Acércate a...

Entrevista a Ramón Muñoz-Chápuli

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Puede sonar tópico, pero creo que desde niño. Cuando tenía seis o siete años mis padres adquirieron una enciclopedia dirigida a los niños y adolescentes. El tomo dedicado a la Ciencia era mi favorito, y lo releí hasta casi memorizarlo. Más adelante reuní libros de divulgación sobre astronomía, física, química… Y finalmente me decidí cuando tenía quince años a estudiar Biología. En el fondo pertenezco a esa generación de biólogos a la que tanto influyó Félix Rodríguez de la Fuente. Pero la verdad es que mi vocación y mi fascinación por el fenómeno de la vida no ha hecho más que crecer con el tiempo. La capacidad de la Biología para sorprendernos continuamente parece inagotable, y es difícil decir esto de cualquier otra disciplina o tarea humana.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician sus carreras científicas?

R.- Probablemente un 50% de imaginación creativa y capacidad para relacionar y combinar conceptos, un 50% de constancia y tenacidad, y un 100% adicional de amor y entusiasmo hacia su trabajo. El trabajo del investigador es excepcional en el sentido de que cada día nos trae una aventura o un desafío nuevo. Saber por qué el experimento no sale, o qué significa un resultado inesperado, o cómo interpretar las observaciones. Esta es la parte positiva y excitante, el lado oscuro lo componen las dificultades para hacer ciencia en la actualidad, con presupuestos reducidos, burocracia excesiva, dedicación a cuestiones administrativas al margen de lo científico… A los jóvenes investigadores debemos advertirles de que van a encontrar unas dificultades enormes, mucho mayores que las que tuvimos nosotros que afrontar. Esa es la explicación de que en el cóctel que he mencionado antes, los ingredientes sumen un 200%.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Como he reflejado en el artículo de divulgación, me interesa mucho conocer cómo han surgido en la evolución las distintas innovaciones que han llevado a organizar, en los vertebrados, un sistema circulatorio absolutamente excepcional en el Reino Animal. Creo que se insiste poco en que si los vertebrados son activos y grandes (de hecho alcanzan los mayores tamaños entre los animales), es gracias a la existencia de un sistema cardiovascular altamente especializado, eficiente y potente que distribuye oxígeno y nutrientes por todo el cuerpo y retira los desechos. Pensemos, por ejemplo, que el endotelio vascular es un «invento» de los vertebrados. Y más allá de un simple revestimiento interno de los vasos, el endotelio implica cooperación con el sistema inmune, control del tono vascular y regulación de la angiogénesis, el proceso que permite el crecimiento de los vasos por todo el organismo. Nosotros hemos propuesto un escenario para explicar el origen de esta innovación evolutiva.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Todo lo que ha llevado a la comprensión del fenómeno de la vida en términos moleculares, fisicoquímicos, debería ser la respuesta obvia. Pero me gustaría destacar lo que ha supuesto para la ciencia y para la humanidad en general el fenómeno Internet. El trabajo científico ha sido radicalmente transformado por Internet, a la hora de recoger, almacenar y procesar información, a la hora de comunicarnos entre nosotros, colaborar, consultar dudas y difundir nuestros resultados. El avance del conocimiento en las últimas décadas debe mucho a Internet.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Como en tantos otros ámbitos, yo echo de menos una auténtica política científica de estado. Echo en falta un consenso político y social sobre qué investigación científica queremos, de qué tamaño y con qué financiación. Sobre cuáles deben ser sus objetivos y cómo deben evaluarse sus resultados. No se puede entender la investigación como una parte del proceso productivo o del mercado, sino como una empresa humana colectiva para hacer retroceder la frontera del desconocimiento. Y aquí no hay disyuntiva entre ciencia básica o aplicada. Es necesario que todos entendamos que cuando utilizamos un aparato electrónico, vemos la televisión, ponemos el aire acondicionado o viajamos en avión, nos beneficiamos del resultado final del trabajo de miles de científicos conocidos o anónimos, que hicieron ciencia básica o aplicada, con mayor o menor apoyo y reconocimiento público. Si queremos resolver los desafíos que sigue teniendo la humanidad, por no mencionar a los nuevos y graves problemas que estamos generando, hay que sostener la investigación científica.