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Entrevista a Federico Mayor Menéndez

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Sin duda en mi caso ha influido el ambiente familiar. Empezando por mi abuelo materno, Oscar Menéndez Avello, químico dedicado a los análisis clínicos, que me regaló de pequeño los libros de Paul de Kruif sobre los «cazadores de microbios» y me dejaba observar por el microscopio de su laboratorio de Oviedo, continuando por mi madre, farmacéutica, y desde luego por mi padre. De alguna manera respiré «el ambiente» de los laboratorios desde joven, pude conocer en mi casa a Severo Ochoa o a Hans Krebs , con el que mi padre hizo un sabático en Oxford cuando yo tenía 10 años…..Vamos, que no tuve escapatoria.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Durante la carrera de Químicas (especialidad Bioquímica y Biología Molecular) que estudié en la Universidad Autónoma de Madrid, tuve la suerte de tener algunos excelentes profesores que reforzaron mi interés por la investigación y que contribuyeron mucho a mi formación académica. Me atrevo a destacar a Eladio Viñuela, del que aprendí mucho como alumno y luego como miembro del Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa», donde hice mi Tesis Doctoral, y a mi director de Tesis, Fernando Valdivieso, que me transmitió su entusiasmo por la investigación, y a intentar conjugar siempre el rigor y la imaginación. Luego, durante mi estancia post-doctoral, mi mentor Bob Lefkowitz me aportó sin duda nuevas perspectivas y enfoques que sin duda influyeron en configurar mi forma de hacer ciencia. Durante todos estos periodos mi padre ha sido también una referencia y una fuente de consejo inestimable. Y también he aprendido mucho de mis colegas y de mis estudiantes y colaboradores a lo largo de mi trayectoria científica, que son los que me ayudan a mantener la tensión creadora.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié la carrera de Químicas, en la especialidad Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Autónoma de Madrid. Luego hice la Tesis Doctoral en el laboratorio de Fernando Valdivieso en el Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa», colaborando al mismo tiempo en la docencia de clase prácticas como Ayudante del Departamento de Biología Molecular. Posteriormente obtuve una beca Fulbright y trabajé en el grupo del Profesor Robert Lefkowitz en el Duke University Medical Center (Carolina del Norte, EE.UU). Me reincorporé de nuevo a la Universidad Autónoma, donde ha transcurrido desde entonces toda mi carrera profesional, primero como Profesor Titular y, desde 1998, como Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular. Además de mi tarea docente y de dirigir el grupo de investigación, también he desempeñado algunos puestos de gestión, como Director del Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa» y del Departamento de Biología Molecular, además de pertenecer a consejos científicos de varias instituciones y centros de investigación.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Una buena combinación de imaginación, perseverancia, curiosidad, indocilidad, rigor, independencia, cierta heterodoxia, mucho trabajo, intuición….Hans Krebs decía que investigar es ver lo que otros han visto, pero pensar lo que otros no han pensado. Es muy importante también saber elegir bien a los mentores y a los colaboradores, saber articular colaboraciones, esforzarse en incorporar nuevas perspectivas de otras disciplinas limítrofes. Mantener el entusiasmo y divertirse con lo que uno hace. Y creo que también es buena cierta ambición, intentar salirse de los caminos trillados, aunque signifique asumir algún riesgo. Como decía el gran bioquímico y Premio Nobel húngaro Albert Szent-Györgyi, «It is much more exciting not to catch a big fish than not to catch a little fish».  

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Aunque se ha mejorado en los últimos años, queda aún mucho por hacer. Para avanzar hacia una economía sostenible y basada en el conocimiento, hay que ser capaces de atraer hacia la carrera científica a buenos estudiantes y al talento joven, con un horizonte de trayectoria profesional con expectativas de futuro, con unas condiciones de trabajo dignas y unas razonables oportunidades de promoción, basadas en el mérito. Creo que eso requiere un compromiso a largo plazo de los grupos políticos y de la propia sociedad civil, que permita un escenario de incremento presupuestario sostenido, pero también mecanismos más agiles, mayor coordinación de las administraciones, mayor movilidad, menos burocracia y menos voluntarismo. La anunciada nueva Ley constituye una oportunidad para avanzar en estos aspectos que no debe ser desaprovechada.