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Entrevista a M. Ángela Nieto

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- La verdad es que siempre me recuerdo pensando en ser científica.  

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- No tengo antecedentes familiares pero esperaba a mi padre quien me traía puntualmente el nuevo número de Investigación y Ciencia. También recuerdo especialmente a mi profesora de COU, Isabel Bauzá, quien determinó mi decisión por la Biología y el apoyo incondicional de toda mi familia. Mi madre aún está pendiente de cualquier hecho científico que aparece en la prensa y me llama de inmediato. Ella debía haber ido a la Universidad, hubiera sido una excelente investigadora, pero las circunstancias de la época no lo permitieron.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié Biología en la Universidad Autónoma de Madrid y realicé mi Tesis Doctoral con Enrique Palacián en el Centro de Biología Molecular estudiando interacciones proteínas-ácidos nucleicos, donde adquirí formación bioquímica. A principios de 1988, me trasladé al Instituto de Investigaciones Biomédicas donde trabajé con Abelardo López-Rivas en muerte celular programada en células del sistema inmune, lo que me sirvió para adquirir conocimientos de Biología Celular. Con la intención de escalar en el nivel de organización biológica me trasladé al laboratorio de David Wilkinson en el National Institute for Medical Research en Londres, para estudiar cómo las células se comunican entre sí y coordinan su información para generar un individuo completo. Allí aislé genes importantes para el desarrollo del sistema nervioso en vertebrados. Justo unos meses antes de regresar a España, encontré que la expresión un gen llamado Snail mostraba las células migratorias del embrión, y decidí que desde ese momento, finales de 1992, quería estudiar cómo funcionaba. En estos 18 años, primero en Madrid y desde hace cinco años en Alicante, hemos realizado un estudio global de sus capacidades y hemos aprendido que Snail tiene dos caras, una beneficiosa en el embrión y otra perjudicial cuando se activa de forma aberrante en el adulto. Es un ejemplo paradigmático de cómo la reactivación de programas embrionarios en el adulto tiene consecuencias patológicas graves.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- En 1994, desde el Instituto Cajal describimos que los factores Snail eran fundamentales para dotar a las células de capacidad de movimiento y de migrar a lugares lejanos en el embrión. Este cambio de comportamiento celular que implica la adquisición de propiedades migratorias se denomina transición epitelio-mesénquima y es esencial para la formación de muchos tejidos y órganos cuyas células se originan lejos de su destino final. En ese momento propusimos que la activación patológica de Snail podría también estar implicada en la malignización tumoral, ya que un proceso muy similar de salida y migración celular desde el tumor primario ocurre durante el primer paso del proceso metastático. Entonces fui a visitar a Amparo Cano quien llevaba muchos años trabajando en la regulación de la adhesión en la progresión del cáncer y empezamos una colaboración muy estrecha que nos llevó a demostrar que Snail es un represor de la expresión de cadherina y un inductor de la TEM también durante progresión tumoral. Posteriormente, en nuestro grupo hemos encontrado que aunque los genes Snail también regulan la proliferación celular y la supervivencia y que aunque son cruciales para el desarrollo embrionario normal, deben permanecer apagados en el adulto. De hecho, ahora sabemos que además de su papel en la progresión tumoral, su reactivación en el adulto da lugar a otras patologías, incluyendo la fibrosis renal y enfermedades relacionadas con el crecimiento y la mineralización de los huesos, como la acondroplasia (la forma más común de enanismo en humanos) y la osteomalacia, respectivamente. Nuestro reto continúa siendo como hasta ahora intentar «avanzar en los campos del conocimiento» como decía la contraportada de Investigación y Ciencia que leía de pequeña. Continuamos estudiando Snail en la salud y la enfermedad, su relación con otros genes semejantes e intentando encontrar reactivos que puedan bloquear su función.  

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Entre las características necesarias, yo pondría dos por encima de todo: dedicación y pasión. Este trabajo es muy demandante en tiempo y energía pero también produce grandes satisfacciones y un sentimiento de libertad muy gratificante. Por otra parte, los científicos en general también tenemos un sentimiento de conciencia social importante, que es muy claro para los que tenemos la suerte de trabajar en Biomedicina. También quería destacar la importancia de la movilidad; hay que moverse al sitio donde mejor se puedan desarrollar nuestras capacidades. Además, hay que trabajar para que las mujeres no tiren la toalla, que tengan la complicidad de sus parejas y el apoyo de la sociedad para que conciliar sea lo normal. Por último, para todos, sobreponerse al desaliento y de disfrutar de la vida. 

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- La Ley de la Ciencia del año 1986 supuso un impulso sin precedentes para la investigación en España. Gracias a ella han surgido varias generaciones de científicos que han logrado poner a nuestro país en el mapa internacional de la ciencia y la tecnología. Por otra parte, en los últimos años habíamos visto un incremento muy notable en la financiación que ha contribuido a consolidar grupos y proyectos en Universidades e institutos de investigación. La crisis económica ha venido a paralizarlo todo y los científicos estamos doblemente preocupados. En primer lugar, porque un parón en Ciencia significa un retroceso. En segundo lugar, porque sentimos cómo vuelve de forma desmesurada la discusión de la investigación básica frente a la aplicada con el consiguiente temor del descuido de lo que llamamos básica. Además, se utiliza la palabra innovación como algo mágico y panacea para resolver todos nuestros problemas. En este punto me gustaría recordar a Cajal una vez más cuando decía que de donde surge el conocimiento brotan de inmediato las aplicaciones. Ahora que se cumple el decimo aniversario de la secuenciación del Genoma Humano, conviene también reflexionar sobre las palabras de Francis Collins en Nature recordando la primera ley de la Tecnología: siempre se sobreestima el impacto a corto plazo y se subestima aquel a largo plazo. Convendría por tanto recordar a nuestros dirigentes políticos que no descuiden la financiación en investigación básica y que no basen sus objetivos en éxitos a corto plazo. Hablamos de Ciencia y Progreso, del bienestar de las generaciones futuras.