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Entrevista a Emilio Díez Monedero

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿le influyó alguien de forma especial?

R.- Desde que recuerdo con cierta claridad, en mi infancia siempre me interesó el conocer y entender cómo funcionaban las cosas a mí alrededor: los pequeños electrodomésticos, los motores, los productos químicos que se adquirían en las droguerías, y en especial me fascinaba el poder curativo, un poco mágico, de las medicinas. La posibilidad de generar materiales completamente distintos mediante reacciones químicas me parecía algo maravilloso, y desde muy temprano decidí dedicarme a la química. A lo largo de mis años de formación siempre tuve la suerte de tener muy buenos profesores tanto en el colegio como en la universidad, y no puedo decir que una sola persona tuviera una especial influencia en mi futuro. Sin embargo, fue mi profesor de biología en COU quien tuvo mucho que ver con mi interés por la Bioquímica. Fue en aquel año cuando decidí que quería dedicarme a la Investigación Biomédica.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Comencé mi carrera profesional como ayudante de laboratorio, al mismo tiempo que realizaba 4º de Químicas (Bioquímica), en un pequeño laboratorio codirigido por el Profesor Angel Martin Municio y el Profesor Amador Shüller Pérez en el Hospital Universitario de Madrid. Allí realicé más tarde la Tesina, la Tesis Doctoral, y finalmente dirigí durante dos años un pequeño grupo de investigación. Durante este periodo mi interés se centró en el estudio de alteraciones del metabolismo de los lípidos en varias situaciones patológicas, con especial énfasis en su papel en la traducción de señales. Posteriormente realicé una estancia en el Departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachussets con el Dr. Gary Johnson. Utilizando diferentes técnicas de biología molecular generamos una batería de líneas celulares con formas truncadas o mutantes de las distintas subunidades alfa de las proteínas G. El objetivo era estudiar el papel que las distintas subunidades tenían en las vías de señalización intracelular y así comprender mejor este complejo sistema de trasduccion de señales.
A finales de 1988 me incorporé al Departamento de Immunología y Biología Celular del Centro de Investigación de SmithKline Beecham en King of Prussia (Philadelphia), donde dediqué varios años a la identificación, aislamiento y caracterización de fosfolipasas celulares, con especial interés en aquellas implicadas en la liberación de ácido araquidónico.

A mediados de 1992 cambié el rumbo de mi carrera para dedicarme más directamente al descubrimiento de fármacos. Me trasladé de vuelta a España para dirigir uno de los departamentos del recién inaugurado Centro de Investigación de SmithKline Beecham en Tres Cantos , cerca de Madrid. Durante varios años trabajé en la búsqueda de productos naturales de origen microbiano con actividad farmacológica, y fui al mismo tiempo adquiriendo experiencia en la gestión de grupos multidisciplinares de científicos y tecnólogos. En la actualidad dirijo el Centro de referencia de GlaxoSmithKline en Europa para la identificación de compuestos farmacológicamente activos mediante cribado farmacológico de alto rendimiento. En este centro se desarrollan ensayos bioquímicos y celulares que permiten analizar millones de compuestos químicos con el objetivo de identificar compuestos cabezas de serie para programas de varias áreas terapéuticas.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Todas las elecciones que uno hace a lo largo de la carrera profesional suponen dejar de hacer otras cosas, y es muy difícil especular acerca de las consecuencias sobre qué habría sido diferente. Dicho esto yo estoy contento con las decisiones que tomé ya que me han permitido conocer tanto la investigación básica en el mundo académico como la investigación en el entorno industrial. Esto me ha ayudado a tener una perspectiva más amplia sobre el papel de la investigación en la sociedad, y me ha ayudado a transformar las ideas y el conocimiento en soluciones aplicables a la búsqueda de nuevos fármacos.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Se puede ser un buen investigador con características personales muy diferentes, y de hecho es deseable que así sea para que exista mayor diversidad. Sin embargo dos características importantes para mí son la inquietud continua de aprender y la capacidad reflexiva. La primera es una garantía para estar siempre alerta y no caer en la complacencia con los logros ya conseguidos, y la segunda nos permitirá ser críticos con nosotros mismos y desarrollar nuevas aproximaciones a los problemas a resolver. Ser una persona metódica y con una buena organización ayuda a ser más eficaz, pero creo se puede ser un buen investigador dentro de un aparente desorden. Otro aspecto que creo es importante para llegar a ser un excelente investigador es estar dispuesto a aceptar positivamente las críticas y los retos de otros científicos. Es fácil enfocarse tanto en el problema a resolver que a veces se pierde la perspectiva. Por ello, creo que discutir con otros colegas nuestros resultados y nuestras ideas nos puede hacer cambiar nuestro punto de vista, y a menudo progresar más rápidamente. 

P.- ¿Podría describirnos brevemente cuál es su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de este área cientifica?

R.- En la actualidad dirijo un centro que se dedica a la identificación de moléculas de bajo peso molecular con actividad farmacológica. Trabajamos en colaboración con científicos especializados en diferentes áreas terapéuticas para desarrollar y poner a punto ensayos bioquímicos y celulares de procesos implicados en diferentes patologías, ensayos que nos permitan testar millones de compuestos con el mecanismo de acción deseado. Dentro de este contexto tengo especial interés en dos áreas: el desarrollo y la implementación de ensayos que sean cada vez más biológicamente relevantes; y la mejora de nuestra colección de compuestos químicos, incorporando compuestos con mejores características físico-químicas para llegar a ser buenos fármacos y que aporten más diversidad química a nuestra colección. Estas iniciativas nos permitirán reducir la tasa de fracaso en el proceso de descubrimiento y desarrollo de fármacos, y eventualmente nos ayudarán a poner a disposición de la sociedad fármacos más seguros y eficaces.

P.- ¿Cuál consideraría que  ha sido el principal avance científico del siglo XX? ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- El siglo XX ha sido el de la revolución científica y es difícil tener que elegir una sola contribución como representativa. Pensando en el impacto que ha tenido en nuestra sociedad, quizás los avances en el conocimiento detallado de la estructura atómica han sido lo más relevante. El modelo atómico y la teoría cuántica han permitido el desarrollo de multitud de nuevas aplicaciones que han cambiado radicalmente todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, así como la manera que tenemos de comunicarnos entre nosotros.

Si nos fijamos en nuestra área científica, creo que el desciframiento del código genético primero, y la secuenciación del genoma humano después, han tenido y continuarán teniendo un gran impacto en la biomedicina y en la mejora de la salud humana.