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Entrevista a César de Haro Castella

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? 

R.- No sé con exactitud cuando surgió esa vocación, pero tomé la decisión de intentar seguir una carrera investigadora durante el último año de mis estudios de la licenciatura de Ciencias Químicas, que cursé en la Universidad de Salamanca. En un momento dado, durante ese curso académico, el Profesor Julio R. Villanueva, Catedrático de Microbiología de la Facultad de Biología, me ofreció incorporarme a su Departamento al finalizar mis estudios, para llevar a cabo la Tesis Doctoral. Esa opción representaba para mí el cambio a un área de conocimiento desconocida, pues no la había cursado durante mis estudios de licenciatura; a pesar de ello, no dudé en aceptar dicha oferta, ya que me ofrecía la oportunidad de adquirir una buena formación científica dentro de un ambiente científico estimulante.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Me incorporé al Departamento de Microbiología de la Universidad de Salamanca que dirigía el Prof. Julio R. Villanueva, donde llevé a cabo los trabajos de Licenciatura y de Doctorado, bajo la dirección del Prof. Rafael Sentandreu. A principios del año 1976, dos semanas después de defender mi Tesis Doctoral, crucé el charco para incorporarme al laboratorio que dirigía el Dr. Severo Ochoa, en el Instituto Roche de Biología Molecular, en Nutley, New Jersey, EE.UU. En ese momento, comencé a interesarme en el conocimiento de los mecanismos de control que operan en las células eucarióticas, a nivel del proceso de la traducción de sus ARN mensajeros. Ese interés, que se inició durante mi etapa postdoctoral, se ha mantenido vigente a lo largo de mi carrera investigadora hasta la actualidad. Tras tres años inolvidables al lado del Dr. Severo Ochoa, a comienzos del año 1979 regresé a España para incorporarme al recién estrenado Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, un centro mixto entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad Autónoma de Madrid. Este nuevo modelo de centro de investigación estuvo inspirado y alentado por el Dr. Severo Ochoa y en él se reunieron los grupos de investigación que lideraban los Dres: Eladio Viñuela, Federico Mayor, David Vázquez y Antonio G. Bellido; y un Departamento Técnico dirigido por Javier Corral. Durante estos años he tenido la fortuna de atraer a nuestro laboratorio a algunos estudiantes brillantes que realizaron con nosotros sus estudios predoctorales y que ahora están liderando sus propios grupos de investigación en centros del máximo prestigio.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- La pasión por el avance del conocimiento y la creencia de que puedes aportar algo a dicho avance. Severo Ochoa lo llamaba «la emoción de descubrir» y comparto este pensamiento suyo: «Pocas veces he tenido emoción mas intensa que cuando creí haber hecho descubrimientos de alguna transcendencia». Además, el investigador debe ser curioso, perseverante, riguroso y conocer en profundidad el área de conocimiento de su campo de interés.

P.- ¿Qué consejo daría a los que inician hoy sus carreras científicas?

R.- Que busquen un buen maestro y un buen ambiente científico. Es el momento de aprender y formarse bien, durante sus etapas pre- y post-doctoral. La trayectoria científica de Severo Ochoa desde sus comienzos hasta que llegó a ser investigador independiente, recibiendo enseñanzas de nueve científicos, tres de ellos Premios Nobel, en nueve laboratorios distintos, en España, Alemania, Reino Unido y EE.UU., puede servir de modelo. Si en las circunstancias actuales no encuentran acomodo en nuestro país para desarrollar su vocación, deben emigrar a otros países desarrollados que les recibirán con los brazos abiertos.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Nuestro grupo de investigación está interesado en conocer mejor los mecanismos moleculares que emplean las células eucarióticas para regular la expresión de su información genética, en la etapa de la síntesis de las proteínas. Sabemos que, en las células de mamífero sometidas a situaciones fisiológicas de estrés, se activa una familia de proteínas quinasas que fosforilan de forma transitoria a un factor de iniciación de la síntesis de proteínas y ello conduce a la activación traduccional de genes específicos, implicados en la adaptación al estrés y a la supervivencia celular. Nuestro objetivo final es desvelar el significado fisiológico de esta familia de quinasas y de sus moduladores en la respuesta antiviral frente a virus ARN, así como utilizarlas como dianas terapéuticas en enfermedades neurodegenerativas, tipo Alzheimer o Parkinson.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- El descubrimiento de la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico (ADN) por el físico inglés Francis Crick y el zoólogo estadounidense James Watson. El 25 de abril de 1953 se publicó, en la revista Nature, que el ADN está estructurado en forma de Doble Hélice. Como cualquier descubrimiento de esta magnitud, se apoyó en aportaciones previas de otros grandes científicos. Los hitos que llevaron a Watson y Crick a proponer su modelo de la Doble Hélice se resumen así: i) En 1947, Erwin Chargaff estableció que en el ADN las bases no estaban en igual proporción sino que la cantidad de guanina era igual a la de citosina y la de adenina a la de timina; ii) En 1951, Linus Pauling publicó la estructura en hélice alfa de las proteínas y Maurice Wilkins postuló que la estructura del ADN también podía ser helicoidal; iii) Alexander Stokes, que trabajaba con Wilkins en el King’s College de Londres, desarrolló las matemáticas de la difracción de rayos X de una molécula helicoidal y se ajustaban a los datos de Wilkins; y iv) La confirmación vino de la mano de Rosalind Franklin, una excelente cristalógrafa de Rayos X, que en 1952 obtuvo una de las fotografías más importante de la historia de la Biología Molecular: la fotografía 51 de la forma B del ADN. Con todas estas «piezas», Watson y Crick, ambos en el Laboratorio Cavendish de Cambridge, resolvieron el «puzle». Este descubrimiento revolucionó la investigación genética, permitió el desciframiento de la clave genética, gracias al esfuerzo de los laboratorios de Marshall Nirenberg, Gobind Khorana y Severo Ochoa y habilitó el camino a futuras investigaciones como el Proyecto Genoma Humano.