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Entrevista a Miguel Merchán

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- La respuesta sincera es que no lo sé muy bien. Un análisis retrospectivo indica la concurrencia de muchos factores actuando a lo largo de mi periodo de la carrera de Medicina en la Universidad Complutense. El contacto con personas con formación científica sólida, la existencia de un ambiente relativamente favorable para la investigación (Hospital Clínico de San Carlos, años 70) y algunas características personales entre las que hay que destacar sobre todo la curiosidad, son quizá los factores más relevantes. El interés por el trabajo de investigación (¿vocación?) no aparece en un momento dado, surge con el trabajo y se incrementa durante toda la vida útil de un cerebro activo.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- En mi primera etapa, tanto como estudiante como después durante mi formación MIR como Anatomo-Patólogo, el contacto directo o indirecto con algunos discípulos de la escuela de Cajal como D. Fernando de Castro, D. Agustín Bullón y mi propio hermano Jaime Merchán fueron muy importantes. Transcurrido el periodo del doctorado tuve una clara influencia de Kirsten K. Osen, científica perteneciente al Instituto Anatómico de Oslo en Noruega, cuya tutela me permitió adquirir una base metodológica firme y un conocimiento profundo de la vía auditiva. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- En mi opinión no existe un arquetipo para definir al buen investigador. Cada científico es una realidad distinta y con personalidad diferenciada. Con el riesgo de caer en tópicos no deseables yo diría, sin embargo, que la honradez en la búsqueda de la verdad científica y en general en la vida, y la creatividad y mente abierta son cualidades importantes, sin olvidar la iniciativa, perseverancia y una base metodológica y técnica sólida.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- No soy partidario de dar consejos en este tema, ni en otros. En investigación cada cual debe trazar su camino y andarle a lo largo de los años.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- En biología de sistemas, excepto para la vía motora, durante décadas se ha acumulado una ingente cantidad de información casi en exclusiva sobre las vías que ascienden a la corteza cerebral pero se han estudiado mucho menos las descendentes. No obstante hay datos, en particular para la vía auditiva, que apoyan que las proyecciones descendentes en combinación con las ascendentes generan circuitos de retroalimentación cuyo resultado es el refinamiento del procesamiento de las señales para las cortezas asociativas (sustituir el sistema jerarquizado tradicional por otro de conexiones oscilatorias reverberantes bien analizado por Rodolfo Llinas para las conexiones tálamo-corticales). Se trata de un nuevo modo de interpretar los mecanismos del procesamiento sensorial y posiblemente también del funcionamiento del SNC en su conjunto.

Nosotros estamos trabajando sobre un modelo experimental basado en el efecto a largo plazo de la ablación de las cortezas auditivas primarias (interrupción parcial de los circuitos de retroalimentación). Hemos utilizado en nuestros estudios técnicas de inmunocitoquímica para diversas moléculas, comportamiento, transcriptómica, genómica y técnicas electrofisiológicas. De nuestro abordaje experimental se pueden concluir aspectos interesantes del papel del córtex sobre el sistema nervioso central auditivo y los principios que rigen la plasticidad postlesional y la autopreparación. Hemos demostrado que la capacidad de reorganización del cerebro auditivo adulto se puede prolongar durante toda la vida y que la corteza determina las respuestas y la reorganización del resto del sistema auditivo. La trascendencia de estos estudios, además lógicamente del mejor conocimiento del funcionamiento del sistema, es generar un nuevo enfoque para algunas patologías auditivas (sordera súbita, tinitus, etc.), tradicionalmente relacionadas en exclusiva con el receptor, replantear la estrategia de estimulación de las prótesis auditivas y cambiar el enfoque del tratamiento a largo plazo de la patología del sistema nervioso vinculada a la pérdida de córtex cerebral (ictus, traumatismos, etc.).

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- La carrera científica en España sencillamente no existe. Los postgraduados que deciden hacer carrera de investigación no reciben una formación adecuada para ello en ninguno de los escalones de su formación universitaria, incluyendo el doctorado. Aunque un singular avance ha sido la existencia de un sistema de becas doctorales, escasas e irregularmente financiadas, sucede que estas ayudas se han adscrito tradicionalmente sobre la base de las calificaciones de los alumnos y no sobre la competitividad de los equipos de investigación que los recibe (salvo las becas adscritas a proyectos del Plan Nacional). Esto ha llevado en un alto número de casos a seleccionar buenos candidatos y utilizarlos en muchos casos como técnicos de laboratorio en equipos muchas veces no interesados en la formación de investigadores. No obstante el peor aspecto del sistema español es la escasez o ausencia de becas postdoctorales y puestos de investigación previos a la consolidación de un hipotético y también escaso puesto fijo. Finalmente, problemas adicionales son la desconexión entre los sistemas de formación del CSIC y la Universidad, la dificultad para la movilidad nacional e internacional y la confusa idea de que en la Universidad se puede ser profesor sin necesidad de realizar investigación en absoluto.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Lo principal es que la sociedad y sus representantes sean verdaderamente conscientes de la relevancia del tema para el país, situación que actualmente no se da en absoluto. También será necesaria prudencia para no tomar decisiones arbitrarias o poco efectivas por parte de los responsables políticos. Planteamientos confusos y poco aceptables como tratar de obtener rendimientos tecnológicos inmediatos de la investigación científica o variar la política de financiación cada cuatro o menos años, generan inestabilidad en el sistema y evitan su avance. La objetividad (no dar ayudas por lo que se dice que se hace sino por lo que de verdad se hace), la constancia y la seriedad de la planificación es el principal camino a recorrer. Por ello será necesario mantener lo que funciona (ANEP) y con lo demás diseñar una nueva política similar o copia de la de algunos países del entorno y después… hacer que funcione durante mucho tiempo, sobre todo, en la universidad.