Acércate a...

Entrevista a Francesc Ventura

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- No tengo antecedentes familiares concretos, de hecho, mi generación fue la primera que pudo acceder a estudios superiores. Sin embargo, siempre me inculcaron el esfuerzo y el estudio como motores de progreso personal. Ya desde pequeño me fascinaba la naturaleza y comprender los mecanismos que la gobernaban, especialmente la biología. Por ello, desde que recuerdo, siempre me planteé mi deseo de ser científico. En el instituto un profesor, Adolfo Ortiz, que en ese momento realizaba su tesis doctoral, me introdujo en la investigación y la lógica de la Química. Aunque parezca naïve, de esos dos vectores surgió mi vocación hacia la Bioquímica.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié Química en la Universidad de Barcelona y realicé mi tesis doctoral en el laboratorio de Ramón Bartrons en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Allí adquirí mi formación bioquímica estudiando la regulación del metabolismo glucídico por fructosa 2,6-bisfosfato en cerebro. A finales de 1992 me trasladé al laboratorio de Joan Massagué en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Institute en Nueva York. Allí adquirí formación en biología molecular y celular estudiando los mecanismos moleculares que promueven la citostasis mediada por TGF-β. En esa época, en el laboratorio identificamos receptores para la superfamilia del TGF-β y su mecanismo de activación. Allí comprendí la relevancia de las BMPs en el control de la especificación y diferenciación celular y en concreto, su capacidad de inducir osteogénesis. Desde entonces en mi grupo nos hemos centrado en comprender los mecanismos de control de la osteogénesis por proteínas morfogenéticas óseas (BMPs) y otras citoquinas. En la actualidad estudiamos el desarrollo y la homeostasis ósea desde una visión más general y cómo la manipulación de estas señales permite la ingeniería tisular ósea y la implementación de terapias para patologías óseas.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Curiosidad, para sentirse motivado por el proyecto; tenacidad para continuar cuando las cosas «no salen», e imaginación para dirigir la investigación hacia caminos novedosos que a priori no son tan lógicos.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual?

R.- Ya en los años 70 y 80 del siglo pasado se identificaron citoquinas con capacidad de dirigir a las células madre mesenquimales hacia linajes óseos. De entre estas familias de citoquinas destacan las BMPs. Nuestro grupo está centrado en el estudio de la importancia de la señalización no canónica de BMPs en la osteogénesis. Hemos identificado las rutas de p38, PI3-quinasa y Wnt como relevantes para la diferenciación osteoblástica por su acción reguladora sobre los factores de transcripción Runx2 y Osx. Ahora sabemos que estas rutas están alteradas en patologías óseas como la Fibrodisplasia ossificans progressiva (FOP) e hipotetizamos que la manipulación de estas rutas puede tener capacidad terapéutica. Del mismo modo, nos planteamos la optimización de combinaciones de citoquinas para ingeniería tisular ósea.  

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Son muchísimas las contribuciones que han cambiado nuestra sociedad. Dentro de la Biomedicina, destacaría el descubrimiento de la doble hélice del ADN y el mecanismo de transmisión de la información genética. Sin embargo, la ciencia avanza como un todo ya que, en buena parte, es la generación de nueva tecnología más resolutiva la que permite generar nuevo conocimiento con mayor rapidez y detalle.  

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en la que trabaja?

R.- La ciencia, supongo que por su retorno a más largo plazo, ha sido uno de los sectores más damnificados por el desastre socioeconómico de los últimos años. Toda una generación de jóvenes excelentemente formados en la última década disponen de mínimas oportunidades de reintegrarse y aportar recambio generacional al sistema científico del país. En la actualidad observamos como masivamente nuestros mejores estudiantes ya emigran para realizar estudios predoctorales en el extranjero. La caída del número de proyectos del Plan Nacional ha sido dramática y nuestros investigadores, salvo meritorias excepciones, casi no tienen acceso a grandes proyectos europeos. Me preocupa que, ante esta situación, se opte por la solución fácil de crear pequeñas burbujas de excelencia. Al contrario, creo que los modelos de ciencia han de tener una base amplia y sólida que impliquen un apoyo decidido a la investigación de calidad en las Universidades. Ahora que se discute tanto de educación, ¿cómo conseguir una educación superior de calidad sin grupos e investigadores competitivos en ella? Mantener y aumentar la calidad de la ciencia requiere potenciar la incorporación de jóvenes y mantener grupos competitivos en todas las instituciones de ciencia del país.