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Entrevista a Manel Esteller

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- De niño ya tuve un interés por las ciencias naturales, por estudiar y saber cómo eran y funcionaban los «bichitos». Además deseaba que ese conocimiento fuera útil para ayudar a los demás, quizás una visión idealista del problema. La visión del médico con su bata blanca y mirando al microscopio era una imagen poderosa. Un buen profesor de química en el instituto me hizo ir en el camino correcto. Luego hice Medicina, no para ser médico si no para entender las enfermedades. Las figuras que conocía eran los «clásicos», Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- En la carrera de Medicina disfruté de la Bioquímica y la Fisiología de la Unversidad de Barcelona al haber excelentes profesores que luego por las tardes me permitían «trastear» por los laboratorios cuando las asignaturas más clínicas acechaban. Hice la tesis doctoral en un laboratorio de biología molecular del Hospital Valle de Hebrón, otra vez empeñado en mezclar conocimiento y aplicabilidad. Una estancia en la St. Andrews University de Escocia, sumado a los límites de la genética decimonónica, me decidieron a ir a la Johns Hopkins University and Oncology Center para estudiar la naciente displicina de la moderna Epigenética. Cinco años más tarde, después de haber establecido la inactivación epigenética de los genes supresores de tumores como una propiedad fundamental de la célula tumoral, acepté la oferta de Mariano Barbacid para dirigir mi grupo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). En Madrid pasé siete años excitantes donde extendimos nuestro resultados desde la metilación del ADN a la modificación de las histonas, desde el cáncer a patologías monogénicas como el Síndrome de Rett. Nuestro descubrimiento sobre la epigénetica distinta de los gemelos dio la vuelta al mundo. Era hora de volver a casa. Acepté hace dos años la Dirección del Programa de Epigenética y Biología del Cancer (PEBC) del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) en Barcelona. Esta decisión me ha permitido ampliar nuestros intereses, habiéndonos adentrado en el genoma oscuro (ARN no codificante) y en el desarrollo de nuevos fármacos epigenéticos.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las  características que definen a un buen ivestigador? 

R.- Curiosidad y persistencia. Fui un niño curioso y en el fondo aún me sigo sintiendo de esa forma. Existen tantas preguntas por contestar, tanto por conocer y la sociedad nos reclama soluciones para muchos de sus problemas. Además hemos de ser firmes y probar una vez y otra los experimentos sin desfallecer, pero siendo conscientes de que a veces es bueno cambiar de dirección. Supongo que por ello me gusta la epigenética: es dinámica y flexible.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué  consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Epigenética es una palabra rara que significaría aquello que está más allá o por encima de la genética. Tiene muchas definiciones, lo que indica que no sabemos verdaderamente lo que es. Es el estudio de las modificaciones químicas de nuestro genoma y de las proteínas que lo regulan lo que determina su actividad más allá de la secuencia de nucleótidos y se transmite en cada división celular. La genética es el alfabeto, la epigenética su gramática y ortografía. Todas las enfermedades humanas presentan un componente de alteración epigenética. El caso más estudiado es el cáncer, donde las alteraciones de la metilación del ADN y las modificaciones de las histonas han generado biomarcadores de pronóstico y quimiosensibilidad y fármacos epigenéticos contra ciertas formas de leucemias y linfomas. 

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- En los últimos 50 años ha habido tantos avances que es difícil elegir. El mundo ha cambiado por completo. Para mi abuela ir al pueblo vecino era una aventura, ahora podemos viajar al último confín del planeta y comunicarnos en tiempo real con esas personas. En 1945, el 90% de los pacientes con cáncer morían al primer año y ahora sobreviven más allá de los cinco años el 60%. No sabíamos dónde estaba la información genética y ahora tenemos genomas completos individualizados. Mucho para escoger. Si me dieran a elegir, y quizás por una cuestión romántica, la llegada del hombre a la luna me sigue pareciendo una epopeya espectacular. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Se necesita un apoyo continuado y decidido de la investigación y la innovación que no puede depender de los vaivenes políticos. Los pueblos que no invierten en conocimiento y educación están condenados a sufrir.