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Entrevista a Félix Prado

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Siempre me han atraído las ciencias biológicas, pero no fue hasta mediados de la carrera cuando decidí que quería dedicarme a la investigación. La Facultad de Biología de Sevilla tenía un merecido prestigio tanto en Bioquímica como en Genética, gracias a la labor de los Profesores Manuel Losada y Enrique Cerdá, y cualquiera de las dos disciplinas me atraía. Finalmente me decidí por la Genética, fundamentalmente porque se me abrió la posibilidad de trabajar en inestabilidad genética en el laboratorio que por entonces arrancaba el Profesor Andrés Aguilera. Desde el principio fue un tema que me fascinó y al que me dedico actualmente.

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al que siga siendo fiel?

R.- Algo esencial que me transmitió mi padre fue la importancia de que a la hora de elegir un trabajo, el primer criterio fuera que me gustara, que no viviera la vida esperando que llegara el fin de semana porque lo que hacía no me llenara personalmente, porque son muchas las horas que uno vive trabajando y es importante disfrutarlas. Ese consejo me llevó a estudiar Biología y posteriormente a dedicarme a la investigación, elecciones que a priori, en particular en España, eran cuanto menos arriesgadas. Y nunca me he arrepentido. Ese mismo consejo trato de seguirlo cuando me planteo problemas biológicos, porque creo que la vocación es el mejor motor para conseguir buenos resultados en cualquier actividad humana, y muy en particular en Ciencia. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Como he planteado anteriormente, antes que nada debe disfrutar con la investigación. A partir de ahí debe ser riguroso a la hora de plantearse el problema que quiere resolver, porque si éste falla todo lo demás fallará, imaginativo a la hora de abordarlo, crítico a la hora de analizar los resultados, y en todo momento trabajador y perseverante. Y sobre esa base, cuanto más inteligente y más conocimientos tenga, mejor.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- Durante toda mi carrera investigadora he estado particularmente interesado en los procesos que afectan a la integridad del genoma, y cuáles son las consecuencias que los daños en el ADN tienen en la progresión a lo largo del ciclo celular. En particular, me interesa qué papel juega en estos procesos la cromatina, que es el primer nivel de organización estructural del ADN. Este área es particularmente fascinante porque requiere conocer todos aquellos procesos relacionados con el metabolismo celular, y en concreto, los mecanismos que utilizan el ADN como sustrato, tales como la replicación, la transcripción, la reparación o los mecanismos de segregación cromosómica. El futuro de este área científica está garantizado porque aborda preguntas de conocimiento básico esenciales para entender la célula, así como los mecanismos que previenen la inestabilidad genética asociada con el cáncer y numerosas enfermedades genéticas.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX? ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- El siglo XX está lleno de grandes descubrimientos en el área de la Biología, en particular los que llevaron a definir y caracterizar el ADN como la molécula portadora de la información genética – desde Griffith a Watson y Crick -, punto a partir del cual se han disparado nuestros conocimientos sobre el funcionamiento celular y las consecuencias que para los organismos tienen defectos en los procesos celulares. No obstante, siguen siendo los descubrimientos de Darwin y Mendel un siglo antes los que más me siguen sorprendiendo por la capacidad de abstracción y libertad de pensamiento que tuvieron para plantearlos, adelantándose a su tiempo y a numerosos y enormes prejuicios, que son siempre el principal freno del científico. Y fuera de la Biología, no puedo evitar hacer referencia por haber sido testigo, a la revolución de los medios de la información, y que marca no sólo nuestra manera de abordar la ciencia sino en general de relacionarnos con el mundo.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Por desgracia son muchos los defectos, y no hay visos de que se vayan a corregir, al menos a corto plazo. Se forma con mayor o menor fortuna a numerosos investigadores, pero no existe una estructura, ni pública ni privada, donde posteriormente puedan desarrollar su carrera científica. Y hay – no sólo en España, también en el marco europeo – una desafortunada política científica que prioriza la financiación de la investigación en función de su potencial aplicabilidad. Esto es un grave error porque intenta canalizar la investigación sobre lo que previsiblemente es más productivo, lo que en último término es un prejuicio y por tanto un freno para la Ciencia. Y porque además olvida que el principal motor del hombre ha sido su deseo de conocer por el simple hecho de conocer.