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Entrevista a Paola Bovolenta

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- «Vocación» tiene algo de implicación religiosa, yo diría más bien interés o inclinación, aunque precisamente no lo sé. Parece que a los diez años pedí un microscopio de regalo y lo conseguí, uno de juguete. Todavía está en casa de mis padres con unas muestras que preparé siguiendo las instrucciones que venían con él. No sé si esto es significativo. Más bien creo que mi interés se fue definiendo y arraigando con el tiempo. Primero los estudios de biología en la Universidad de Florencia, el paso por mi primer laboratorio, en la Facultad de Farmacología de esta universidad, donde realicé mis primeros experimentos de la mano de otra estudiante interna, Maria Grazia, con unos pocos años de experiencia. Me di cuenta de que hacer investigación requería mucha dedicación, pero me dejé ilusionar. 

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial? 

R.- Al principio, seguramente mi madre, bióloga también. Recuerdo que cuando mis hermanos y yo empezamos a ser independientes admitió que investigar había sido su pasión, frustrada por la lamentable situación de la universidad italiana en los años de la posguerra. Después, seguramente mi directora de tesis, Carol A. Mason, en la New York University School of Medicine. Yo llegaba a Estados Unidos recién licenciada, con poca experiencia de laboratorio, preparación casi nula en Neurobiología y además teniendo que comunicarme en un idioma que sin duda no dominaba. Carol me ayudó en todo, y siempre con gran paciencia y buen humor. Su puerta siempre estaba y sigue estando abierta. Para mí sigue siendo un referente de buen hacer, no sólo por el tipo de investigación que hace, sino por cómo lo hace y cómo se relaciona con sus colegas. Creo que es una persona con una gran inteligencia emocional y disponibilidad para con el prójimo. De ella aprendí que la ciencia, al fin y al cabo, es una maratón que requiere constancia, dedicación, entrenamiento, fuerza de superación, si se quiere llegar al final. También considero que es un ejemplo de cómo se puede llegar a hacer buena ciencia sin ser competitivo, ni renunciar a tener otros intereses. No creo tener sus cualidades, pero siempre me he esforzado por dejar mi puerta abierta y estar disponible para la gente del laboratorio y para mis colegas. Esto para mí es muy importante.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Estudié Biología en la facultad de Farmacología de la Universidad de Florencia y posteriormente me trasladé a Estados Unidos, donde empecé a trabajar en el desarrollo del sistema nervioso. Desde entonces no lo he dejado. Durante mi tesis doctoral estudié el desarrollo de las células astrogliales y empecé a interesarme por los mecanismos que controlan la guía axonal, utilizando el sistema visual como modelo. Guía axonal y especificación celular también han sido el tema de mi trabajo posdoctoral en la Columbia University, otra época muy importante, en la cual aprendí muchísimo. Tras mi estancia en los Estados Unidos me incorporé al Instituto Cajal, CSIC, donde inicialmente trabajé en el grupo dirigido por Manuel Nieto-Sampedro, analizando el papel de los proteoglicanos en la inhibición del crecimiento axonal durante la regeneración del sistema nervioso central. Me fui un año a Milán al DIBIT, donde me acerqué más a la Biología Molecular, y de vuelta al Instituto Cajal a mediados de los noventa, empecé mi grupo de investigación independiente, centrado en los mecanismos celulares y moleculares que controlan la especificación del sistema nervioso de vertebrados. En el Instituto Cajal he desarrollado gran parte de mi carrera, creciendo profesionalmente. Muy recientemente nuestro laboratorio se ha trasladado al Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Esto es un nuevo reto, que confiamos nos lleve a madurar aún más como grupo y aprovechar las distintas interacciones que ofrece un centro multidisciplinario como el CBMSO. ¿Si repetiría todo esto? Seguramente sí, aunque confío en que ahora lo sabría aprovechar mucho mejor. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Creo que lo importante es tener curiosidad y saber definir el problema que uno quiere abordar. Después, también son importantes la dedicación, la constancia y la intuición. Cada vez más, investigar implica trabajar en equipo y, cuando investigar se convierte en dirigir un laboratorio, también es muy importante saber relacionarse con los demás, transferir pasión y motivar a quien tienes al lado. 

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- En líneas generales nuestro laboratorio trata de entender los mecanismos celulares y moleculares que controlan el desarrollo del sistema nervioso central. Utilizamos como modelo principalmente la retina, ya que su relativa simplicidad ha permitido avanzar mucho en nuestra comprensión de cómo el sistema nervioso se forma y está organizado. Creo que sigue siendo uno de los modelos de mayor utilidad para entender el desarrollo del sistema nervioso y también sus procesos degenerativos, que todavía son unos grandes desconocidos. De hecho, parte de nuestro trabajo se centra también en entender los mecanismos que subyacen en la degeneración de los fotorreceptores, que caracteriza enfermedades tan debilitantes como la retinitis pigmentosa. Es muy posible que haya pautas comunes entre los procesos neurodegenerativos. Por lo tanto, lo que aprendemos en retina tal vez pueda ayudar a entender otras enfermedades similares. Encontrar soluciones para patologías como la Retinitis Pigmentosa, la Enfermedad de Alzheimer, la Demencia Senil o el Parkinson, sólo por citar algunas de estas enfermedades, es uno de los grandes retos de la Biomedicina actual.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R-. Durante el siglo XX han tenido lugar muchos avances experimentales y técnicos. Tal vez en Biomedicina el descubrimiento de la estructura en doble hélice del DNA haya representado el mayor salto cuantitativo. Esto ha sentado las bases de la Biología Molecular y abierto después el campo de la Genómica y de la Medicina Molecular.