Acércate a...

Entrevista a María Dolores Mayán Santos

P. ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R. Me licencié en Farmacia por la Universidad de Santiago de Compostela en el año 2000. En cuarto de carrera me incorporé a un grupo del departamento de Bioquímica y a partir de ahí, ya no hubo marcha atrás, tenía claro que quería ser investigadora. Después de la tesina y el DEA decidí marcharme a Madrid para realizar la tesis doctoral en el grupo de Bernardo Schvartzman en el CIB. En el año 2006 me trasladé a Londres donde realicé dos estancias postdoctorales en el Imperial College London y en el MRC London Institute of Medical Sciences. Fue una época de muchísimo trabajo donde pude interaccionar con investigadores de primer nivel y disfrutar de una gran ciudad como es Londres. Posteriormente en el año 2010 me incorporé al INIBIC en A Coruña con un contrato de captación de talento de la Xunta de Galicia, y una vez pasada la evaluación I3 formé el grupo de investigación que ahora dirijo. En nuestro grupo tratamos de entender mecanismos de comunicación celular mediados por canales de conexinas y su función en el progreso de enfermedades asociadas a la edad y el cáncer. Colaboramos en el día a día con grupos de química biológica, síntesis química y computacional y grupos de nanotecnología. Lo mejor de trabajar en un centro asociado a un hospital, como es el INIBIC, es el contacto y colaboración con el personal clínico.Te hace sentir más cerca del paciente, más comprometida si cabe, y sobre todo nos permite enfocar nuestro trabajo hacia las necesidades clínicas actuales. Siempre le digo al Gerente de mi hospital que estoy donde quiero estar, a pesar de las condiciones tan precarias que tenemos que sufrir los investigadores a nivel hospitalario. Es algo que hay que empezar a cambiar porque es insostenible. Por falta de visión estamos perdiendo posibilidades y restando competitividad y eficiencia a nuestros hospitales.

P. ¿La repetiría en su totalidad?

R. Seguro que he cometido errores y podría haberlo hecho mejor, pero estoy muy contenta y tranquila con lo que he realizado para llegar aquí. Me gusta lo que hago, ¡me lo paso bien! Y siento que lo que estamos haciendo en algún momento puede ayudar a algún paciente. He cambiado de tema de investigación en varias ocasiones y eso perjudica a la productividad, pero lo repetiría porque esa formación me ha dado herramientas y me ha hecho crecer como investigadora. Además, he vivido en diferentes ciudades y he dejado gente a la que quiero en todas ellas. Ésta es una de las partes más bonitas de la formación científica.
Ahora en A Coruña y debido a la poca financiación y a la falta de interés por la ciencia a nivel político, hay días que me levanto pensando que la morriña me ha jugado una mala pasada, ¡quien me mandaría volver! Pero una vez me pongo manos a la obra se me pasa. En España tenemos que hacer un esfuerzo extra para conseguir fondos para mantener a nuestros grupos. No queda más remedio que presentarse a todas las convocatorias, y eso nos quita tiempo y energía para hacer lo que realmente tenemos que hacer. Muchas ideas se quedan en el cajón por falta de financiación, o te ves obligada a limitar los experimentos que necesitarías para un estudio más ambicioso. Y aún así somos competitivos a nivel europeo. No quiero imaginar lo que haríamos con el mismo nivel de apoyo y financiación que tienen los grupos en Alemania o Dinamarca; sin duda pondríamos a España entre las primeras posiciones dentro del ranking de competitividad en generación de conocimiento e innovación. En España formamos a los investigadores predoctorales muy bien, pero luego los regalamos a otros países y no les damos la oportunidad de regresar y producir para el país que les ha formado. En fin, al mal tiempo, buena cara. Si queremos seguir en España no queda más remedio que seguir este dicho popular. Yo por ahora me quedo, me siento comprometida con Galicia y con A Coruña, ya veremos qué pasa en un futuro.

P. ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? 

R. Son muchas las características que definen a un buen investigador. En primer lugar y como en cualquier otro trabajo, tiene que gustarte lo que haces. La vocación y la pasión: la investigación requiere de mucho esfuerzo y tiempo, si no te gusta lo que haces nunca llegarás a ser un buen investigador. Hay muchas maneras de investigar: unos quieren dirigir un grupo, otros prefieren un trabajo más técnico, otros no quieren la responsabilidad del jefe pero les gusta dirigir proyectos, etc. Todas las posibilidades desde la etapa predoctoral, postdoctoral, técnico, IPs… todas son necesarias y todas deben estar cubiertas por buenos investigadores. Cada uno tiene que intentar luchar por la posición en la que se siente más cómodo. En todas ellas, como comentaba Arkaitz Carracedo en una entrevista reciente, la actitud es un ingrediente fundamental. La actitud, la motivación, la creatividad, el trabajo en equipo y la perseverancia son factores esenciales. Otra característica clave es el compromiso con lo que estás haciendo: estamos creando nuevo conocimiento para luchar contra enfermedades o mejorar la calidad de vida con nuevas tecnologías, no estamos aquí por egos o sólo para publicar, sino para ayudar, por lo que el compromiso lleva implícito la honestidad, no valen los atajos. Por último, es importante ser positivos. En mi grupo cuando entra alguien con una actitud negativa intento trabajar para que vea la necesidad de cambiarla o no llegará muy lejos, ya que retroalimenta su propia frustración y es muy difícil trabajar con gente negativa, más en un trabajo donde lo habitual es que no tengas el resultado que esperabas o que algo haya fallado.

P. ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica? 

R. Que perseveren, que nunca se rindan, cuando menos te lo esperas surge una oportunidad. La investigación científica es un trabajo apasionante donde estás ayudando a progresar, en constante descubrimiento, generando nuevo conocimiento. No hay que olvidarse que en el siglo XXI el nuevo conocimiento es el petróleo del progreso y la industria del futuro. Es importante explicarles que no tienen por qué elegir quedarse en la “academia”, la formación científica te capacita para trabajar en otros ámbitos imprescindibles para que funcione el sistema científico: la empresa, la divulgación científica, la editorial, la gestión, la política, las fundaciones con programas de acción social o las agencias de financiación son una salida más de la carrera científica. El doctorado es la formación más completa y multidisciplinar que existe.

En mi época cuando empecé mi tesis doctoral había menos oportunidades que ahora, pero nunca pensaba más allá de la próxima etapa. Ahora vivimos en una época donde los investigadores hemos empezado a alzar la voz en contra de la precariedad y de la falta de financiación. Esto está muy bien, porque tenemos que salir del laboratorio, comprometernos y reivindicar la importancia de la I+D para vivir en un país de primera división, y no en uno que compra conocimiento y no crea puestos de trabajo altamente cualificado, sólo servicios. Toda esta actividad es muy positiva, pero debido a la precariedad laboral, se ha creado un clima de negatividad en los jóvenes investigadores que ahora, y a diferencia de mi época, son conocedores de la falta de recursos y oportunidades. Yo les diría que si lo que les gusta es investigar, que no se rindan y mantengan una visión positiva y sin miedos. Si se busca, siempre va a surgir una oportunidad y la academia no es la única salida.

P. ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado? 

R. En biomedicina, si me preguntas cuál considero que ha sido el principal avance científico del siglo XX, destacaría que son todos los pequeños progresos que han desembocado en la llegada de la medicina personalizada de precisión. Todavía queda un camino, pero sin duda nos va a dar muchas alegrías y va a permitir disminuir el gasto sanitario, porque cada paciente tendrá el tratamiento que necesita. Si hablamos del hallazgo científico con mayor impacto en la sociedad, entonces diría que se trata del descubrimiento de la penicilina y los antibióticos. Se calcula que sin antibióticos la actual esperanza de vida en los países desarrollados se acortaría 20 años. Ahora, si me preguntas cuál es el avance científico que más me ha impresionado, no sabría decidirme, porque vivimos en una década muy productiva y cada progreso es una sorpresa dentro y fuera del ámbito biomédico. Las terapias dirigidas en cáncer como la inmunoterapia, la microbiota, la terapia génica, CRISPR y todas sus potenciales aplicaciones, la reprogramación celular y la senescencia en regeneración de los tejidos y cáncer, los trabajos sobre regiones no codificantes que nos siguen dando muchas sorpresas, los estudios sobre el cambio climático para tener capacidad de reacción. Y estos sólo son algunos ejemplos, no sabría decirte qué descubrimiento me ha impactado más. Recientemente me ha llamado la atención que metabolitos como el lactato regulan la expresión génica a nivel epigenético por modificación de los tallos de las histonas. Este hallazgo seguro que nos ayuda a desgranar mecanismos de inmunosupresión. O que mujeres zurdas puedan oler sin bulbo olfatorio, la plasticidad cerebral seguro nos dará muchas más sorpresas. A nivel social, me gustaría destacar dos grandes descubrimientos, que me han impresionado y que han llegado para quedarse: las redes sociales y el movimiento Me Too. ¿Cómo hemos podido tardar tanto?

P. ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R. Queda mucho camino por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país. El primer paso creo que es respetar la figura del investigador a nivel profesional, con salarios adecuados a su categoría profesional y tratarnos igual que cualquier otro trabajador. Es un error del pasado pensar que un investigador no puede tener estabilidad para producir. La estabilidad te da la tranquilidad para trabajar y dedicarte 100% a lo que tienes que hacer, y no estar preocupado por si tu contrato se termina en un año, que no puedes pedir determinado proyecto, que necesitas un Co-IP para solicitar un proyecto o un contrato FPU, o cosas básicas como que con este contrato y salario no puedes pedir una hipoteca o vivir en un determinado barrio. Ningún investigador competitivo va a hipotecar su carrera porque tenga un contrato indefinido o sea funcionario. El problema quizás es saber contratar bien y quedarse con los mejores. La endogamia es un problema gravísimo en España, y sobre todo a nivel universitario. Las evaluaciones cada 5 años son absolutamente imprescindibles. Es importante cuando se contrate a un investigador, que la institución o el centro le ofrezca un dinero base para que mantenga la productividad al inicio de su carrera como IP y en épocas de vacas flacas. No tiene ningún sentido tener un investigador contratado y que no disponga de dinero para investigar. Es como contratar a un cirujano y que no pueda operar porque no le es posible comprar el material que necesita. Desarrollar la figura de investigador en la universidad también sería importante. A nivel hospitalario queda todo por hacer, estamos en el tercer mundo en comparación con el CSIC. Espero que con Raquel Yotti, la nueva Directora del ISCIII,y con el nuevo gobierno las cosas empiecen a cambiar.

Pero sin duda el principal problema en España, además de la precariedad, por supuesto, es la falta de financiación, estamos repartiéndonos migajas. No es viable continuar con estos niveles de financiación. Estamos en el 1.2% del PIB en I+D+i cuando en Europa hay países que ya están casi en el 4% PIB. Pretenden que innovemos, pero con ese 1.2% no se puede hacer mucho. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que nuestros centros sólo quieran registrar patentes españolas? Es absurdo, y todo por falta de dinero y sentido común, claro. La burocracia está ahogando a muchos centros. Un investigador tiene que dedicarse a trabajar y no a cubrir papeles. También hay que prestar atención a los gestores y administrativos en ciencia. Tienen que saber cómo funciona la investigación y ayudar al investigador. Hay que seleccionar de forma competitiva a los gestores, no vale cualquiera.
Otro camino que hay que trabajar en España es la innovación. El sistema pretende que el investigador haga su trabajo en el laboratorio y que se forme para crear una empresa o convertirse en CEO. No se puede hacer todo, no hay tiempo suficiente para las dos tareas. O eres empresario/emprendedor o científico competitivo. Debería haber una figura intermedia para que no nos quiten el tiempo que necesitamos para investigar. Sería mucho más productivo para todos y aumentaría la transferencia y la generación de nuevas empresas con mayores probabilidades de éxito. Se nos pide que seamos Eduardo manos-tijeras, que hagamos de todo y que todo sea excelente. Lo intentamos, pero aunque en España los investigadores somos superhéroes, no podemos llegar a todo, somos humanos y el día tiene 24 horas. ¿Por qué no copiamos lo que se hace en el Instituto Weizmann en Israel? Sólo tenemos que fijarnos en sistemas e institutos con éxito e imitarles. En ciencia hay cosas que ya están inventadas. No necesitamos un nuevo sistema para España, copiemos a los que lo hacen bien y aumentemos ya la inversión para llegar a un mínimo del 2% PIB en menos de 4 años o estaremos abocados al fracaso. Aunque viendo los datos, cuando lleguemos al 2% otros países probablemente estarán en el 6% PIB. El gobierno tiene que ponerse las pilas o perderemos definitivamente el tren del progreso en pleno siglo XXI.