Acércate a...

Entrevista a María Gómez Vicentefranqueira

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Desde niña me fascinaba la naturaleza y la exquisita complejidad de los organismos, interés al que sin duda contribuyeron las enseñanzas de mi madre en los larguísimos veranos en la dehesa salmantina. En los últimos años de mis estudios de licenciatura en Biología en la Universidad de Salamanca recibimos algunas clases de científicos del CSIC que volvían a España después de su formación postdoctoral en EEUU y nos introdujeron por primera vez al mundo de la Biología Molecular. Aquella nueva manera de estudiar el funcionamiento celular fue una revelación y supe que quería dedicarme a la investigación. A lo largo de mi trayectoria profesional he tenido la suerte de encontrarme con científicos a los que he admirado tanto en lo laboral como en lo personal y que han influido muchísimo en mi manera de enfrentarme a la vida y a la ciencia. El primero y principal de ellos mi director de tesis doctoral y maestro, Paco Antequera, que me contagió irreversiblemente de curiosidad científica.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Como comentaba antes, mi trayectoria científica comenzó durante mis estudios de doctorado en el laboratorio de Paco Antequera, en el IMB, centro mixto del CSIC y la Universidad de Salamanca (actual IBFG), analizando los sitios genómicos por los que comienza la síntesis del DNA en distintos modelos eucariotas. En el año 2000 me marché a Londres con una beca europea, al Clinical Sciences Centre del MRC, donde estuve hasta mediados del año 2004 en el laboratorio de Neil Brockdorff, estudiando la influencia de factores epigenéticos en la replicación del DNA. Este período postdoctoral fue un segundo punto de inflexión en mi trayectoria científica, ya que coincidió con la explosión de la Epigenética y de los estudios de la organización espacial de los cromosomas en el núcleo, conceptos clave para entender la regulación genómica. Además me permitió aprehender el modo británico de hacer Ciencia, que sigo admirando y tratando de imitar: contestar preguntas interesantes. Volví a España en el verano de 2004, con un contrato Ramón y Cajal, lo que me permitió empezar mi laboratorio en el IMB. A finales del año 2010 me trasladé al CBM, en Madrid, como Científico Titular del CSIC. ¿Volvería a repetir? Claramente ahora soy otra persona y las circunstancias distintas, por lo que no podría repetir la misma trayectoria. Si la pregunta se refiere a si me arrepiento de alguna de las etapas pasadas la respuesta es NO; cada una de ellas fue muy interesante y todas en conjunto han sido fundamentales para llegar a donde estoy ahora.

P.- ¿Qué consejo daría a los que inician su carrera científica?

R.- A pesar de que es un camino difícil, creo que dedicarse a la Ciencia es una de las profesiones más interesantes a las que uno puede dedicarse. No es solo una profesión, es un modo de entender la vida y el mundo que nos rodea. Entender cómo funcionan los sistemas biológicos nos permitirá, a largo plazo, impactar sobre ellos de modo positivo y así retornar este conocimiento a mejorar nuestras condiciones de vida. A cualquiera que sienta esa motivación yo le animaría a que emprendiera una carrera científica. Sólo somos capaces de hacer realmente bien aquello en lo que nos involucramos personalmente y, siempre con la necesaria ayuda del factor suerte, hacer las cosas bien es garantía de éxito.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- El interés de nuestro laboratorio es entender la organización funcional de nuestro genoma de un modo integral. Dicho con otras palabras, queremos responder a la pregunta de cómo se coordinan entre sí los distintos procesos nucleares: la replicación del DNA, la transcripción génica, la reparación de los errores y la recombinación, en el contexto de un genoma altamente compactado en cromatina. El empaquetamiento en cromatina no solo protege al DNA de daños exógenos y endógenos, manteniendo así la integridad del genoma, sino que también regula la accesibilidad de las proteínas y complejos macromoleculares a sus dianas, por lo que es esencial para mantener los patrones de expresión génica que subyacen a la identidad celular. Por tanto, el desvelar el modo en el que las células regulan todas las transacciones genómicas manteniendo a la vez su estabilidad no sólo es uno de los grandes retos de la biología actual, sino que además es fundamental para futuras intervenciones terapéuticas en casos en los que la estructura de la cromatina está alterada, como ocurre durante el envejecimiento celular o en algunas enfermedades del desarrollo. Para abordar este problema de un modo integral, en el laboratorio combinamos aproximaciones genómicas, computacionales, de biología molecular y análisis en molécula única en distintos modelos eucarióticos, desde el parásito humano Leishmania major, a células primarias de ratón y humanas mutantes para distintos factores epigenéticos.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- La carrera científica en España no está articulada de ninguna manera. Tras la defensa de la tesis doctoral, la mayoría de los jóvenes doctores no saben muy bien qué hacer con su recién estrenado título. Aquellos con vocación de continuar con la investigación en la academia, emprenden un período postdoctoral, normalmente en el extranjero, aunque cada vez más jóvenes científicos optan por integrarse en alguno de los excelentes grupos de investigación que hay en España. Pero un número elevado de nuevos doctores no quiere seguir la trayectoria académica. Haría falta un mayor acercamiento entre el mundo empresarial e industrial a los centros de investigación y universidades de modo que los primeros pudieran nutrirse y beneficiarse del talento científico y viceversa. De esta interacción bidireccional es de donde surge la verdadera innovación. Por otro lado, no hay ningún programa estatal estructurado a medio o largo plazo para atraer a los jóvenes científicos que han completado su formación en el extranjero y que, estando en su mejor momento de productividad y energía, desean retornar este conocimiento a su país. El reducido número de plazas ofertadas en los centros de investigación para la implantación de nuevas líneas de investigación, así como las limitadas condiciones económicas y recursos que se les ofrecen a estos jóvenes científicos para empezar su laboratorio, está haciendo que muchos de ellos busquen mejores opciones fuera de España. Del mismo modo, el sistema científico español no contempla otra figura que la de líder de grupo, lo que impide que investigadores con experiencia y talento que no tienen deseos de dirigir un equipo, sino de formar parte de uno, puedan tener un futuro reconocido como científicos profesionales. Empezando por la propia la comunidad científica y, por supuesto, siguiendo por nuestros gobernantes, tendríamos que estructurar una carrera científica a largo plazo y dotarla con un presupuesto continuado si realmente queremos que la Ciencia y la Innovación generen un retorno económico al país. Los precedentes existen, otros países de nuestro alrededor lo han conseguido.