Acércate a...

Entrevista a Francisco J. M. Mojica

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- De niño quería ser piloto, después mecánico de aviones y más tarde informático; la indecisión típica de la infancia. Mis padres tenían una pequeña empresa familiar de fabricación de calzado, actividad que me resultaba demasiado rutinaria, no muy excitante. Lo único que tenía claro es que no quería dedicar el resto de mi vida a «pegar tacones». La ciencia me pareció una buena opción, comprender y descubrir, todo lo contrario a la monotonía. La naturaleza, la vida, me llamaba especialmente la atención y me decidí por la biología. En la universidad descubrí las posibilidades de la microbiología, donde tenían cabida prácticamente todos las campos básicos de la biología; compleja y misteriosa, la combinación perfecta. Pero mi vocación por la ciencia se transformó en pasión por la investigación en biología molecular cuando empecé el doctorado, en gran parte gracias al entusiasmo que me transmitieron mis directores de tesis, a los que estaré eternamente agradecido.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Como a muchos otros de mi generación, Félix Rodríguez de la Fuente con su serie «El hombre y la Tierra», un hito en la historia de los documentales sobre naturaleza.

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- Cuando me iba al colegio, mi padre me decía «no pases por debajo de las obras, cruza a la otra acera». Con los años reinterpreté este consejo protector a «intenta evitar riesgos gratuitos, aunque suponga más trabajo». Así lo comprendí, el camino más corto no es siempre el mejor y el esfuerzo por buscar vías alternativas puede merecer la pena.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Mi línea de investigación principal es el estudio de los sistemas CRISPR-Cas. Ahora mismo estamos centrados en el mecanismo por el que estos sistemas incorporan material genético de plásmidos y virus que infectan a la bacteria y que le permite inmunizarse frente a ellos. Nuestro objetivo es comprender cómo se previene, y en qué medida, que la bacteria genere inmunidad contra su propio material genético. Con ello se podría plantear la posibilidad de transferir un sistema CRISPR-Cas completo, con capacidad adaptativa, a otros organismos (plantas o incluso animales) para dotarlos de una inmunidad adaptable que les proporcionaría la capacidad de resistir a cualquier infección vírica que pudieran sufrir.

P.- ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- El futuro del campo CRISPR-Cas es muy prometedor. El uso de componentes de estos sistemas ya está permitiendo resolver cuestiones biológicas de gran relevancia, gracias a su utilización en investigación básica como herramientas para modificación genética. Sus aplicaciones en las diversas facetas de la biología y la medicina son innumerables. Como colofón, el desarrollo de medicamentos CRISPR, para terapia de enfermedades en humanos, puede ser una realidad en tan solo unos años.

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R.- Descubrir que los organismos procariotas, las bacterias y las arqueas, poseen un mecanismo ancestral que les confiere inmunidad «adaptativa» fue tan inesperado como alucinante. ¿Cómo es posible que después de tantos años de investigación en microbiología y en biología molecular hubiera pasado desapercibido? Esta es una prueba más de nuestra ignorancia, y un aliciente para los jóvenes investigadores: la naturaleza todavía guarda secretos por descubrir, algunos tan sorprendentes como estas magníficas herramientas diseñadas por evolución.