Acércate a...

Entrevista a José Luis García-Pérez

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial? ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- La verdad es que lo recuerdo aún como si fuese ayer, en unas prácticas de la Licenciatura en Farmacia, en primer curso. Era un experimento muy sencillo, pero me impactó el procedimiento de cómo hacer un experimento y poder ver un resultado rápidamente (en este caso una simple tinción de cromosomas de cebolla). A lo largo de mi carrera (que no es muy extensa) he tenido la oportunidad de conocer a gente que me ha influenciado mucho en cómo entiendo la ciencia. Desde mi profesora de Química que me dio la primera oportunidad de destrozar cosas en un laboratorio (Dra. Encarnación Camacho), pasando por mis mentores de Doctorado (Dr. Manuel Carlos López-López) y de post-Doctorado (Dr. John V. Moran). De ambos aprendí mucho la pasión y el esfuerzo necesario en la carrera científica, y ambos han sido muy influyentes en mi carrera científica. A nivel personal, mi padre (Jose Luis, Médico Oncólogo) también ha sido muy influyente, como ejemplo de dedicación al trabajo!, junto con el INCONDICIONAL apoyo de mis hermanas (Bárbara y Patricia) y claro está, de mi madre (Sensi).

La verdad es que no tan joven, hace unos 10 años, en una conferencia escuché uno de los consejos más sabios que he oído para un científico: «work harder, think deeper». Bromas aparte, un consejo que aprendí desde joven fue a ser crítico con uno mismo, y lo sigo practicando. Además, hay otro gran mantra en mi carrera y es trabajar en lo que te motiva, sea lo que sea.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.-Soy Licenciado en Farmacia y Doctor en Inmunología Molecular por la Universidad de Granada. Durante mis años como licenciado, nunca fui muy buen estudiante, y mi expediente académico no supera el 3, pero me divertí mucho. Durante la carrera, tuve la oportunidad de participar como alumno interno en el Dpto. de Química Farmaceútica, en su momento colaborando en la síntesis de análogos de la hormona melatonina. Fue una gran aventura y diversión para mí, pero en breve descubrí que la investigación biológica me motiva mucho más. En el último curso de carrera tuve la suerte (y digo suerte porque no era buen estudiante) de conseguir una beca del CSIC (Iniciación a la Investigación) que me permitió conocer al que sería mi mentor de Doctorado, y gracias a esta oportunidad acabé realizando mi Tesis Doctoral en el Institituto de Parasitología y Biomedicina Lopez-Neyra, en Granada (gracias a una generosa ayuda de la Fundacion Ramón Areces). Aunque al principio me interesó la línea de investigación encaminada a desarrollar una vacuna contra un parásito humano (Trypanosoma cruzi), tengo que confesar que me quedé enamorado con la otra línea de investigación del laboratorio que estaba caracterizando un elemento móvil del DNA del mismo parásito. Durante años, mi cerebro había sido bombardeado con la idea de que el DNA es una molécula estable… conocer de primera mano que hay trozos de DNA que cambian nuestra genoma, a tiempo real, me impactó y me hizo repensar mi decisión acerca del proyecto de Tesis. Así, y gracias a mi mentor de Doctorado que supo escucharme, para mi Tesis acabé realizando estudios bioquímicos acerca de las actividades enzimáticas codificadas por este trozo de DNA móvil. También gracias al apoyo de mi mentor de Doctorado, pude realizar una estancia corta de tres meses donde acabaría haciendo el post-doc. Para el post-doc, y dado que soy persistente, decidí estudiar más de lo mismo pero en un genoma con más posibilidad de genética, como es el del ser humano. Mi post-doc lo realicé con el Dr. John V. Moran, en el Dpto. de Genética Humana de la University of Michigan Medical School, en los EE.UU. La verdad, en su momento no lo pensé mucho, y confieso que en las primeras nevadas me pregunté si había elegido bien el sitio…Pero la realidad es que el post-doc, al menos para mí, fue la mejor de las etapas como científico hasta la fecha…literalmente te sientes respetado, no tienes problemas de escribir proyectos, y los problemas que generes son de tu mentor. En EE.UU. aprendí muchísimo de ciencia (muchísimo) y de su cultura en general, y fueron unos años muy productivos para mí como científico. Nunca me planteé en su momento convertirme en Jefe de Grupo, pero la inercia científica te va llevando… y llega un momento en que te ves detrás del timón y «ahora te toca a ti». Es una buena experiencia, pero nunca se está lo suficientemente preparado. En mi laboratorio intento, con más/menos éxito, establecer un buen ambiente de trabajo que creo que es fundamental, al igual que ser riguroso con nuestro trabajo y que saber divertirse con el día a día de un laboratorio. Son espacios muy pequeños donde pasamos mucho tiempo con demasiada frustración por los experimentos.

Sin duda alguna, repetiría mi trayectoria profesional… por ahora han sido años muy buenos para mí a todos los niveles.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Es difícil saber la formula mágica de cómo hacer un buen investigador… la verdad es que durante los años he conocido a muchos genios científicos, y los hay de toda clase, forma y manera. Para mí, sirve ser un obsesivo compulsivo, dentro de los límites. Es decir, hay que obsesionarse con la pregunta científica que se persigue, mirarla desde todos los ángulos, no tenerle ningún miedo, y sobre todo, hablar de ella con otros investigadores porque el mundo está lleno de gente que no piensa como tú. Siempre dentro de los límites razonables de la obsesión… he aprendido que «casarse con una hipótesis» no sirve de nada, más bien lo contrario… y he visto mucha gente sufrir por esto. Además de esto, ser tu peor crítico es otra característica deseable en cualquier científico, porque además nos hace diseñar mejores experimentos, más sencillos, y sobre todo más fáciles de interpretar. Por otro lado, es innegable que la suerte ayuda en ciencia, pero no todo es cuestión de suerte. Muchas veces, cuando 2+2 no suman cuatro, es donde empieza la ciencia de verdad, y no es tarea sencilla saber el porqué. Ser persistente, cauto y amplio de miras (no casarse con la hipótesis) es claramente seguir esa suerte de observar que 2+2 no son siempre 4. Además, creo que un investigador debe de ser un poco «rebelde» por naturaleza, porque la Biología está llena de dogmas. No hay que aceptar los dogmas cuando te los encuentras de frente, pero tampoco se puede ir en contra de ellos sin más, porque muchos son reales y tangibles. Es decir, la rebeldía es algo que te permite retar un dogma cuando tus datos te dicen qué debes retar… nunca deberíamos tener miedo al resultado de ningún experimento, aunque se salga de nuestra deseada, amada y razonable «hipótesis»… Por último, y esto lo diré seguro porque soy un desastre, he visto a menudo que el desorden está muy cercano a la creatividad…

Son varios, en lugar de un único, los consejos que le puedo dar a quien empieza su carrera científica, la verdad. Para mí el más importante es encontrar alguna pregunta/tema que te apasione, y que te dediques a ello con tu máximo esfuerzo. No tener miedo nunca al fracaso… ser persistente, amplio de miras, crítico con tu trabajo, y sobre todo ser valiente para todas las etapas de esta carrera profesional. Sin duda alguna, los que empiezan su carrera científica en España son valientes, y merecen mi máximo respeto, porque entre unos y otros están aniquilando esta preciosa vocación profesional… y por último, sigue la suerte si te la encuentras… no será fácil, pero seguro que recompensará.