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Entrevista a Olga Calvo

P. ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R. Mi vocación científica surgió muy pronto, cuando estaba en el colegio. Siempre fui una persona muy curiosa y me atraía todo lo que fuera experimentar y manipular cosas. Desde muy joven tuve claro que me gustaba la biología y me suscitaba mucho interés saber cómo funcionaban los seres vivos. Tuve algunas dudas sobre qué tipo de investigación quería hacer, sobre todo por la influencia de algunos profesores, pero cuando tuve mi primer contacto con la Genética, acabando el bachillerato, no me quedó la menor duda de que quería dedicarme a la ciencia y que tendría que ser en el campo de la Genética y la Biología Molecular.

P. ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R. Me licencié y doctoré en Biología por la Universidad de Salamanca. Mi tesis doctoral se centró en el estudio de factores que regulan el inicio de la traducción en Saccharomyces cerevisae y participé en la caracterización de factores implicados en la biogénesis y procesamiento del tRNAiMet. Los estudios que realicé ponían de manifiesto la existencia de la conexión y coordinación entre procesos celulares que se creían separados espacial y temporalmente. Me fascinó el campo de la biogénesis y procesamiento de los RNAs y me intrigaba cómo estos procesos nucleares podrían estar regulando otros procesos celulares como, por ejemplo, la traducción. Por esta razón me trasladé a Nueva York, a Columbia University, para trabajar en el campo del procesamiento de los pre-mRNAs, y en concreto para estudiar la poliadenilación en mamíferos, en el laboratorio del Dr. James L. Manley. Mi trabajo allí fue uno de los primeros en los que se demostró que transcripción y procesamiento de los mRNAs son procesos que no ocurren de manera aislada, sino que están ligados ycoordinados en una compleja red de interacciones. De hecho, en algunos casos estos procesos ocurren casi de manera simultánea. Descubrí la existencia de una interacción entre un coactivador transcripcional (PC4) y un factor de poliadenilación (CstF64) en humanos, interacción que estaba evolutivamente conservada en levaduras a través de Sub1 y Rna15, respectivamente, y que era importante para la terminación de la transcripción. También demostré que algunos factores de poliadenilación son reclutados a las regiones promotoras de los genes. Por entonces, surgió el concepto de procesamiento co-transcripcional y cada vez era más evidente que la fosforilación de la RNAPII jugaba un papel esencial en el mismo. Además, participé en la identificación de la endonucleasa del complejo de corte y poliadenilación, veinte años más tarde de que este proceso se descubriera. Mi reincorporación a la ciencia española como Ramón y Cajal me permitió establecer mi grupo y seguir con las líneas de investigación que había iniciado en NuevaYork, pero que ahora habían derivado a estudiar el papel de algunos factores en la fosforilación de la RNAPII y en la regulación transcripción en general. Desde entonces, hemos aportado nuevos conocimientos al campo con el estudio de factores y complejos que regulan distintos procesos a lo largo de todo el ciclo de transcripción (elongación, splicing, terminación, fosforilación de la RNAPII, gene looping), no sólo de los mRNAs, sino también de otros transcriptos de la RNAPII como los snoRNAs. En los últimos años, además, he participado en importantes proyectos. Por ejemplo, en el estudio del papel de un complejo telomérico en la transcripción de los mRNAs o en la caracterización de la activación de la transcripción por la RNAPI, hasta el momento desconocida. En todos los casos he aportado mi experiencia en Genética, Biología Molecular y Bioquímica.

P. ¿La repetiría en su totalidad? 

R. Si tuviera la ocasión, no, no la repetiría tal cual. A lo largo de mi trayectoria profesional he cometido errores en las decisiones que he tomado y probablemente cambiaría algunas de estas decisiones que afectaron de manera importante a mi carrera científica. Sin embargo, algunos de estos “errores”, a la larga, resultaron ser beneficiosos y de algunos aprendí bastante. Por ejemplo, siempre me he arrepentido de no haber hecho una etapa postdoctoral más larga. He sentido no haber podido explotar más aquella etapa que fue tan fructífera científicamente. Sin embargo, puede que, de haber retrasado mi reincorporación a la ciencia española, quizás hubiera tenido más difícil la vuelta dada la carencia de plazas para científicos que ha habido en nuestro país en los últimos años.

P. ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? 

R. ¡Son muchas! Por citar algunas: el entusiasmo, la pasión, la constancia, la perseverancia, la creatividad, la imaginación, y una gran capacidad para superar la frustración. Además, destacaría la honestidad y la generosidad. Por desgracia, esta última brilla por su ausencia, sobre todo en tiempos donde hay tanta carencia de recursos. A lo largo de mi carrera creo que podría contar con los dedos de una mano los científicos brillantes, líderes en su campo o en su entorno que poseen estas dos cualidades. Mientras sigamos entendiendo la ciencia como una profesión individual, una carrera de galgos, y no como algo colectivo y compartido, y sigamos con el síndrome del “factor de impacto” se perderán muchos y muy buenos investigadores.

P. ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? 

R. Actualmente, en mi laboratorio investigamos distintos mecanismos de regulación transcripcional: cómo se regula la actividad de algunas de las subunidades de la RNAPII, cómo participan en la formación de los bucles génicos, o qué papel juegan en la terminación de la transcripción de otros transcritos, como los snoRNAs. En este último caso, además, estamos interesados en la relación funcional entre este proceso y la biogénesis de los rRNAs. Por último, estamos estudiando factores que podrían regular la actividad de las tres RNA polimerasas y que nos ayudarían a entender cómo se comunican los tres complejos enzimáticos y cómo coordinan su actividad durante la activación o la parada del crecimiento. Para ello, utilizamos como modelo de estudio la levadura Saccharomyces cerevisiae.
Todos los factores y procesos que estudiamos están evolutivamente muy conservados, por lo tanto, los descubrimientos que hacemos son extrapolables a otros eucariotas y por supuesto a humanos, donde la regulación de la transcripción adquiere una importancia extraordinaria en muchos procesos patológicos. Por ejemplo, los bucles génicos se forman en todos los organismos eucariotas y tienen un papel regulador muy importante. Regulan la terminación, clave para la correcta expresión génica. De hecho, este proceso se observa alterado en alguna situación de estrés celular, infecciones virales o mutaciones cancerígenas, de manera que la RNAPII no termina adecuadamente la transcripción de los genes e invade los situados aguas abajo alterando así su transcripción. Esto da lugar a una catástrofe en la expresión génica de manera masiva. Además, los bucles génicos determinan la dirección de la transcripción en los promotores bidireccionales, evitando así la expresión de los ncRNAs que se originan en estos promotores y cuya transcripción está silenciada o muy disminuida para evitar que se pueda alterar la viabilidad celular. A pesar del vasto conocimiento existente sobre la transcripción, la terminación y la formación de los bucles génicos siguen siendo procesos muy desconocidos, y cada vez hay más evidencias que sugieren que son procesos finamente regulados y coordinados. De hecho, conocer cómo se regula la terminación y la formación de los bucles génicos es clave para entender la expresión génica.

P. ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R. Utilizamos como modelo de estudio una levadura y estudiamos un proceso muy básico como es la transcripción. Tengo la impresión de que en España esto no tiene mucho futuro, dada la importancia que se da a la aplicabilidad biomédica o biotecnológica inmediata de los resultados que se obtienen. Los estudios de transcripción interesan si éstos se aplican directamente a la biomedicina, trabajando en levaduras esta aplicación puede ser a muy largo plazo y no obvio. Transcripción y enfermedad interesan, por lo que me temo que los estudios básicos en levaduras cada vez serán menos financiados, aunque los estudios en levaduras han sido y seguirán siendo imprescindibles para descifrar muchos de los mecanismos que subyacen a los procesos celulares más básicos y evolutivamente conservados. Como decía Jacques Monod, Premio Nobel de Medicina en 1965 por sus estudios en la regulación génica: “lo que es válido para las bacterias lo es para los elefantes”.
Por lo tanto, no veo muy claro el futuro, sobre todo en estos días donde parece que las soluciones a los problemas de la sociedad tienen que darse en cuestión de días o meses. El ejemplo más claro es la crisis sanitaria por la que estamos pasando y que pone de manifiesto que la investigación básica es necesaria siempre y que debe ser financiada sin excusas, aunque a priori el conocimiento obtenido no parezca de interés general. ¿A quién podía interesarle hace unos años que los murciélagos portaran unos virus y que fuera importante conocerse su biología? Para mí la respuesta a esta pregunta es obvia. Sin embargo, y espero equivocarme, creo que debido al impacto sanitario y socioeconómico que tiene y tendrá la epidemia que vivimos y a la presión mediática, se financiará sobre todo la investigación que da resultados a corto y medio plazo y claramente aplicables al campo de la biomedicina. Espero confundirme y que no llegue otra etapa de duros recortes en ciencia dada la nueva crisis económica que tendremos que sufrir, para la mayoría de los científicos que, como yo, intentamos entender y explicar cómo funcionan procesos celulares tan básicos, como por ejemplo la transcripción.

P. ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX? 

R. Claramente, para mí, el principal avance científico del siglo XX fue el descubrimiento de cómo la información contenida en el ADN es utilizada por las células. Es decir, los descubrimientos que sentaron las bases del Dogma Central de la Biología Molecular, que incluyen el hito principal que fue la resolución de la doble hélice de ADN y el descubrimiento del mRNA como la molécula transportadora de la información genética codificante. Sin estos descubrimientos hoy en día no podríamos estar hablando de mejora genética, terapia génica, biotecnología, etc.
Además, me ha impresionado mucho el avance en las técnicas de resolución de estructuras. Conocer cómo funcionan a nivel atómico los enormes complejos enzimáticos esenciales para la vida, como las RNA polimerasas y los ribosomas, sin duda permitirán importantes avances en biomedicina.