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Entrevista a Carmen Castresana

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- No podría definir en qué momento surgió mi vocación científica, ha sido un proceso paulatino que ha ido asentándose a lo largo de mi carrera, a lo largo de mis años de trabajo y de dedicación a una profesión que, en mi caso, se sustenta en algo tan sencillo como es el placer que me produce conocer, aprender, entender, encontrar, sorprenderme…. Entender y conocer algo que, según van pasando los días, me sigue impresionando: la biología, qué somos, cómo somos, cómo funcionan los seres vivos, cómo funcionan las células y los organismos, su capacidad para responder y adaptarse a estímulos diversos, algo realmente próximo a todos nosotros, algo que vemos todos los días, algo que somos, pequeñas partes y piezas cuyo funcionamiento y engranaje sigue guardando muchos secretos para nosotros y que el progreso científico permitirá desvelar. 

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual siga siendo fiel?

R.- Consejos no, pero mi madre, como muchas mujeres de su época, dice muchos refranes, algunos no me gustan, pero otros muchos sí, mi favorito: la suerte corre por la frente. Lo he escuchado muchas veces y refleja muy bien lo que aprendí de mis padres, que los logros que se alcanzan en la vida no son cuestión de suerte, sino fruto del trabajo y del esfuerzo. Ya sé que no siempre es así, pero el esfuerzo personal siempre te aproxima a lo que quieres, y aún en el caso de que no llegues a conseguir todo lo que persigues, te debe quedar la satisfacción de haberlo intentado. 

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Estudié Biología en la Universidad Complutense de Madrid, y realicé mi Tesis Doctoral en el Centro de Investigaciones Biológicas, trabajando en los mecanismos de defensa de las plantas frente a la infección de bacterias patógenas. En el año 1984, me trasladé a la Universidad Rockefeller de Nueva York, en Estados Unidos, coincidiendo con una época en la que se empezaban a clonar los primeros genes de plantas, y en la que participé en la identificación de las secuencias reguladoras de la expresión génica en respuesta a las condiciones de luz. Transcurridos algo más de tres años, y con el aprendizaje que había adquirido en Biología Molecular, volví al campo de la interacción de las plantas con los microorganismos patógenos, en el que me interesé en el estudio de lo que actualmente se denomina como Inmunidad Vegetal. En este tiempo trabajé durante cerca de cuatro años en la Universidad de Gante, en Bélgica, en donde procedimos a identificar genes, cuya expresión se induce en respuesta a una infección patogénica y que codifican las proteínas de defensa de la planta, que contribuyen a limitar la progresión de los patógenos en los tejidos infectados y, por tanto, la enfermedad vegetal. Desde el año 1991, en el que regresé a Madrid, dirijo un grupo de investigación en el que continuamos estudiando los procesos celulares que intervienen en la activación de la inmunidad vegetal, y la función de los productos vegetales, proteínas y metabolitos, que controlan la infección de microorganismos patógenos.

P.- ¿La repetiría en su totalidad?

R.- No. Son muchos años y muchas experiencias que siempre te ayudan a aprender, así que supongo que, si tuviera que empezar de nuevo, no haría todo de la misma manera, intentaría cambiar algunas cosas. 

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en la que trabaja?

R.- Mi mayor sorpresa es darme cuenta de todas las cosas nuevas que hemos aprendido en estos años y de cómo el desarrollo tecnológico nos ha proporcionado, y nos sigue proporcionando, nuevas herramientas para plantearnos y responder a cuestiones complejas que hace unos años no nos hubiéramos podido ni imaginar. 

P.- ¿Cómo ve el futuro de este área científica?

R.- A día de hoy, tengo que circunscribir mi respuesta a la Ciencia en España, que es lo que verdaderamente me preocupa, en donde el futuro de esta área científica, y de todas las áreas restantes, lo veo muy negro. No soy una persona pesimista, ni alarmista, pero las noticias que recibo, acerca de la reducción de los presupuestos destinados a financiar la investigación pública en nuestro país, son demoledoras, y me temo que, o se pone freno a esta situación, o el sistema de Ciencia e Investigación, que tanto esfuerzo ha costado construir, se va a desplomar ante nuestros ojos. No debería ser necesario explicar a nuestros políticos la importancia que tiene la investigación para el desarrollo y el progreso de un país, pero es obvio que está cayendo en picado, y lo peor es que, si la dejan caer, se necesitarán muchos años para recuperar nuestra posición actual. No son frases hechas, es la realidad, la investigación no se mantendrá si no hay financiación pública, los científicos lo sabemos bien porque es nuestra profesión, ¿por qué no nos escuchan? La situación puede ser insostenible, y ni Europa, ni la Empresa van a ser la solución, porque perderemos el peso y la credibilidad necesarias para ser competitivos.