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Entrevista a Óscar Llorca

P.- ¿Podría resumirnos su trayectoria profesional?

R.- Me licencié en CC Biológicas por la Universidad de Navarra en 1992. Entonces, me trasladé al Centro de Biología Molecular en Madrid con una beca de introducción a la investigación del CSIC, en lo que supuso un primer contacto con la investigación en Biología Molecular. Entre 1992 y 1996 realicé mi tesis doctoral en el Centro Nacional de Biotecnología bajo la dirección de los profesores José L. Carrascosa y José M. Valpuesta. Mis trabajos se centraron en la caracterización bioquímica, funcional y estructural de las chaperonas GroEL y GroES de E. coli. Durante el trabajo de mi tesis doctoral comencé a utilizar la microscopía electrónica de proteínas. Entre 1996 y el año 2000 continué dentro del mismo grupo como post-doctoral. Esta etapa no fue una mera continuación del trabajo de la tesis doctoral sino que se definieron nuevos objetivos científicos y metodológicos, que ampliaron mi formación. Estudié los sistemas de chaperonas en mamíferos y participé en la puesta a punto en el laboratorio del CNB de las metodologías de crio-microscopía (a temperaturas de nitrógeno líquido) y reconstrucción tridimensional de complejos macromoleculares a partir de imágenes individuales de proteínas.

En la segunda mitad de 2000 me trasladé al «Institute of Cancer Research» (ICR) en Londres, con una beca Marie Curie de la Unión Europea. El ICR es uno de los centros punteros en Europa en la investigación multidisciplinar del cáncer, incluyendo la biología celular, molecular, biología estructura e investigación clínica. Mi trabajo se realizó en los grupos de los Profesores Alan Ashworth y Keith Willison y se centró en el la purificación y caracterización inicial de los complejos formados por la proteína Brca2 de susceptibilidad al cáncer de mama. Mi estancia en Londres me permitió adquirir experiencia en técnicas nuevas para mi en biología celular, cultivos celulares, purificaciones de complejos macromoleculares, y adquirí además un gran interés y curiosidad científica por los sistemas de control del ciclo celular, los sistemas de traducción de señales y la reparación de daños en el ADN, todos ellos procesos centrales en la biología celular del cáncer. En Junio de 2002 tomé posesión de una plaza de Científico Titular en el CIB donde he establecido un grupo dedicado a la Microscopía Electrónica y Reconstrucción Tridimensional de complejos macromoleculares de relevancia en salud humana. 

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Siempre es difícil mirar atrás y pensar qué cambiaríamos de nuestra vida puesto que lo que pensamos y sabemos ahora es resultado de la propia experiencia anterior que se quiere cambiar. Probablemente buscaría una formación más multi-disciplinar. La Biología Estructural moderna exige aproximar nuestras preguntas científicas mediante metodologías muy variadas que cubran desde la definición de la estructura de una proteína hasta la biología molecular y celular de ésta.  

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Les recomiendo disfrutar de lo que hacen, puesto que de otra manera no tiene sentido meterse en esta carrera. A las personas que comienza su carrera científica les estamos obligando a preocuparse demasiado de cuanto publican, puesto que su continuidad en la carrera científica depende de eso (para pedir becas o contratos por ejemplo). Publicar es importante puesto que es el reflejo del trabajo invertido, pero no debe ser el objetivo en si mismo. Debemos tener genuino interés y curiosidad por resolver nuestro problema biológico, y esta debe ser la fuerza que nos mueva. La publicación es el resultado de esta búsqueda pero no el objetivo.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cual es su trascendencia?¿Cómo ve el futuro de esta área científica?

R.- Buena parte de los procesos celulares están gobernados por la actividad de proteínas cuya estructura tridimensional determina sus mecanismos de funcionamiento. Uno de los grandes cambios de paradigma en la biología de finales del siglo XX ha sido el descubrimiento de que en buena parte de las actividades celulares, las proteínas funcionan como consorcios donde varias proteínas ensamblan grandes estructuras macromoleculares que se han denominado «maquinas moleculares». Ciertamente el funcionamiento de estas estructuras se asemeja a un motor o una máquina, donde la forma y los movimientos característicos de las distintas «piezas» (sub-unidades del complejo) son la base de su funcionamiento. Lo que es más importante, son las mutaciones que alteran la estructura y función de estos grandes ensamblados macromoleculares el origen de muchas enfermedades humanas. Paralelo a este cambio de visión del funcionamiento de la célula se ha producido un enorme desarrollo metodológico de herramientas que permiten analizar moléculas individuales de estos complejos para comprender cómo funcionan. Nuestro grupo de investigación en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid ha centrado su actividad en el uso de técnicas de microscopía electrónica con la suficiente resolución para visualizar moléculas individuales de proteínas y utilizando sofisticadas metodologías de procesamiento digital de imagen resolver su estructura en tres dimensiones. Nuestro objetivo es utilizar estas y otras metodologías moleculares para comprender a nivel íntimo el funcionamiento de complejos macromoleculares implicados en salud humana. Nuestro grupo centra en la actualidad sus esfuerzos, entre otros, en dos grandes campos de actuación: a) Complejos macromoleculares que manipulan los ácidos nucleicos, DNA y RNA, y que participan por ejemplo en la respuesta a lesiones en el DNA; b) Más recientemente hemos comenzado a estudiar complejos de sistema inmune del complemento, responsable de múltiples patologías. Este trabajo se realiza en colaboración con el grupo del Prof. Santiago Rodríguez de Córdoba del CIB.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre como esta articulada la carrera científica en España?

R.- Desde mi punto de vista, el mayor problema de la carrera investigadora en España es la inexistencia de un mecanismo de estabilización laboral de los investigadores «de apoyo» de un grupo. Es este simple hecho el que causa grandes distorsiones del sistema. Voy a intentar definir esta idea un poco más detalladamente. Los grupos de investigación actuales necesitan, para ser competitivos, tener una masa de personal investigador ya formado (doctores) suficientemente grande, trabajando en unos objetivos comunes. A base de personal en formación y grupos muy pequeños es difícil abordar la multi-disciplinaridad de cualquier problema en la biología moderna. En contraposición a esta necesidad, a nuestros doctores se les «educa» en que su única forma de estabilización profesional es conseguir una «plaza» o equivalente, en la que se les valora tener su propia línea de trabajo, su propio proyecto, y así estos jóvenes investigadores buscan como objetivo desarrollar su propia línea de investigación. Pero, ¿cómo vamos a hacer grupos grandes y potentes si a la gente formada se le dice que sólo tendrá una posición laboral estable si tienen su propia línea independiente? El sistema debe buscar a la gente emprendedora para generar nuevos grupos, pero el sistema no puede absorber a tantos grupos nuevos como investigadores valiosos hay, y no todo los investigadores tienen el interés o la capacidad para dirigir un grupo. Esto genera una gran distorsión de gente que busca ser responsable de grupo fundamentalmente porque es eso o nada, una vez agotados todos los contratos post-doc posibles. Los grupos necesitan tener personal investigador ya especializado que mantenga en el tiempo las ideas, los protocolos y que trabaje unido en unos objetivos globales. ¿Alguien se imagina una empresa donde sólo hubiera aprendices de la profesión y jefes? ¿Y quién hace el trabajo?  Yo veo dos posibles caminos para solucionar este problema. Una posibilidad sería distinguir en las convocatorias de plazas/contratos ofertados para personal científico por las instituciones científicas aquellas plazas cuyo objetivo es reforzar los grupos existentes y aquellas para formar un nuevo grupo. Sólo las segundas irían dotadas de un compromiso de espacio y recursos y los meritos a valorar en los candidatos serían distintos a las plazas de refuerzo de los grupos. En estas últimas, no hablo de contratar «técnicos» que ya tienen convocatorias específicas, sino de personal científico investigador. Otra posibilidad, que es lo que yo viví en mi post-doctoral en Londres, es dotar a los proyectos de investigación de capacidad presupuestaria para contratar 3, 4 o 5 doctotes por proyecto. De esta manera se generaría un mercado de doctores que podría tener movilidad entre grupos, capacidad de absorber al personal formado y potenciaría la capacidad de investigación de los grupos. Lógicamente todas estas opciones deberían complementarse con los mecanismos de evaluación del contratado o del grupo contratante que asegure un buen equilibrio entre la estabilidad laboral del trabajador y la evaluación de su rendimiento.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Nuestro sistema de Ciencia e Innovación necesita más recursos para ser competitivo, pero sobre todo una mejor organización de cómo se invierten estos recursos y un mejor funcionamiento de nuestras instituciones científicas. Me gustaría destacar tres aspectos:

1) La ciencia moderna es difícilmente competitiva sin el apoyo de una institución bien financiada que apoye las tareas de investigación con plataformas tecnológicas, servicios a la investigación etc. Áreas como la Biología estructural por ejemplo, necesitan una inversión en infraestructura costosa de adquirir pero sobre todo de mantener y modernizar. Es muy difícil financiar el mantenimiento y mejora de las infraestructuras de un centro si esto depende en su mayor parte de los proyectos de investigación. Además los centros de investigación deben invertir en personal de apoyo en la gestión de la ciencia (organización de congresos, ayuda en la preparación de propuestas de financiación europeas y «lab managers «, por ejemplo) para que los investigadores se dediquen a investigar y no a hacer papeles.

2) Oímos con frecuencia la necesidad de la transferencia de los resultados de los laboratorios de investigación básica a la industria, pero quizás a veces fallamos en tener una visión demasiado a corto plazo. Si queremos que un grupo haga transferencia de conocimiento, eso implica invertir el trabajo de mucha gente durante mucho tiempo, y saber que aún así la mayor parte de las cosas no funcionarán, pero lo que funcione será innovador. Es difícil que un grupo mantenga ese ímpetu innovador si se le evalúa sólo resultados a dos años vista y si al personal contratado se le va a mantener el contrato sólo en función de cuantos trabajos publique. Como ejemplo a imitar, innovaciones tecnológicas del MRC de Cambridge por ejemplo, son el resultado de una financiación a grupos durante muchos años, al que se le ha evaluado su actividad pero no sólo sus publicaciones y se ha decidido confiar en ellos.

3) Por último, debemos racionalizar nuestras inversiones en infraestructura científica. Resulta sorprendente determinadas actuaciones en el uso de los recursos limitados para infraestructura. La adjudicación de estos recursos debe estar basada en su interés y necesidad científica, pero sobre todo en la capacidad de la institución de tener personal formado capaz de sacar provecho a los equipos. Las máquinas no funcionan solas. Con demasiada frecuencia encontramos grupos punteros en una metodología con enormes dificultades de renovar mínimamente su equipamiento y por otro lado grandes inversiones de equipamiento que acaban teniendo poco o ningún uso porque la institución receptora no tiene gente formada para sacar provecho al equipo.