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Entrevista a Elena Casero

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- En mi caso no creo que pueda decirse que mi vocación científica surgiera en un momento preciso, sino que más bien se fue gestando paulatinamente. No obstante, si tuviera que destacar alguno de los momentos que han sido importantes para ello, creo que fueron fundamentales los años en los que cursé la carrera de Químicas. Al finalizar, aunque me parecía muy difícil poder dedicarme a la investigación en España, y por supuesto todavía no era consciente de las dificultades que entrañaba, tuve claro que quería realizar una tesis doctoral. Durante esta etapa, me influyó muy notablemente toda la gente con la que compartí laboratorio y, sobre todo, el entusiasmo de muchos de los investigadores en diversas áreas del conocimiento, que conocí. Todo ello me estimuló para orientar mi carrera profesional hacia la investigación. De todas formas, creo que, aunque uno tarde más o menos en darse cuenta de que tiene vocación científica, en el fondo es algo innato pues está relacionado con la curiosidad y las ganas de comprender cómo funciona la naturaleza que te rodea.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Tras licenciarme en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid en 1991, me trasladé a París donde realicé mi tesis doctoral en el Laboratoire de Photophysique Moléculaire (Orsay) bajo la dirección de los profesores Guy Taieb y Joëlle Rostas. Durante ese periodo realicé estudios espectroscópicos, desde un punto de vista tanto experimental como teórico, sobre varios compuestos de calcio. A mi regreso a España, gracias a una beca postdoctoral, me incorporé al Departamento de Química Analítica y Análisis Instrumental de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, donde participé en un proyecto dedicado al desarrollo de sensores amperométricos para la determinación de óxidos de nitrógeno en sistemas biológicos. Desde ese momento hasta la actualidad, he desarrollado mi actividad docente e investigadora en este departamento, del que soy Profesora Titular desde el año 2010. Durante estos años, mi investigación se ha encuadrado en el mundo de los sensores y biosensores, donde además del desarrollo de este tipo de dispositivos, he profundizado en su caracterización mediante la utilización de diversas técnicas, fundamentalmente técnicas de superficies. En este contexto, para llevar a cabo estudios que requerían de la utilización de radiación sincrotrón, he realizado diversas estancias en el European Synchrotron Radiation Facility en Grenoble, en el Laboratoire pour l’ Utilisation du Rayonnement Electromagnétique en París y en ELETTRA en Trieste. Así mismo, en el marco de una colaboración, he efectuado una estancia en la Universidad de Cornell para profundizar en la utilización de la microscopía de barrido electroquímico y posteriormente poner en marcha un microscopio de este tipo en el grupo de investigación.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Es muy difícil definir un perfil con validez universal; no obstante voy a seleccionar algunas de las que considero palabras clave en esta profesión, independientemente del campo en concreto en el que se investigue: perseverancia, autocrítica, curiosidad y entusiasmo. Y por supuesto, el atreverse a hacer cosas nuevas, evitando instalarse en una zona de confort profesional, caracterizada por repetir el mismo tipo de experimentos, pero cambiando alguna variable. Es necesaria una apertura a nuevas ideas y técnicas, dando un paso hacia la interdisciplinaridad. Aunque es cierto que, a veces, es difícil para un químico entender el lenguaje de los físicos o de los biólogos y viceversa, es importante dar este paso para poder realizar verdaderos avances científicos en el panorama actual.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cuál es su transcendencia?

R.- Desde que inicié mi trayectoria investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid, mis esfuerzos han estado dirigidos al desarrollo de biosensores, es decir, de dispositivos que incorporan un elemento de reconocimiento biológico acoplado a un transductor y que permiten determinar la concentración de un analito en una muestra, evitando tener que realizar un pretratamiento de ésta. Dentro de este tipo de dispositivos, me he centrado en el desarrollo de aquellos que utilizan enzimas y ADN como elementos de reconocimiento, y que han permitido la determinación de analitos que presentan importancia fundamentalmente en el campo clínico y agroalimentario, como por ejemplo, lactato, xantina, polifenoles u óxido nítrico. Esta investigación posee un carácter marcadamente multidisciplinar, pues al trabajo con material biológico se une la necesidad de llevar a cabo una caracterización exhaustiva de los dispositivos desarrollados. Para ello es necesario conjugar la utilización de técnicas muy diversas, electroquímicas, ópticas, microgravimétricas, o las microscopías de campo cercano. En la actualidad, una gran parte de mi investigación está dedicada a la síntesis y utilización de diversos nanomateriales, principalmente grafeno, nanopartículas metálicas, nanopartículas de diamante y nanotubos de carbono, para el diseño de nuevos biosensores que presenten propiedades mejoradas y que, por tanto, cumplan los requisitos de sensibilidad, estabilidad y reproducibilidad necesarios para resolver problemas analíticos de interés. La transcendencia de este tipo de investigación es evidente, pues es clara la importancia que tiene en el mundo actual el ser capaz de realizar análisis cada vez más complejos que nos permitan, por ejemplo, determinar analitos que se encuentran en muy baja concentración en una muestra o en matrices muy complejas.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Es muy difícil priorizar un avance respecto a otro, sobre todo cuando vienen de distintas áreas de conocimiento. ¿Cómo comparar la revolución que supuso la invención del transistor con el descubrimiento de la penicilina?El primero, dentro del ámbito de la física, dio lugar a la microelectrónica, y gracias a ello tenemos ordenadores, televisión, comunicaciones… El segundo, dentro del ámbito de la medicina y bioquímica, ha salvado millones de vidas. Se me ocurren numerosísimos ejemplos, que van desde la formulación de la mecánica cuántica al descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN, que han tenido una enorme trascendencia dando lugar a otros muchos avances posteriores.
La ciencia y la tecnología se van gestando gracias a los avances realizados en las distintas áreas del conocimiento y, gracias a todos ellos, nuestra forma de vida va mejorando poco a poco. Quedarse con sólo uno, me parece una tarea imposible.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- La carrera científica en España puede considerarse una verdadera carrera de obstáculos. Está «articulada» para desanimar y frustrar a los que quieren acceder a ella, siendo un reflejo de lo poco que parece interesar la ciencia, que es vista como un derroche, en lugar de como una inversión de futuro para el país. Por eso, los jóvenes científicos españoles tienen un enorme mérito. Las pocas figuras para contratar, la precariedad de los contratos, sujetos a renovaciones cada pocos años, son algunos de los problemas concretos con los que se encuentran los jóvenes. No tiene sentido conseguir estabilizarse con casi 40 años, que es la media de edad actual para un puesto permanente de científico en España.