Acércate a...

Entrevista a Jesús Vázquez

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Desde el colegio he tenido predilección por las asignaturas de contenido científico y la verdad es que me gustaban todas, las matemáticas, la física, la química, las ciencias naturales… En aquellos momentos dudaba entre elegir la carrera de científico (en general) o de arquitecto, pero recuerdo que fue la lectura de un libro de divulgación sobre el ADN, los ribosomas, la transcripción de la información genética y la estructura de las proteínas la que me llenó de curiosidad y me metió el gusanillo por indagar en los mecanismos moleculares de la vida. Por ello decidí comenzar la carrera de Ciencias Químicas con la idea de hacer la especialidad de Bioquímica, ya que por aquél entonces no existía la licenciatura como tal. Sin embargo, al llegar al ecuador de la carrera tomé la decisión de optar por la rama de Química-Física porque consideraba incompleto mi conocimiento de la estructura fundamental de los átomos y moléculas; sólo después realicé el doctorado en Bioquímica. Nunca me he arrepentido de esta decisión, que me ha dado una base teórica que me ha resultado muy útil durante mi carrera investigadora. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Ser un buen investigador es realmente difícil, y no basta con tener un conocimiento muy sólido, dominar la materia y la tecnología, trabajar mucho y estar a la última. Hace falta algo más. Los investigadores de hoy tienen que ser todoterrenos. Hace falta capacidad de persuasión y de dialéctica para preparar los proyectos de investigación o para publicar en una buena revista. Hace falta tener un punto de liderazgo y de psicología para llevar un grupo de investigación, motivar y sacar lo mejor de cada persona. Hace falta un toque de marketing y un espíritu de negociante para vender las ideas y rentabilizarlas… Y sobre todo hay que tener muchísima intuición para aprovechar las oportunidades, que en este terreno surgen en el momento más inesperado. Y supongo que también hace falta mucha suerte, por ejemplo, que no te pille el comienzo de tu carrera científica en plena crisis económica.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- La investigación es una carrera que requiere mucho esfuerzo y dedicación y por ello lo más importante es elegir bien la temática, hacer lo que a uno le gusta. También es muy importante tener una actitud constructiva, humilde y autocrítica, hay que ser muy consciente de lo que se hace mal y lo que se puede mejorar y aprender, y escuchar, escuchar mucho. Creo que es muy importante estar muy bien informado del tema científico en el que se trabaje, y no contentarse con aprender una sola técnica. Por ello es importante no tener miedo a los cambios, cambiar de tema o de proyecto o cambiar de laboratorio. Y, por supuesto, es imprescindible irse al extranjero durante unos años y relacionarse con otros científicos.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- En general, siempre me fascinaron las teorías modernas que describen las fuerzas y las estructuras fundamentales, como la relatividad, la mecánica cuántica y las que vinieron después (dentro de lo que he sido capaz de entenderlas, que es muy poco). Porque me parecen una hazaña en la capacidad de abstracción y de razonamiento del ser humano. En un terreno más experimental, tampoco ha dejado de impresionarme la tremenda complejidad que muy poco a poco, hito a hito, se ha ido descubriendo detrás de las biomoléculas; su funcionamiento se revela cada vez más complejo e intrincado, parece una historia que no vamos a comprender nunca en su totalidad. Y, en mi propio terreno, siguen siendo una sorpresa y un estímulo el desarrollo de las técnicas de espectrometría de masas y la manera como pueden aplicarse al estudio de las proteínas.  

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- En nuestro laboratorio usamos técnicas de proteómica de última generación para el estudio de los mecanismos moleculares de procesos biológicos y enfermedades relacionadas con la fisiopatología cardiovascular. Estas técnicas nos permiten estudiar el comportamiento de los miles de proteínas que componen un sistema biológico desde una perspectiva global y no sesgada, que no requiere de hipótesis previas de trabajo. En nuestro laboratorio estamos, por un lado, trabajando en la propia tecnología, cuyo potencial es enorme pero todavía no está apenas explotado, y por otro estamos aplicando activamente la tecnología en una serie de proyectos de investigación con la idea de caracterizar mecanismos moleculares y descubrir nuevas dianas que pudieran usarse con fines terapéuticos o diagnósticos. Entre otros proyectos, estamos analizando cómo se activa la respuesta del músculo liso vascular y qué factores son secretados por estas células en situaciones de hipertrofia. También estamos estudiando el mecanismo molecular del precondicionamiento, que es un proceso protector que previene al corazón contra los daños producidos por isquemia-reperfusión, así como los determinantes moleculares asociados al envejecimiento y a modelos animales de hipertrofia cardiaca. Finalmente, estamos estudiando los mecanismos que regulan el funcionamiento de los exosomas, que son unas microvesículas secretadas por muchos tipos celulares y que sirven de vehículos de comunicación y señalización intercelular, incluyendo el análisis de mecanismo de transporte de miRNAs y la regulación del repertorio de proteínas que los componen.  

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- En España tenemos un buen sistema de evaluación científica, en líneas muy generales, y estamos consiguiendo, poco a poco, implementar un modelo basado en el fomento de la excelencia. Las nuevas generaciones vienen con una mentalidad muy abierta y con mucho conocimiento de lo que se cuece en los países científicamente más avanzados del mundo. Por eso, y aunque todavía queda mucho camino por recorrer, yo creo que el sistema científico español, como tal, va bien encaminado, no se está articulando mal desde dentro. Yo creo que el problema de la ciencia está fuera de ella, y ese problema es muy grave. Simplificando mucho, me imagino el sistema científico como un motor que hay que poner en marcha. Este motor se construye con una sólida estructura de investigación básica, que aporta fundamento tecnológico y conocimiento. Sin ella la ciencia no puede ser útil ni rentable, porque la ciencia no se puede aplicar si no hay conocimiento. Sin embargo, cuando se alcanza un punto de conocimiento y de capacidad tecnológica, llega un momento en que las aplicaciones prácticas surgen de forma espontánea y hacen rentable el sistema, atrayendo la entrada de capital privado. Pero para poner en marcha la máquina hace falta un mínimo de inversión y mucho, mucho más tiempo del que disponen nuestros políticos. En España no hay manera de alcanzar este punto, pues la política científica es errática y no hace más que dar bandazos. Haría falta establecer un pacto de consenso entre todas las fuerzas políticas, establecer una hoja de ruta «científica» y una inversión mínima (un porcentaje ínfimo del PIB)… y seguirla estrictamente durante mucho tiempo, incluso en épocas de vacas muy flacas como la de ahora. Los recortes actuales en ciencia y tecnología pueden ser fatales, porque a este paso vamos a parar todo lo que se ha puesto en marcha y tendríamos que arrancar la máquina de nuevo, lo que supondría tirar por la borda todo lo que se ha avanzado durante muchos años. Otro problema relacionado es el poco peso que tiene la ciencia española en la opinión pública, que a su vez condiciona las decisiones políticas.