Acércate a...

Entrevista a Milagros Medina

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Me resulta difícil concretar “el momento” en que surgió mi vocación científica. Desde muy pequeña me resultaron más interesantes y estimulantes aquellas materias que implicaban procesos deductivos, mi paso por el instituto también suscitó interés por la Química y en la etapa preuniversitaria creía que mi futuro estaría en la arqueología, que también se basa en el método científico. Unas desafortunadas circunstancias personales cancelaron mis posibilidades de estudiar en otra ciudad y decidieron por mí. Así, licencié en Química, especialidad Orgánica, donde ya la Bioquímica y la Biofísica me conquistaron. La vida es caprichosa, y si bien al finalizar la carrera universitaria la investigación en Academia era una posibilidad en mi horizonte, cualquier otra cosa podría haber ocurrido. De hecho, solicité una beca para realizar la tesis doctoral que no me fue concedida, pero sí obtuve una beca de la Fundación Empresa Pública que me llevó al Departamento de Investigación y Desarrollo de una empresa pública de gas natural. Como se puede ver, un campo muy diferente de aquel en que posteriormente he desarrollado el resto de mi carrera. En ese tiempo, se me volvió a presentar la posibilidad de solicitar otra beca predoctoral, yo encantada, y esta vez, sí, la conseguí y desde entonces he convivido diariamente con la investigación científica. No sé qué hubiera ocurrido caso de haber estudiado Arqueología o haber acabado en el mundo de la empresa, pero estoy casi segura que estaría en una posición similar a la que tengo actualmente, tal vez en otra rama o tipo de investigación, pero cerca de ella.

P.-¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- En nuestro entorno científico hay investigadores con características muy diversas, pero evidentemente la curiosidad científica, la ilusión, la constancia, la perseverancia y el espíritu autocrítico acompañan a aquellos que avanzan en una carrera científica. La investigación se basa en el método científico, donde establecemos una hipótesis, proponemos unos ensayos para probarla y luego evaluamos si los resultados concuerdan con la hipótesis. Es una continua sucesión de éxitos y fracasos, donde en algunos casos las hipótesis son avaladas por los resultados, pero en la mayoría nos hacen replantearnos una nueva hipótesis y volver al principio. Por lo tanto, hay que estar preparados para todo tipo de baches. Además, la investigación tiene un importante componente social y en muchos campos es imposible investigar de forma aislada e individual. Por tanto, las actitudes colaborativas, solidarias, o empáticas son también útiles para permitir establecer redes y contactos científicos que siempre funcionan mejor en ámbitos distendidos. No obstante, estas no son imprescindibles, y para muy buenos investigadores no es algo importante, igual por eso son buenos investigadores. Finalmente, creo que ser inteligente y listo es también fundamental. Esto no significa que solo aquellos que fueran buenos estudiantes serán buenos científicos, no. Estas dos características te permiten tener buenas ideas, evaluar tu entorno y saber por dónde moverte y dirigir tu línea de investigación de forma eficiente en cada momento, así como tener claro el número de objetivos que puedes abordar en cada momento para no dispersarte. Esto último es en muchos casos difícil, hay tantas cosas interesantes que comprender.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Lo más importante en mi opinión es que mantengan la ilusión por lo que estén haciendo, que sean perseverantes, y que tengan necesidad y curiosidad por seguir aprendiendo siempre. Si han iniciado su carrera por una temática que les encanta, estupendo, que lo aprovechen y busquen todas las posibilidades de seguir adelante. Si ven que su contacto inicial con la ciencia no es lo que pensaban, no hay problema, vivimos en la sociedad de la multidisciplinariedad, el futuro te va a permitir probar otras áreas, temáticas o metodologías, y además esto te va a convertir en un científico más completo y con una visión más general. La carrera científica es muy larga, y es una continua etapa formativa, desde del día que te incorporas a un laboratorio como estudiante de últimos cursos hasta el final de tu vida profesional. Así, tras la realización de su tesis doctoral, el primer peldaño, les aconsejaría que no se acomoden, que varíen de temática y aprendan nuevas técnicas, esto les facilitará notablemente seguir creciendo científicamente. También les aconsejaría que no se desanimen, vivimos en un mundo donde casi nada es perfecto, pero hay que buscarse las posibilidades, moverse y estar abiertos a dar algún paso atrás para coger carrerilla hacia adelante. ¿Tienen la posibilidad de elegir? La realidad es que sí, pero han de tener claro que tendrán que elegir entre las posibilidades que en cada momento se les vayan presentando, pero que ellos también pueden y deben contribuir a modelar ese universo finito de posibilidades. Les aconsejaría hicieran una vista retrospectiva; es verdad que la situación de la ciencia en nuestro país dista de ser la mejor del mundo, pero es mucho mejor que hace 50 o 30 años, y para que siga mejorando los necesitamos a ellos.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Investigo en sistemas biológicos dependientes de flavoenzimas en humanos, mamíferos, plantas o bacterias que resultan fundamentales en el metabolismo energético de estos organismos (transformaciones redox, biosíntesis de cofactores y compuestos de interés, biodegradación) y en la señalización celular, y que además presentan rasgos que las convierten en elementos de interés en los distintos ámbitos de la biotecnología (procesos, sanitaria, medioambiental, alimentaria…). Mi motivación parte de la necesidad de comprender los mecanismos moleculares de flavoenzimas con funciones metabólicas clave en bacterias, parásitos, plantas o animales, con el fin de explotar su potencial biotecnológico y biomédico. Para ello, necesitamos comprender las claves de su estabilidad y sus mecanismos de acción en el metabolismo celular, así como sus características diferenciales en cada especie. Por eso, me interesa estudiar de forma comparativa la estabilidad y la relación estructura-función de diversas flavoproteínas, atendiendo particularmente a las características que las diferencian de sus homólogos en otras especies y a los factores que determinan su mecanismo, efectividad y estabilidad, lo cual las puede convertir en dianas terapéuticas o herramientas biotecnológicas versátiles y específicas. Mis líneas de investigación actuales se centran en la comprensión del funcionamiento a nivel molecular de flavoproteínas y flavoenzimas que participan en; i) la viabilidad de diversas bacterias (algunas patógenas), ii) la transformación de metabolitos, iii) la producción de energía, y iv) los procesos de muerte celular programada y desarrollo celular en mamíferos. Para ello aplicamos una combinación interdisciplinar de herramientas de bioquímica, biofísica, bioinformática y biología computacional con el fin de comprender los mecanismos y factores que aportan versatilidad a estos sistemas dependientes de flavoenzimas.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Bueno, me sigo impresionando todos los días, pero voy a poner un ejemplo cercano a mi ámbito de investigación. Una de las cosas que más me impresionó fue pasar de pensar en mis flavoenzimas como un líquido amarillo o naranja con un espectro de absorción característico que concordaba con ese color, a visualizarlas en la pantalla del ordenador como una distribución de átomos ordenada en el espacio que era fundamental para que realizara su función. Hoy en día esto nos parece lo más normal del mundo, pero en los años 80, nos cambiaba el modo de entender el funcionamiento de las enzimas, y abría muchas otras preguntas e hipótesis en nuestra investigación. En las últimas décadas, pasar de visualizar “tu enzima” a poder simular su dinámica, cómo interacciona con otras moléculas o cómo se rompen y se forman enlaces durante su acción ha sido otro de los avances que también me ha impresionado en gran medida. Y, finalmente, tras darle tanta importancia al hecho que una estructura ordenada era fundamental para que una proteína realizase su función, en los últimos años me ha fascinado el hecho de que muchas proteínas y regiones de proteínas solo adquieran una o varias conformaciones definidas cuando interaccionan con otras biomoléculas. Esto confiere a una única secuencia de aminoácidos varias conformaciones y funciones, aumentando su versatilidad.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Como investigadora y profesora universitaria que vive y trabaja en España me considero una persona privilegiada, y estoy muy contenta de las tres cosas. No obstante, hay que ser realista, desarrollar una carrera científica en nuestro país es un largo camino plagado de múltiples obstáculos y brechas, y en mi opinión estamos todavía lejos de poder decir que tenemos una carrera científica articulada. Muchos jóvenes investigadores la afrontan con gran vocación y la ilusión de la juventud, y esto nos permite seguir formando una importante cantidad de doctores con fondos públicos. Pero aquí es donde en mi opinión tenemos un importante problema ¿qué pasa luego con ellos? Afortunadamente en los últimos 20 años las empresas e industrias españolas se han hecho conscientes de la importancia de la investigación aplicada y el desarrollo para generar nuevos y mejores productos, permitiendo que un importante número de ellos sea transferido al sector empresarial, esta parte es muy positiva. Pero, ¿Qué ocurre en la investigación pública? Como llevamos haciendo décadas, la mayor parte de los doctores interesados en continuar una carrera científica realizan una estancia postdoctoral en el extranjero. Una excelente y en mi opinión más que recomendable opción, que permite ampliar horizontes científicos y humanos. El problema es que estas estancias, que en mis tiempos duraban dos o tres años, se están alargando considerablemente en el tiempo, 5-10 años, y que esto en muchos casos ocurre porque el retorno a España es muy complicado. En muchos casos muchos optan por establecerse en otros países donde se les ofrece dicha posibilidad y no retornan. Si nos comparamos con otros países, en España apenas existen puestos postdoctorales. Además, las opciones de retorno incluyen un porcentaje muy pequeño de plazas en programas de excelencia, que se han obtenido tras dedicar unos años de vida muy productivos (entre los 30-40) a la ciencia para beneficio de otro país. Formamos bien muchos científicos, pero los exportamos y no obtenemos el retorno de esa inversión. Para aquellos pocos que consiguen el retorno, aún quedan largos años, muchos esfuerzos científicos, y muchas trabas administrativas y burocráticas, que además van a depender del organismo público al que han retornado, para llegar a la estabilización. En este contexto, creo que para una mejor articulación de la carrera científica en España deberíamos dedicar más inversión a la incorporación en nuestras instituciones públicas de un mayor número de jóvenes doctores, tras periodos más cortos de formación posdoctoral en otros países, y proporcionarles además medios materiales para su desarrollo científico y expectativas de estabilización a corto plazo.