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Entrevista a José Antonio Esteban

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad? 

R.- Mi trayectoria investigadora se inicia con la realización de la tesis doctoral en el laboratorio de Margarita Salas en el Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa», en aquel momento un centro puntero en España en estudios de biología molecular y celular. Quizá uno de los puntos críticos en mi carrera fue la decisión de continuar mi formación postdoctoral e iniciar un grupo de investigación propio en Estados Unidos, en la Universidad de Michigan. Ello amplió considerablemente mis perspectivas científicas y profesionales, y me permitió reintegrarme en el sistema científico español en el año 2002, en condiciones óptimas para seguir desarrollando un trabajo de calidad internacional. En estos momentos de carestía es casi una obligación salir al extranjero para continuar la carrera científica. Pero incluso en condiciones de bonanza, yo considero que la movilidad y la exposición a distintas culturas científicas son fundamentales para la formación de un investigador. Ahora bien, en las actuales circunstancias económicas y falta de apoyo a la investigación, es posible que no hubiera decidido regresar a España.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Sin duda, curiosidad. Es fundamental el afán por entender el funcionamiento de la naturaleza, por encontrar respuestas a los fenómenos que nos rodean y que no entendemos. Capacidad de observación. El mejor diseño experimental puede desperdiciarse si la mente no está preparada para percibir los detalles, las cosas que no encajan, los resultados inesperados. Tesón, capacidad de trabajo, motivación, entusiasmo. La investigación científica requiere una gran dedicación, muchas horas de trabajo, y los momentos de «Eureka» son escasos y fugaces. La mayor parte del tiempo el trabajo no tiene una recompensa obvia, y no son pocos los momentos de frustración en los que el proyecto no parece avanzar. Se requiere fortaleza de carácter y capacidad de sacrificio para llegar al momento del descubrimiento genuino, que puede ser pequeño, un detalle de cómo funciona ésta o aquélla proteína, pero tiene la excitación contenida de saber que eres el primero en observarlo.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Cualquier consejo en estos momentos es difícil, y depende mucho de las circunstancias personales de cada uno. Quizá uno que creo que es siempre válido es procurar ser ambicioso, en el buen sentido de la palabra. No amedrentarse porque el problema parezca difícil o no estemos seguros de adónde nos va a llevar. Un colega más senior una vez me dijo: «no hagas preguntas pequeñas, porque si todo sale bien, sólo tendrás una respuesta pequeña». Haz preguntas grandes, ambiciosas… y asume que el camino será difícil.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- En mi grupo de investigación tratamos de entender cuáles son los mecanismos de aprendizaje y memoria en el cerebro. Es decir, ¿qué cambia en nuestras neuronas cuando aprendemos algo? Ahora sabemos que el aprendizaje está basado en la plasticidad, la capacidad de cambio, de las conexiones sinápticas entre las neuronas. Y curiosamente, esta plasticidad utiliza procesos de transporte intracelular de membrana, como los descritos por los galardonados con el Premio Nobel de este artículo. En este caso el transporte afecta a los receptores de neurotransmisor, que entran y salen de la membrana sináptica en respuesta a la actividad neuronal, y de esta forma modulan la intensidad de la comunicación sináptica. En nuestro grupo intentamos entender cómo ocurre ese proceso, y especialmente, cómo se altera en enfermedades mentales que conllevan deterioro cognitivo, como es la enfermedad de Alzheimer.

P.- ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Nos queda muchísimo por hacer. Hemos hecho grandes avances en el conocimiento de la maquinaria molecular que interviene en la comunicación nerviosa y su plasticidad. Sin embargo, las neuronas son células extremadamente complejas, y es todavía bastante misterioso cómo se integra toda esta maquinaria para permitir que las neuronas funcionen como parte de un circuito, y den lugar a fenómenos tan sofisticados como la memoria, el miedo, la resolución de problemas, etc. También hemos avanzado mucho en el conocimiento de algunas enfermedades mentales como el Alzheimer o Parkinson, pero otras siguen siendo prácticamente cajas negras, como el autismo, la depresión o la esquizofrenia. Es difícil predecir cómo el conocimiento de los mecanismos moleculares nos va a llevar a entender estas enfermedades, pero ahora que la tecnología genómica y genética está progresando de forma acelerada, es fundamental que entendamos qué ocurre dentro de una neurona cuando un gen está mutado y se produce una proteína defectuosa.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- La carrera científica en España simplemente no está articulada ni suficientemente valorada. Está basada en el enorme sacrificio y talento de una multitud de jóvenes investigadores que trabajan en condiciones precarias y con un futuro incierto. Es fundamental definir una carrera científica de forma exigente, basada en el mérito, pero dotada y apoyada económicamente, y sobre todo con estabilidad y visión a largo plazo. Los países ricos no invierten en ciencia porque son ricos, sino que se han hecho ricos gracias a esta inversión. Sin duda queda mucho camino para que este simple mensaje cale en la cultura política de nuestro país.