Acércate a...

Entrevista a Patricia Boya

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿le influyó alguien de forma especial?

R.- No recuerdo querer ser otra cosa que científica. Uno de mis primeros recuerdos en ese sentido era mirar por el ocular de un microscopio -medio de juguete que había pedido por mi cumpleaños- cómo se movían los «bichitos» que había en el agua de los charcos. Aunque físico teórico, mi padre tenía una gran interés por la biología y por el origen de la vida que me trasmitió desde pequeña. Posteriormente una profesora de biología, Carmen Díez, en el Instituto Goya en Zaragoza acabó de despertar en mí la pasión por la biología y por conocer cómo funcionan las células y nuestro cuerpo.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Al finalizar el Instituto, cursé primero de Biología en la Universidad de Texas en Austin a la vez que mi padre realizaba un año sabático en esa Universidad. Posteriormente continué mis estudios de Biología en la Universidad de Navarra. Durante los veranos de la carrera hice estancias en diferentes laboratorios, la primera con una beca de introducción a la investigación del INIA para realizar un proyecto sobre cepas patógenas de E. Coli. Mi tesis doctoral la hice en la misma Universidad estudiando el papel del factor de transcripción NF-kB en la infección por el virus de la hepatitis C, donde demostramos su papel citoprotector. Con la idea de seguir la carrera investigadora contacté con Guido Kroemer en el CNRS en París y realicé una estancia postdoctoral en su laboratorio con un contrato Marie Curie. Durante esos años estudié la relación entre el daño en los lisosomas y la muerte celular. En concreto demostramos que al bloquear la actividad de los lisosomas las células acumulaban autofagosomas y morían. En aquellos momentos la idea que predominaba en el campo era que la autofagia era un tipo de muerte celular, llamada muerte celular de tipo II en contraposición a la muerte celular de tipo I o apoptosis. Lo que demostramos nosotros y que fue un cambio de paradigma en el campo es que las células activan la autofagia como mecanismo de supervivencia y que el aumento de autofagosomas no indica que la autofagia se active sino que también se puede observar al inhibir las fases finales del proceso. Aunque estos resultados no se publicaron en una revista de alto impacto, el artículo posee más de 1000 citas lo que da una idea de la importancia de este descubrimiento. Desde entonces mi investigación se centra en entender por qué la autofagia es esencial para la homeostasis celular y cómo su desregulación tiene importantes consecuencias en la fisiopatología de los organismos. En la vida tomas decisiones que tienen consecuencias que ni puedes imaginar en ese momento, en mi caso estoy contenta con todas ellas. El hecho de haber tenido experiencias en tantos laboratorios ha sido esencial para darme cierta flexibilidad a la hora de investigar en temas nuevos.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Creo que para ser científico hay que tener vocación, ser perseverante, trabajador y crítico. Este trabajo es una carrera de fondo y en muchas ocasiones es muy dura. Creo que es esencial mantener la ilusión y que te levantes por la mañana y pienses con agrado en lo que vas a hacer ese día. Dar consejos es difícil, a mi me ha ayudado haber trabajado en diferentes entornos, con muchos recursos y con pocos, eso te ayuda también a saber apreciar todas la situaciones. El hecho de ser madre también ha influido positivamente en mi carrera, aprendes a priorizar, a ser más eficaz y a desconectar. Es como tener dos vidas; es muy enriquecedor y divertido aunque claro también es a veces complicado y cansado.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia¿ ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Mi trabajo está enfocado a entender cómo los lisosomas y los procesos en los que intervienen, como la autofagia, participan en la biología de las células y tejidos. Uno de mis intereses científicos es entender cómo la autofagia interviene en procesos básicos como la diferenciación y la proliferación celular. Estamos también intentando entender por qué alteraciones en los procesos de autofagia participan en los procesos de envejecimiento fisiológico y cómo las alteraciones en los lisosomas, como la permeabilización de la membrana lisosomal, participan en estos procesos y en algunas enfermedades neurodegenerativas. En ese sentido hemos propuesto que restaurar la actividad lisosomal podría ser beneficiosa en enfermedades como Parkinson o en otras raras como la Retinosis Pigmentaria o la enfermedad de Niemann Pick. Además creemos que favorecer la autofagia puede ser otra estrategia para proteger las neuronas en diferentes situaciones de estrés, por ejemplo eliminando agregados proteicos y orgánulos dañados como las mitocondrias. En ese sentido creemos que la mitofagia y otras formas de autofagia selectiva podrían ser una nueva diana terapéutica para algunas enfermedades neurodegenerativas. El objetivo último de mi investigación es intentar buscar nuevas terapias y aproximaciones para las enfermedades humanas. Para ello hemos puesto a punto nuevos métodos de cribado que nos permitan seleccionar moléculas, y nuevas aproximaciones experimentales para la determinación de los procesos de la autofagia in vivo y para determinar la eliminación de mitocondrias por autofagia. En resumen mi trayectoria científica durante los últimos años se centra en entender por qué la autofagia es un mecanismo esencial para la homeostasis celular y cómo su desregulación tiene importantes consecuencias en la fisiopatología de los organismos con la idea de buscar nuevas terapias, basadas en su modulación, para el tratamiento de algunas enfermedades humanas.
Creo que quedan muchísimas cosas por descubrir en el campo de la autofagia y hay sitio para nuevas ideas y aproximaciones. En ese sentido en España el interés por el proceso de la autofagia ha crecido de manera exponencial en los últimos años gracias en parte al establecimiento de colaboraciones entre diferentes grupos de investigación. En ese sentido hemos creado una red de excelencia para el estudio de la autofagia www.autofagia.org que está abierta a nuevos grupos. Creo que favorecer las colaboraciones nos va a ayudar a ser más competitivos en la situación actual de escasez de recursos.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Creo que sería muy importante potenciar la investigación en nuestro país. Para ello es esencial que haya un pacto por la ciencia y que la financiación sea independiente del color del gobierno. Tenemos que concienciar a la sociedad y a los políticos que hay que tener visión de futuro, que la inversión en investigación no tiene frutos en cuatro años y que lo que ahora se invierta servirá para darle un futuro mejor a nuestros hijos, ¿o no queremos todos eso?. En mi opinión hay que favorecer tanto la ciencia básica como la aplicada y hay que generar una masa crítica que permita colaboraciones y sinergias entre grupos. Tendríamos que intentar tener un sistema más flexible para la contratación y poder tener personal con continuidad que permita mantener y mejorar la tecnología y los métodos desarrollados por los grupos de investigación. Creo que un sistema basado en el funcionariado es una pérdida de recursos y que tendría que ser un modelo flexible basado en evaluaciones cada cierto tiempo y con incentivos económicos al trabajo bien hecho. A pesar de todo creo que con los recursos tan limitados y la enorme carga burocrática que tenemos el nivel científico que tenemos en este país es muy alto y es gracias al gran esfuerzo que realizamos los que amamos esta profesión. Tenemos que seguir teniendo ilusión para continuar avanzando.