Acércate a...

Entrevista a David Santamaría Velilla

P. ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R. Yo llegué a la Universidad con un dilema. Soy de aquella generación que pedía juegos de química como regalos de Navidad. Y también de los que se sentaba con toda la familia a ver los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente en televisión. Dudaba entre la bata y el monte. En la Universidad unas clases de zoología excesivamente memorísticas y una bioquímica más amena disiparon mis dudas. Ahora me escapo al campo en cuanto tengo ocasión, sólo como entretenimiento obviamente.

P. ¿Le influyó alguien de forma especial?

R. Sin duda el catalizador definitivo de mi vocación fue mi periodo de estudiante en prácticas en el CIB (CSIC) en el laboratorio dirigido por Jorge Bernardo Schvartzman, junto con Pablo Hernández y Débora Krimer, donde finalmente acabé realizando mi tesis doctoral sobre replicación del ADN. Para mí fue sin duda un periodo fantástico, revelador, como abrir una ventana de par en par. No sólo me entusiasmó la parte experimental y la posibilidad infinita de hacer preguntas. También el trabajo en equipo, la opción de discutir y confrontar ideas por muy descabelladas que pudieran parecer. Desde entonces tengo clara la importancia de trabajar en un ambiente amable y permisivo sin dejar de lado la exigencia, es decir en un entorno creativo, lo que no siempre es sencillo.

P. ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? 

R. Pasión e ilusión, y fundamentalmente creatividad, perseverancia y paciencia. Son términos un tanto en desuso en unos tiempos en lo que se valora la inmediatez, a ser posible, sin esfuerzo. Desde mi punto de vista el empeño requerido se compensa sobradamente con la libertad de decidir a qué dedico mi tiempo y, sobre todo, por la satisfacción que me reporta el finalmente llegar a comprender algo. Ocurre poco, es la única pega.

P. ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX? 

R. La resolución de la doble hélice del ADN. En el artículo original los autores incluyeron la siguiente frase: “this structure has novel features which are of considerable biological interest”. No creo que nadie pueda cuestionar la importancia y la relevancia de este concepto casi 70 años después.

P. ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado? 

R. Pues está íntimamente ligada a la anterior y es la comprensión y validación del código genético. Durante años la posibilidad de que el ADN fuera portador y transmisor de información fue cuestionada precisamente por su excesiva simplicidad química, Y efectivamente es complejo y simple, a la vez y por las mismas razones, como un buen poema. Esta frase estupenda no es mía desafortunadamente, la leí en un artículo de divulgación del escritor Juan José Millás describiendo a C. elegans como organismo modelo y me pareció de lo más acertada. De hecho, en mi opinión ahí radica el interés y la recompensa de nuestro trabajo, en encontrar la simplicidad dentro de un contexto normalmente complejo, es una tarea fantástica.

P. ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R. Estando fuera de España quizá no sea la persona más autorizada para pronunciarme al respecto. Al menos puedo decir que en mi caso una de las razones de mi partida fue, precisamente, la falta de articulación y consecuentemente de oportunidades, no sólo de la carrera científica en sí misma sino de la planificación y gestión de la financiación, incluso a corto plazo. En cualquier otro ámbito sería incomprensible la postergación o desaparición de convocatorias como desgraciadamente viene siendo habitual en los últimos años.