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Entrevista a Flora de Pablo

P.- ¿Podría resumirnos su trayectoria profesional?

R.- Comencé a estudiar Medicina en Salamanca en 1969 (el año que Dorothy Crowfoot Hodkin resolvió en Oxford por cristalografía de Rayos-X la estructura tridimensional de la insulina). Al terminar, en 1975, hice la Tesis Doctoral en hormonas tiroideas, a la vez que me especializaba como MIR en Endocrinología y Nutrición en el Hospital Clínico de Salamanca. Pensé que necesitaba más formación investigadora (y quería ver otros entornos), y elegí la insulina y su receptor como tema para mi estancia postdoctoral en Bethesda (EEUU), donde llegué a los NIH en 1980. A pesar de mi interés en la Diabetes, el proyecto que mi tutor, Jesse Roth, me propuso era lo que hoy llamaríamos de «evo-devo»: estudiar la aparición de la insulina en el desarrollo temprano en modelos no mamíferos. Volví a España durante dos años (1982-84) en los que trabajé como médico-endocrinóloga en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en Barcelona, pero mi vocación investigadora ya se había hecho más fuerte que la clínica y retorné a los NIH durante 7 años más. He trabajado también en el California Institute of Technology (Caltech, EEUU). Monté el laboratorio en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC en 1991, y tuve la fortuna de que se incorporara conmigo al año siguiente el neurobiólogo del desarrollo Enrique J. de la Rosa, lo que nos ha permitido un esfuerzo sinérgico. Tras un paréntesis en 2007-08 para dirigir el Instituto de Salud Carlos III, sigo desarrollando trabajo de investigación en el CIB de Madrid.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Sí, repetiría en su totalidad esta trayectoria, aparentemente en «zig-zag», porque me ha dado una visión muy amplia de la biomedicina.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cual es su trascendencia?

R.- Tras descubrir que la presencia de la insulina y sus receptores precedían en el embrión de pollo al desarrollo del páncreas, he dedicado más de 25 años junto a mis colaboradores/as a explorar el papel que esta hormona, en su forma precursora, la Proinsulina, sus receptores y otros factores relacionados (los IGFs) tienen durante el desarrollo embrionario. Pronto vimos que la neutralización de la acción de la Proinsulina era devastadora para el embrión, durante la formación del tubo neural y el principio de la organogénesis, incluso causando malformaciones y muerte. Los efectos no eran los metabólicos que tiene la insulina pancreática postnatalmente, sino que eran efectos más parecidos a los de factores de crecimiento, en proliferación y supervivencia celular.

Analizando la regulación molecular del RNA mensajero de la Proinsulina, comprobamos que era muy sofisticada, con transcritos más largos en el embrión temprano que en el páncreas, pero que producían menos Proinsulina. El nivel de esta proteína debe ser el justo, ni mucho ni demasiado poco, para permitir la supervivencia celular adecuada, controlando finamente el proceso de muerte celular programada (apoptosis). La Proinsulina/insulina, tanto en la escala evolutiva como en el desarrollo de los invertebrados y vertebrados, es otras muchas cosas antes que hormona pancreática. Se produce localmente en la retina en desarrollo, donde regula una fase de muerte celular temprana que afecta a las células proliferativas y a las neuronas recien diferenciadas. Este proyecto de investigación básica ha sido la base del proyecto de investigación aplicada que desarrolla Enrique J. de la Rosa en el grupo, centrado en una posible terapia para la Retinosis Pigmentaria. Además, con Catalina Hernández, hemos iniciado el estudio de la regulación de la expresión de Proinsulina en el corazón embrionario, y hemos comprobado que induce marcadores de diferenciación cardiaca. La trascendencia principal de nuestro trabajo es definir un nuevo paradigma de acción de una molécula precursora hormonal, la Proinsulina, que se creía sin actividad directa, y que ha resultado esencial en el desarrollo temprano y, quizá, una nueva herramienta terapéutica en patologías neurodegenerativas.

Nuestro laboratorio («3D: desarrollo, diferenciación, degeneración») actualmente también incluye proyectos de diferenciación celular en el modelo de Dyctiostelium (coordinado por Teresa Suárez) y de autofagia celular (liderado por Patricia Boya), de los que esperamos seguir aprendiendo. El grupo tiene, por otra parte, una decidida voluntad de transferencia del conocimiento y se han solicitado 4 patentes en los distintos temas desde 2006.

P.- ¿Cómo ve el futuro de esta área científica?

R.- El futuro de hallar nuevas funciones en el desarrollo para moléculas con conocidas acciones endocrinas y de señalización en el adulto, es muy prometedor. Ello nos permitirá posiblemente buscar aplicaciones en terapias celulares avanzadas y medicina regenerativa.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador o investigadora?

R.- Interés por descubrir realmente, capacidad de relacionar hallazgos, disciplina de trabajo, resistencia ante las dificultades, visión y compromiso a largo plazo y, para la gente senior, saber consolidar un equipo con los y las mejores.