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Entrevista a Pedro M. Fernández Salguero

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial? ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- Mi vocación científica creo que fue consecuencia de la propia curiosidad, de querer saber qué hay dentro de las cosas y de tratar de averiguar por qué un determinado juguete se movía o encendía una luz; esto supuso a menudo el tener que guardar más de una pieza en una bolsa por no poder reponerla en su sitio. En las etapas iniciales como alumno de bachillerato me influyó bastante el profesor de Ciencias Naturales quien, a pesar de no ser demasiado joven, mostraba siempre una inquietud y un interés especiales que me animaron a interesarme por la Biología. Por el uso que le he dado posteriormente, creo que el consejo más importante que recibí siendo joven es que la constancia y el tesón en el trabajo y en el cumplimiento de las responsabilidades propias son esenciales para afrontar cualquier reto que nos planteemos, incluida la investigación.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- El inicio de mi trayectoria profesional creo que se sitúa en el momento en que decidí estudiar Biología tras la educación secundaria que recibí en el Colegio Claret de Don Benito. Realicé la Licenciatura en Biología en la Universidad de Extremadura (1981-1986) optando por la rama dedicada a la Biología Molecular y Celular. Simultaneé el último año de carrera con la realización de la Tesis de Licenciatura. Gracias a la obtención de una beca FPI en 1987, pude comenzar la Tesis Doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular y Genética de la Universidad de Extremadura bajo la dirección del profesor Carlos Gutiérrez Merino. Esta etapa supuso para mí la constatación de que quería dedicarme a la investigación. Para ello, llevé a cabo una estancia posdoctoral en el laboratorio del Dr. Frank Gonzalez en el National Cancer Institute (NIH, Bethesda, Maryland, EE.UU.) desde finales de 1991 hasta primeros de 1997. Estos fueron unos años decisivos para mi formación científica y personal que sentaron las bases para etapas posteriores como investigador independiente. Tras este periodo en el NIH, me reincorporé como becario posdoctoral a la Universidad de Extremadura, situación que mantuve hasta que conseguí una plaza como profesor titular de Universidad en 1998. En ese momento comencé la tarea de poner en marcha una línea de investigación propia y de establecer un equipo de trabajo con inquietud y entusiasmo. Con la primera financiación, y con la ayuda de un gran número de colegas, pudimos finalmente desarrollar nuestras propias ideas para, con el tiempo, consolidar nuestro grupo de investigación. En el año 2010 obtuve una cátedra de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Extremadura gracias a la cual compagino mi tarea docente con la investigadora. Asociada a estas actividades está mi colaboración en la gestión del Plan Nacional y de otras convocatorias de proyectos de investigación. Con una mirada retrospectiva, hay decisiones que tal vez me gustaría cambiar, pero considerándola en su conjunto, creo que repetiría mi actividad profesional en su práctica totalidad.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Las cualidades que, en mi opinión, definen a un buen investigador son el interés por aprender y por contribuir a la generación de conocimiento, la constancia y la perseverancia en la resolución de un problema científico, la imaginación y la disposición para abordar retos, la humildad para aceptar las críticas y aprender así de los errores, la capacidad y la generosidad para colaborar con otros investigadores y el saber enseñar y motivar a los jóvenes aún en situaciones difíciles. Creo que estas cualidades, sin excluir otras, podrían definir a un investigador. No es fácil dar consejos a los jóvenes que inician ahora su carrera científica dada la incertidumbre que rodea (y que de algún modo siempre ha rodeado) a la investigación en España. Yo les aconsejaría que mediten detenidamente si la investigación es la profesión que realmente quieren desarrollar y, que de ser así, mantengan la ilusión y el entusiasmo y sean persistentes y tenaces en su trabajo, no perdiendo de vista que ésta es una carrera de fondo en la que las metas se van consiguiendo poco a poco.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Nuestro grupo trabaja en aspectos moleculares del cáncer. A lo largo de los últimos años hemos estudiado desde aspectos muy básicos de regulación transcripcional de genes implicados en progresión tumoral hasta temáticas con mayor enfoque traslacional acerca del efecto quimiopreventivo de moléculas de origen natural. Más recientemente, estamos investigando la implicación del receptor de dioxina (AhR) en el control de la adhesión y la migración de células mesenquimales y epiteliales tanto en condiciones basales como durante el proceso de metástasis tumoral y en la interacción tumor-estroma. Por otro lado, estamos analizando nuevos mecanismos de regulación de la diferenciación celular en lo que respecta a su relación con la pluripotencia y la reprogramación celular. En esta línea de investigación, nos centramos en el papel de retroelementos de la familia Alu/SINE como moduladores de la expresión de genes que mantienen el estado indiferenciado durante el desarrollo y la progresión tumoral. Para llevar a cabo estos estudios utilizamos modelos celulares y animales así como biopsias tumorales humanas. La transcendencia de nuestra investigación radica en que esperamos contribuir no sólo al conocimiento de los mecanismos básicos por los que se regulan ciertos genes relevantes en pluripotencia, sino también a aportar información sobre su posible valor traslacional en cáncer. El futuro de este área científica es prometedor y plenamente actual. Por un lado, el interés por los procesos de diferenciación, pluripotencia y reprogramación celular ha experimentado un auge muy significativo recientemente. Por otro lado, la implicación de los elementos repetitivos en la funcionalidad del genoma parece cada vez más evidente. La integración de ambos ofrece un área científica muy novedosa, atractiva intelectualmente y de previsible potencialidad básica y traslacional a corto-medio plazo en Biomedicina.   

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX? ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado? ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R.- En mi opinión, el avance científico más relevante en Biomedicina del siglo XX combina el descubrimiento de la estructura del DNA con la caracterización de su replicación y transcripción. En su conjunto, este hallazgo ha tenido una enorme repercusión en muchas y diversas facetas del conocimiento y ha sido seminal en Biología y Genética Molecular, habiendo permitido el desarrollo de algunas de las herramientas de investigación más potentes, informativas y universales que conocemos. Su impacto ha conducido a mejoras de gran alcance en el diagnóstico y pronóstico de un buen número de enfermedades y de patologías. Tal vez por la cercanía con la investigación que llevamos a cabo en nuestro propio grupo, diría que me ha impresionado especialmente el descubrimiento de la reversibilidad y bidireccionalidad de la diferenciación celular. Este descubrimiento ha conducido a la reprogramación de células diferenciadas hacia células pluripotentes inducibles (iPS), las cuales pueden ser a su vez rediferenciadas hacia otros tipos celulares específicos. Esto no sólo ha supuesto un cambio radical en alguno de los conceptos más establecidos en Biología Celular, sino que es además probable que represente una herramienta de gran impacto biomédico a medio plazo para la obtención de tipos celulares con utilidad terapéutica. Dentro de mi área de trabajo, me han sorprendido especialmente los estudios que están identificando funciones para la enorme cantidad de material genético presente en el genoma (por ejemplo el humano) y que no contiene secuencias codificantes de proteínas. En particular, las cada vez más numerosas evidencias de que los elementos repetitivos dispersos por el genoma modulan procesos importantes para la fisiología y la homeostasis celular ofrecen nuevas perspectivas sobre cuestiones diversas tales como estabilidad y evolución del genoma, regulación génica, epigenética y alteraciones genéticas y sus patologías asociadas. Es previsible que durante los próximos años el estudio de los RNA no codificantes y de sus mecanismos de procesamiento revele aspectos sorprendentes del funcionamiento celular.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- La carrera científica en España está insuficientemente articulada y ésta es una debilidad de nuestro sistema de investigación que aún no ha sido resuelta. A pesar de la existencia de diferentes programas formativos y de estabilización de investigadores y profesores universitarios, no disponemos aún de una trayectoria investigadora establecida y estable que elimine la incertidumbre y la falta de pronóstico que, en no pocos casos, lastran el interés y la ilusión de los jóvenes que deciden dedicarse a la investigación. La formación de un investigador requiere realizar y completar exitosamente una serie de etapas, en general muy dilatadas en el tiempo, y que consumen mucho esfuerzo y energía. Afrontar estas etapas sin que exista una previsión razonable de metas que se pueden ir alcanzado en base a una serie de objetivos cumplidos, hace que muchos jóvenes con gran potencial opten por salidas profesionales diferentes. Y lo que puede ser aún peor, que se produzcan abandonos a mitad del recorrido o que nuestro sistema científico pierda a investigadores plenamente formados por no poder acogerlos precisamente cuando están más capacitados para iniciar líneas propias de investigación. En este sentido, no nos podemos permitir malgastar a aquellas personas en las que se ha realizado una gran inversión de recursos y de tiempo por no disponer de una previsión acertada de salida profesional. La puesta en marcha de la de la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación aprobada en 2011 debería implementar la carrera investigadora y contribuir decisivamente a resolver algunos de esos problemas. Un aspecto adicional que condiciona la competitividad de nuestra investigación es la insuficiente y variable financiación que se destina a los diferentes programas nacionales y regionales. La concurrencia a programas competitivos implica que sólo las mejores propuestas pueden ser financiadas. Siendo esto cierto, no lo es menos que por falta de recursos está aumentando el número de grupos de investigación que, haciendo una buena labor y siendo suficientemente productivos, no alcanzan suficiente prioridad para ser financiados con los presupuestos disponibles, con lo que quedan fuera del sistema o se exponen a estarlo. Resulta necesario disponer de un plan de financiación estable y suficiente para la investigación que permita mantener una masa crítica de investigadores y evite la pérdida de capital humano y de competitividad. Adicionalmente, se debe hacer un esfuerzo para aumentar la captación de recursos privados en investigación, aplicando medidas (fiscales o de otro tipo) que animen a empresas y a mecenas a invertir en esta actividad de incuestionable transcendencia social.