Acércate a...

Entrevista a Javier López-Ríos Moreno

P. ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R. Crecí viendo los documentales de Jacques Cousteau y leyendo los libros de Gerald Durrell, y creo que esas fueron las influencias más importantes que despertaron mi fascinación por la naturaleza. Durante mi adolescencia, el inicio del proyecto genoma humano, unido a la lectura de Stephen Jay Gould, motivaron mi deseo de estudiar Biología Molecular.

P. ¿Recibió de joven algún consejo al cuál siga siendo fiel?

R. Muchísimos, y los sigo en mi vida personal y profesional. El más importante viene de mis padres, y es seguir la máxima de que siempre pasa lo mejor, que hay que mirar el lado positivo en todo. Considero esencial este optimismo como actitud vital en el laboratorio. Incluso si un proyecto no va bien o un experimento falla, por las razones que sean, es importante no considerarlo necesariamente un fracaso, sino una oportunidad de adquirir experiencia, conocimiento y habilidades para solucionar futuros problemas.

P. ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

Hice mi tesis doctoral en el Instituto Cajal bajo la dirección de Paola Bovolenta, estudiando el papel de los genes de la familia Six en el desarrollo de ojo en embriones de pez medaka y pollo. Este periodo fue fantástico, puesto que me permitió interaccionar con una gran cantidad de grupos e investigadores con los que sigo en contacto y colaborando hoy en día. En este punto, decidí que quería trabajar en el modelo de ratón, puesto que en aquel momento era el único vertebrado en el que se podían introducir mutaciones precisas en el genoma, gracias a la recombinación homóloga en células madre embrionarias. Para ello, me uní al grupo dirigido por Rolf Zeller en la Universidad de Basilea, con quien estuve casi ocho años, tras los cuales conseguí una posición de investigador principal junior en el departamento de Biomedicina. En estos periodos estudié los mecanismos moleculares que controlan el desarrollo de la extremidad en el ratón, principalmente aquellos mediados por la vía de señalización Hedgehog. Esta etapa en el extranjero fue fundamental para mi, y me permitió madurar como investigador y definir mi trayectoria científica independiente, además de darme la oportunidad de interaccionar con muchos investigadores excelentes por todo el mundo. En el 2017, me trasladé al Centro Andaluz de Biología del Desarrollo en Sevilla, que es un sitio con una dinámica y excelencia científica increíble.

Respecto a si repetiría mi carrera en su totalidad, la respuesta es un rotundo sí, puesto que he tenido mentores y colegas magníficos, y he podido realizarme científicamente. Por supuesto que ha habido cosas que me hubiera gustado que salieran de otro modo y he tratado de corregir errores y aprender de ellos pero, por convicción personal, nunca me arrepiento de mis decisiones. Dicho esto, también creo que he sido afortunado en mis elecciones, ya que también hay un gran componente de azar en la carrera investigadora.

P. ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R. Evidentemente un buen investigador ha de ser íntegro y éticamente impecable, a todos los niveles, esto se presupone, así como su vocación científica, que considero fundamental. Pero si la pregunta es cuáles son las características personales que ayudan en investigación, creo que las principales son el ser muy trabajador, constante y perfeccionista, aprovechar bien en el tiempo, que es el único recurso finito, y tratar de buscar la excelencia. También se ha de tener un punto de valentía y ambición -bien entendida- para cuestionarse todo, desde un diseño experimental hasta un dogma establecido en un campo, así como no tener miedo a salir de la zona de confort, tanto teórica como experimentalmente. Igualmente, es importante aprender a establecer y honrar colaboraciones internas y externas. Además de todo esto, yo valoro mucho el respeto hacia el tiempo y el trabajo ajeno y aprecio las actitudes empáticas y generosas, puesto que enriquecen el ambiente de trabajo y, a la larga, son muy beneficiosas para la carrera científica propia.

Mi consejo a quien empieza su carrera científica es que, en todas las etapas de su vida profesional, dedique especial atención a escoger el grupo en el que va a realizar su tesis doctoral o su periodo postdoctoral. Además de ser un grupo que haga ciencia de calidad en un campo que le apasione, creo que es importante encontrar el mentor adecuado, que le forme y ayude, y en un laboratorio en el que se sienta que puede contribuir y formar parte. Por eso es importante visitar los laboratorios que le interesen, hablar con sus futuros compañeros o con gente que ya ha estado en ese grupo. Un sitio concreto puede ser una excelente elección para unos y desastrosa para otros. Y por cierto, tampoco es un drama cambiar de laboratorio si la situación no es adecuada y no se reconduce, por las razones que sean. En resumidas cuentas, creo que una parte importante del éxito, en cualquiera de las etapas de la carrera científica, es, además del esfuerzo constante y paciente, el encontrar el ambiente adecuado en el que desarrollarse profesionalmente.

P. ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de esta área científica?

R. En nuestro laboratorio utilizamos el modelo genético del ratón para estudiar cómo están estructuradas las redes de regulación génica que controlan el desarrollo en vertebrados, fundamentalmente aquellas implicadas en la morfogénesis y diferenciación del esqueleto de la extremidad. Por un lado, nos interesa mucho tratar de entender el funcionamiento del genoma regulador durante el desarrollo de la extremidad, en cómo se consiguen establecer sofisticados patrones de expresión génica, controlados temporalmente y en tipos celulares/tejidos concretos, de manera robusta. Por otro, también nos apasiona tratar de entender cómo estas mismas redes de regulación han sido alteradas durante la evolución para dar lugar a anatomías muy especializadas. Por ejemplo, utilizamos aproximaciones de genómica funcional, incluidas las de célula única, en organismos no tradicionales en biología del desarrollo, como el cerdo, en el que las extremidades son muy diferentes a las de ratón o humanas, como resultado de cambios adaptativos durante la evolución de estos animales. Finalmente, también nos interesa mucho el estudio de la especificación de subpoblaciones en el hueso durante el desarrollo, así como en estadios postnatales. Existe en el hueso compacto una gran heterogeneidad y dinámica en las poblaciones estromales mesenquimáticas, que son fundamentales para establecer el nicho hematopoyético y tienen un gran potencial biomédico por sus propiedades inmunomoduladoras. Son tiempos muy excitantes para estudiar todas estas preguntas fundamentales en Biología, puesto que la genómica funcional y las nuevas tecnologías de modificación del genoma, como CRISPR, están permitiendo conocer con mucho detalle cómo se controla la expresión génica durante el desarrollo. Esto, además de conocimiento básico, tiene implicaciones para el entendimiento de la etiología de enfermedades humanas, así como en terapias basadas en ingeniería de tejidos y reprogramación.

P. ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

Creo que nuestro país tiene desde hace tiempo herramientas razonablemente buenas, por ejemplo los contratos FPU, que reconocen la excelencia en los estudios y que permiten al científico en formación escoger, hasta cierto punto, el grupo donde quiere hacer su tesis doctoral. Este tipo de contratos no existen en muchos otros países, y, aunque los salarios deberían incrementarse significativamente, son una herramienta adecuada para comenzar una carrera investigadora. Pero se dan muy pocos y se quedan fuera estudiantes con expedientes realmente brillantes, así que, ¿qué tipo de mensaje se manda con esto? Algo parecido pasa con los programas Juan de la Cierva o Ramón y Cajal, herramientas buenas pero escasas. Desde hace décadas se está hablando de llegar al 2% del PIB en inversión en ciencia, la media de la UE, y no ha ocurrido. Simplemente, no se le da a la ciencia y a la innovación la suficiente importancia en nuestro país como para invertir decididamente en ella de forma sostenida, que es lo que genera transferencia de conocimiento a la industria y un tejido productivo importante. No es casualidad que las vacunas contra la COVID que han llegado al mercado vengan de Alemania, Reino Unido o EEUU. Es esta falta de inversión continuada en ciencia lo que genera gran parte de las distorsiones, temporalidad y salarios inaceptablemente bajos en la carrera científica en España. A esto se le unen algunas deficiencias estructurales del sistema, como el que la carrera investigadora esté diseñada de forma lineal, desde la etapa de estudiante predoctoral hasta llegar a ser investigador principal. No existen los mecanismos para aquellos investigadores senior que no son investigadores principales, pero con estatus científico similar y tan importantes como estos para el funcionamiento de los grupos. La falta de recursos ha hecho que, en muchos casos, estos investigadores con experiencia se hayan cansado, con razón, y abandonado sus carreras científicas, lo cual puede ser un drama personal y ciertamente una pérdida enorme para el país. Habrá que ver cuál es el impacto real de la nueva ley de la Ciencia que se está tramitando, así como de la reciente reforma laboral, para ver si realmente este tipo de situaciones se minimizan. Sin embargo, ninguna reforma tendrá impacto significativo si no se acompaña de una apuesta continuada por la inversión en ciencia y con presupuestos plurianuales que sean inmunes al vaivén político y económico.