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Entrevista a Eduardo Roldán

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Mi interés en la ciencia comenzó cuando estaba haciendo la carrera universitaria. Inicialmente pensé en dedicarme a la clínica y al ejercicio de lo que iba a ser mi profesión. Sin embargo, a mitad de la carrera asistí a un congreso científico y conocí a quien sería más adelante mi directora de tesis, quien me dio la oportunidad de asistir como colaborador honorario a un laboratorio de investigación. Allí descubrí mi interés por la ciencia y, por ello, aún antes de acabar la carrera, tenía bastante claro que quería intentar recorrer este camino. 

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Me influyeron varias personas a través de su ejemplo o de su consejo. Mi padre, que fue catedrático de universidad, pero también desarrolló una intensa labor empresarial, me dio la oportunidad de conocer ambos mundos. En investigación, hubo quien me enseño que es crucial abordar temas importantes, concentrándose en preguntas relevantes, que se ha de hacer un esfuerzo en resumir e integrar la información, poner énfasis en abstraer y generalizar, y evitar una interminable enumeración o descripción de hechos. También hubo quien me mostró la importancia de emplear métodos adecuados y a ser cuidadoso al interpretar los resultados. También que se ha de buscar acercarse a los problemas desde diferentes ángulos y a buscar evidencia múltiple con el fin de apoyar las ideas. Más aún, que es esencial integrar información e ideas de diversos campos y de diversos modelos animales con el fin de alcanzar una visión integradora. Un par de personas concretas me ayudaron en momentos clave mediante cartas de referencia muy positivas, una al solicitar una fellowship de la Rockefeller Foundation para ir a los Estados Unidos, y otra para una fellowship de la Lalor Foundation para continuar en Gran Bretaña. Estimo que su visión y apoyo fue determinante. 

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- El hilo conductor de mi carrera investigadora ha sido la biología de la reproducción, tanto desde un punto de vista celular y molecular, como en sus aplicaciones tecnológicas a temas de fertilidad. Comencé trabajando en citogenética, tema al que me dediqué durante los años finales de la licenciatura y durante mi beca predoctoral. En mi etapa posdoctoral profundicé primero en aspectos fisiológicos y celulares de la fecundación y la biología del espermatozoide y, después, en mecanismos de señalización celular durante la exocitosis en espermatozoides, trabajos estos últimos que continué cuando tuve la oportunidad de establecer mi propio grupo de investigación en Cambridge. Ya en España continué con trabajos de señalización celular y el estudio de factores que afectan a la fertilidad, incluyendo análisis de microdeleciones del cromosoma Y, así como estudios de evolución de genotipo y fenotipo reproductivo con especial atención a parámetros espermáticos. En cuanto a la aplicación de la investigación, he podido contribuir al desarrollo de bancos de germoplasma y tejidos y al desarrollo de biotecnologías reproductivas para especies amenazadas, y comprender qué problemas afectan a la reproducción de especies en peligro de extinción. ¿La repetiría? Difícil contestar. Si hubiera sabido al comienzo de mi carrera lo que sé ahora probablemente intentaría no cometer algunos errores o, mejor aún, no invertir tiempo en algunos temas que finalmente no fructificaron. Pero, claramente, esto sólo se puede decir mirando atrás. Mi trayectoria ha tenido varios giros y puntos de inflexión, y no siempre ha existido la posibilidad de obtener el máximo provecho de algunas etapas, pero sospecho que es importante tratar de sacar el mejor partido de las situaciones en las que uno se encuentra. De todos modos, he sido muy afortunado porque he tenido oportunidades para aprender sobre temas diversos y, espero, que en la actualidad me sean de utilidad para la planificación de mi investigación futura y para la formación de investigadores jóvenes.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Siguiendo los consejos o ejemplos recibidos, diría que es clave ser capaz de identificar preguntas importantes y relevantes para el momento. No todos tenemos la oportunidad de hacer un descubrimiento o lograr un avance tecnológico espectacular antes de cumplir los 25 años, por lo que el camino que tendremos por delante será muy probablemente largo y duro para lo que es necesario ser tenaz y mantenerse enfocado en los objetivos que se persiguen. Un cuerpo de conocimiento se desarrolla a lo largo de años, en equipo, y sabiendo con el tiempo ser capaz de jugar tanto de auxiliar como de líder. Es importante preocuparse por continuar con la formación, tanto en ideas como en aspectos técnicos y, tal vez más importante al avanzar en la carrera, en prácticas de gestión. No disponemos aún de un sistema bien estructurado de formación permanente por lo que un buen investigador ha de hacer esfuerzos por procurarse una actualización continua.  

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Es importante cultivar la paciencia, la constancia, la tenacidad. Serán más de una las ocasiones en que lo que queramos hacer no funcione y hemos de ser perseverantes, a la vez que juiciosos para discernir cuándo no merece la pena seguir poniendo esfuerzo en un camino que se cierra. Hemos de buscar nuevos desafíos, salir de la zona confortable en la que nos solemos colocar. Debemos recordar que no se nos deben las cosas sino que hemos de obtenerlas con esfuerzo, ya sea un contrato, una plaza, o un proyecto de investigación. Tenemos que empeñarnos en explicar lo que hacemos a través de la divulgación de la ciencia y, para ello, identificar por qué, cómo y para qué hacemos lo que hacemos, y, a la hora de contarlo, hacerlo con palabras breves y sencillas, imaginando que estamos contándoselo a nuestra madre, tío o abuela.

P.- ¿Cuál considera que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Probablemente todos coincidamos en que el más importante es el descubrimiento de la estructura del ADN, con los estudios que llevaron a ello, y lo que surgió a partir de entonces. De todos modos, me gustaría resaltar que un avance igualmente importante, a nivel conceptual, es la llamada «síntesis evolutiva moderna» que, gracias al esfuerzo de muchos investigadores, unió a principios de los años 40 diversos campos científicos, culminando en el marco evolutivo que empleamos actualmente. Tal vez el mejor resumen de este avance conceptual es la idea de que «nada en biología tiene sentido si no se mira bajo la luz de la evolución».

Un logro también mayúsculo, y probablemente una sorpresa para quienes trabajaban fuera del campo de la biología de la reproducción, es la clonación por transferencia de núcleo. Este logro, que se consiguió inicialmente en ovejas y ratones, y se ha sido extendido a muchas especies, es el fruto de muchos años de trabajo para conocer los mecanismos de formación de gametos, fecundación y desarrollo temprano, y del desarrollo de muchas tecnologías reproductivas que se han ido poniendo en marcha con el fin de instrumentar programas de mejora genética animal y aumentar la producción de alimentos.