiva estaba directamente relacionada con un mayor nivel de cercanía con la ciencia y el mayor conocimiento científico. No cabe duda de la necesidad de una reforma educativa de la sociedad, para que la ciencia se empiece a ver como el motor principal de nuestro desarrollo. Sin conocimiento, no puede haber progreso.