Acércate a...

Entrevista a Sonia Fernández Veledo

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- La verdad es que desde pequeñita siempre tuve cierta inquietud por todo lo relacionado con las ciencias de la vida. «Érase una vez el cuerpo humano» era una de mis series de dibujos favorita. Me maravillaba cómo las plaquetas se colocaban para cicatrizar una herida o cómo corrían los impulsos nerviosos. Pero fue a los 16 años cuando vi claramente a qué me quería dedicar, acababa de ver «Los últimos días del Edén» con Sean Connery, un científico que descubre en la selva de Brasil una sustancia que cura el cáncer. Creo que fue en ese momento cuando decidí que quería estudiar Bioquímica, dedicarme a la investigación y viajar a los lugares más insospechados, a la búsqueda del tratamiento para alguna de las muchas enfermedades que a día de hoy no tienen cura. Evidentemente, muchos de los sueños de juventud son eso, sueños. Aunque en mi caso me puedo sentir satisfecha, conseguí estudiar Bioquímica y dedicarme a lo que más me gusta, la ciencia.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial? 

R.- El apoyo incondicional de mi familia ha sido imprescindible pero ha habido dos personas que han influido claramente en mi carrera científica. Por un lado, Marçal Pastor-Anglada, mi «padre científico». Él fue quien me brindó la primera oportunidad ofreciéndome la posibilidad de realizar la tesis en su grupo de investigación. Me contagió su amor por la ciencia, confió en mi y me ayudó a levantar el vuelo…Fue más que un director de tesis y tengo la inmensa suerte de seguir contando con su apoyo. Pero también he tenido una «madre científica», Margarita Lorenzo, junto a la que he «volado» durante los últimos años. Con ella seguí disfrutando de la ciencia, viajé, di mis primeros pasos como investigadora a nivel internacional y aprendí que el trabajo en equipo es uno de los secretos del éxito. Su generosidad ha sido clave en el desarrollo de mi carrera profesional y por ello le estaré eternamente agradecida. Desgraciadamente se ha ido demasiado pronto pero estoy convencida de que le gustaría saber que «ha creado escuela» y que sus chicas (como le gustaba llamarnos), seguiremos trabajando, estemos donde estemos, con la pasión y la constancia que siempre nos transmitió.

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual sigue siendo fiel?

R.- Sí, o al menos lo intento. Cuando estaba estudiando Bioquímica conocí al Dr. Manuel Elkin Patarroyo, al que admiraba no sólo por su carrera científica sino también por sus valores humanos. Fueron básicamente 3 minutos de conversación, conseguí hacerme una foto con él y que me firmara un autógrafo (de un cazador de ilusiones). Vamos, como una adolescente delante de su cantante favorito…Recuerdo que le dije que le admiraba, que yo me quería dedicar a la ciencia…y él me contestó que nunca dejara de perseguir mis sueños, porque a veces se vuelven realidad. Y eso es lo que intento, tanto en mi carrera científica como en mi vida personal, trabajar y esforzarme para intentar conseguir mis metas. Considero que la suerte juega un papel muy importante en nuestras vidas pero cuando te sonríe hay que estar preparado… 

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.-Estudié Bioquímica en la Universidad de Barcelona. Allí también realicé mi Tesis Doctoral en el Laboratorio de Marçal Pastor-Anglada. Posteriormente, obtuve un contrato «Juan de la Cierva» del Ministerio de Ciencia e Innovación para trabajar en el Laboratorio de Margarita Lorenzo, así que dejé los transportadores de nucleósidos y mi querida Barcelona para trasladarme a Madrid y redireccionar mi investigación hacia la resistencia a insulina y la Diabetes de Tipo 2. En el 2007 realicé una estancia en The Scripps Research Institute (La Jolla, California) y a la vuelta continué mi labor investigadora junto a Margarita gracias a un contrato de perfeccionamiento de doctores del Instituto de Salud Carlos III. Durante el 2009 he trabajado con Manuel Fresno Escudero del Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa» y he colaborado con Federico Mayor-Menéndez del mismo centro.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Aunque hoy en día en España se hace ciencia de muy alto nivel, tengo la espinita clavada de no haberme ido a hacer un postdoc largo en el extranjero. Claro que de ser así, probablemente mi trayectoria científica hubiera sido muy diferente. No habría tenido la suerte de trabajar junto a Margarita. Con ella mi etapa postdoctoral ha sido «especial», su confianza en mí y su generosidad me han permitido aprender a gestionar un grupo, a establecer colaboraciones, a ser la investigadora principal de un proyecto… Así que no me arrepiento de ninguna de las decisiones que he ido tomando a lo largo de mi vida porque es necesario equivocarse para realmente valorar los aciertos.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Aunque no tiene que ver con mi campo ni con las Ciencias de la Vida, para mí el principal avance científico del siglo pasado fueron las redes de comunicación e Internet, sin lugar a dudas. En mi opinión ha sido el gran invento del siglo XX no sólo porque permite divulgar el conocimiento y el acceso a la información de manera masiva e inmediata sino también por el impacto que ha tenido en nuestra sociedad.