Acércate a...

Entrevista a Ignacio Casal

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Mi vocación científica creo que surgió de forma innata. Desde la infancia sentí gran curiosidad por todo lo que tenía que ver con ciencia y descubrimientos. Severo Ochoa, el último premio Nobel español y asturiano como yo, ejerció posiblemente una gran influencia en mi opción de decantarme por la bioquímica. La elección de una carrera de ciencias como químicas abría la posibilidad de estudiar bioquímica, por entonces una especialidad de químicas que solo se impartía en Madrid y Barcelona. Esa fue la razón por la que me trasladé de Oviedo a la Universidad Complutense de Madrid donde conocí a D. Ángel Martín Municio, extraordinario profesor y pionero de la bioquímica en España, que me introdujo en el mundo de la Bioquímica y de la investigación.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Al terminar la carrera, realicé mi Tesis Doctoral en el grupo del Prof. Eladio Viñuela bajo la supervisión del Prof. Luis Enjuanes sobre la inmunología del virus de la peste porcina africana en el Centro de Biología Molecular, un centro mixto CSIC-UAM. Disfruté de una de las primeras becas del FIS que se comenzaban a dar en España. Posteriormente realicé una estancia postdoctoral en el Massachusetts Institute of Technology en el laboratorio del Prof. Klibanov, donde me familiaricé con técnicas de biología molecular y química de proteínas. Recuerdo el MIT como un sitio absolutamente fascinante. Lo que más me llamó la atención fue la tremenda multidisciplinariedad y la gran interconexión y comunicación que había entre todos los departamentos. De vuelta a España, y teniendo en cuenta que siempre me he sentido atraído por la aplicación de los resultados, me incorpore a la recién creada empresa de Biotecnología, INGENASA, una de las primeras que hubo en España y allí trabaje muchos años en el campo de la sanidad animal en temas de diagnósticoy desarrollo de nuevas vacunas frente a virus veterinarios, llegando a ser Director del Departamento de Investigación. Sin embargo, la reiteración en el tipo de experimentos me llevó a buscar nuevos objetivos profesionales y retos científicos. En 2001, me incorporé al CNIO como director del Departamento de Biotecnología y allí empecé a trabajar en cáncer colorrectal y proteómica, compaginándolo con todas las labores de gestión que implicaba el puesto y participar en el lanzamiento de un centro del tamaño del CNIO. Finalmente, desde 2008 tengo la plaza de Investigador Científico del CSIC en el Centro de Investigaciones Biológicas donde he disfrutado de un magnífico ambiente científico para llevar a cabo mis investigaciones actuales.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Es difícil contestar a esta pregunta. Como científico, creo que aunque mi trayectoria ha sido buena siempre hay cosas mejorables. Probablemente hubiera sido muy positivo alargar mi periodo postdoctoral en el extranjero, o incluso realizar un segundo periodo, dado que esos años suelen ser extraordinariamente productivos y formativos. Por otro lado, yo soy un caso bastante atípico en el sentido que he hecho un viaje de ida y vuelta desde la academia a la empresa y vuelta a la academia y además cambiando de línea de trabajo. Estas situaciones en España están extraordinariamente penalizadas. Probablemente si llego a saber todos los problemas con los que me he enfrentado me lo hubiera pensado más. Luego volveré sobre ello.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Creo que lo primero es la curiosidad por conocer y solucionar problemas. Después, la suficiente imaginación e ingenuidad para plantear las preguntas adecuadas y las posibles estrategias y formas de resolver el problema. A continuación, ser un trabajador impenitente e inasequible al desaliento, al maltrato de los editores, los referees o los evaluadores de proyectos. Una gran exigencia consigo mismo para ser competitivo en un entorno cada vez más duro. En este sentido, un permanente cuestionamiento tanto de los resultados propios como de los ajenos resulta de gran ayuda. Creo que en ciencia es tan difícil contribuir con un nuevo descubrimiento como rebatir una teoría bien establecida que sin embargo no es cierta, es incompleta o está mal interpretada. En ese sentido resultan particularmente preocupantes publicaciones recientes donde se describe la gran falta de reproducibilidad en muchos artículos científicos incluidos en revistas como Nature, Science o Cell. En definitiva, perseverancia y paciencia son absolutamente esenciales.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Desde hace años estoy interesado en el estudio de los mecanismos de metástasis en cáncer y, particularmente, en cáncer colorrectal. La metástasis es responsable de más del 90% de las muertes asociadas a cáncer y a pesar de ello existen numerosas lagunas en el conocimiento de su biología. Utilizo una perspectiva transversal, holística, que incluye el uso de varias tecnologías –omicas, principalmente proteómicas. Este tipo de aproximación supone un gran reto intelectual en cuanto te enfrenta a múltiples proteínas, generalmente desconocidas, y que presentan funciones muy alejadas entre sí. Todo ello complica tanto un avance rápido por la falta de buenos reactivos, como la publicación de los resultados dado que nunca serás un especialista en esa proteína concreta o familia de proteínas que además no suelen estar «de moda». Desafortunadamente, conviene recordar que la abrumadora mayoría de las publicaciones en cáncer y otras disciplinas se concentra en muy pocas proteínas, apenas el 5-10% del proteoma, ignorando miles de proteínas que pueden ser esenciales para descubrir una nueva diana o un nuevo método diagnóstico.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Mi opinión es bastante negativa. Por citar solo dos ejemplos. Como comenté anteriormente, uno de los principales problemas que veo en el desarrollo de una carrera científica en España es la tremenda estanqueidad que existe entre la academia y la industria. Si decides comenzar o continuar temporalmente tu carrera científica en la industria, es prácticamente imposible que puedas regresar a una ciencia académica que está excesivamente «funcionarizada». Vas a recibir penalizaciones por todas partes, tanto científicas, a la hora de conseguir una plaza,solicitar y obtener proyectos, como económicas. Si tienes la suerte, como es mi caso, de conseguir una plaza y que encima te den proyectos, serás penalizado en tu productividad, se te negarán los quinquenios y los trienios independientemente de tu productividad anterior, no se te reconocerá la antigüedad y así sucesivamente. Otro tema tabú en España es el cambio de línea de trabajo. Yo durante muchos años realicé mi investigación en el campo de la virología, de hecho he descubierto recientemente que sigo teniendo uno de los índices h más altos de España en ese campo, para pasarme hace 15 años al campo de la oncología. Obvia decir que te las verás y desearás para conseguir proyectos y reconocimiento independientemente de tu trayectoria anterior.

Respecto al camino por recorrer en I+D, más allá de la endémica baja financiación de la ciencia en España, tanto a nivel público como privado, creo que últimamente estamos asistiendo a un fenómeno particularmente perverso que algunos llaman el «efecto Mateo» y que básicamente consiste en que cada vez hay más dinero para los que más tienen y menos para los que menos tienen. Todo ello supuestamente en base a una pretendida política de «excelencia científica» (léase índice de impacto de las revistas) y que han abrazado fervorosamente tanto las instituciones públicas como privadas. Cuando hay poco que repartir y encima se reparte mal, el efecto a medio/largo plazo puede ser devastador, de hecho creo que la clase «media» científica en España está sufriendo un tremendo castigo. Si a ello unimos la gran disminución en el número de plazas ofertadas en las OPIs, sobre todo el CSIC, en los últimos años y las nulas posibilidades de promoción interna, por razones aún más difíciles de comprender, el panorama es francamente desalentador (o demoledor) para el científico medio español. Por último, la financiación a nivel autonómico está generando enormes desigualdades entre científicos, basadas exclusivamente en tu lugar de residencia y la sensibilidad del político local hacia la I+D. Son temas que exigen algún tipo de reequilibrio por parte del gobierno central para evitar que buenos grupos, pero mal localizados geográficamente, resulten permanentemente agraviados e infra-financiados.